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jueves, 20 de septiembre de 2012

La Voz y los "couches"

La única forma de conseguir un estado de catatonia parecido al de leer el "Ulises" de James Joyce es leer cualquiera de los volúmenes de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust. Si se atreven a intentarlo sólo les aconsejo que se lean un único volumen, ya que si optan por la coleccióm completa de 10 volúmenes lo más probable es que arqueopalentólogos del siglo XXXV estudien su cuerpo momificado afirmando para el documental de Canal Historia que la muerte le sobrevino leyendo, por puro abatimiento.

El caso es que ayer noche tenía en mis manos "Por el camino de Swan", el primero de la saga, cuando comencé a sentir los primeros síntomas de inanición vital y decidí dejarlo por un rato. Me senté en el sofá junto a mi señora justo en el momento en que comenzaba "La voz", la última gran exitosa novedad televisiva del mundo mundial.

La cosa comenzó con un presentador, comunicador o como quieran llamarlo que es manifiestamente marica, homosexual o como quieran llamarlo. El colega nos hablaba, y casi nos convencía, del gran momento histórico que íbamos a disfrutar viendo tan magno programa. Hablaba de tal forma que llegué a pensar que me iba a sentir más emocionado de lo que se sintieron mis padres en 1969 con la transmisión en directo de la llegada del hombre a la luna. Pensaba que mi emoción superaría a la de los europeos cuando se declaró el final de la II Guerra Mundial o la de Rodrigo de Triana al gritar !Tierra¡.

Feliz y emocionado, con lágrimas en los ojos, me preparé para ver el mayor acontecimiento televisivo de la galaxia, algo que estaban esperando ver hasta los talibanes afganos, el programa que cambiaría nuestra vidas... "La voz".

Tras toda la fanfarria el presentador anunció la gran primicia: cuatro mega artistas de talla mundial iban a actuar de "couches". No hice mucho caso a tan horrenda palabra porque la ilusión me embargaba... ¿cuatro grandes artistas de talla mundial? ¿algo emocionante e increíble?. Había que descartar a Lennon o Elvis por razones obvias, así que imaginé de qué grandes artistas de talla mundial podría tratarse: ¿tal vez Dylan, McCartney, Waters y Jagger? ¿o acaso Daltrey, Springsteen, Weller y Knopfler? ¿cuáles serían los artistas? La emoción me embargaba.

Y así, viviendo sin vivir en mí y preso de la emoción, anunciaron los 4 grandes mega artistas de talla universal y mundial: Malú, Rosario, Bisbal y Melendi. !Bien¡ !!No molestes Sinatra, que aquí están los verdaderos grandes¡¡

La cosa ya empezaba a rechinar, pero lo peor vino cuando el presentador comenzó a explicar en qué consistía el programa. Una serie de incautos iban a tener su minuto de gloria televisivo cantando mientras los "couches"... al oír eso de "couches" sentí como si me dieran un puñetazo en el oído.

Pero menos de 5 segundos después volvió a repetir tan nefanda palabra y reiteró alegramente "entonces los couches escucharán al candidato"... joder... otra vez la payasada ésa de "couches". Alterado, pensé para mis adentros "que diga jurado, que diga instructores, que diga profesores, entrenadores, mendas, capullos, tipos, elementos, plastas, tiparracos, sujetos, que emplee cualquiera de las cientos de miles de palabras del diccionario, pero que no repita couches joder". Pero lo repitió.

Comenzaron a dolerme los oídos, pero el joputa del presentador demostró que es tan plasta y reiterativo presumiendo de su homosexualidad como repitiendo "couches". Ya no podía soportarlo más. En los siguientes 10 segundos repitió "couches" 5 veces más, con una rapidez que ni en el Pasapalabra, oiga.

Mis oidos estaban a punto de sangrar y el cabrón repetía una y otra vez "couches" cada vez que se refería a los 4 mega artistas de talla mundial que iban a componer el jurado del concurso. Y no paraba de hacerlo, "couches", "couches" y más "couches". 

Finalmente mi cuerpo dijo basta, estallé, me levanté violentamente del sofá y me fui corriendo a leerme "Por el camino de Swan". Tengo los ojos vidriosos, pero pienso leerme de un tirón todos los volúmenes de Marcel Couch, desde "Por el camino del couches" hasta "El tiempo recobrado", sin dejarme ni uno. Sólo para olvidar a los putos couches.

¿Dije "Por el camino de couches"? ¿dije "por el camino de couches? ¿Dije Marcel Couch? ¿Dije Marcel Couch? Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrggggggggggggggggggggggggg¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

martes, 18 de septiembre de 2012

De biciculos y azucarillos

La frase que expreso a continuación no la dijo Aristóteles, pero debería haberla dicho: "El pueblo que olvida sus azucarillos está condenado a la crisis". Es más, la frase debería ser una frase de azucarillo.

Y es que todos hemos leído esa frases, algunas grandiosas, de los azucarillos que nos dan con el café. Uno se tomaba un café y tenía ese momento de honda reflexión cuando leía citas de escritores como Borges, Conrad, Proust, Goethe, Cervantes y tantos otros.Uno sonreía leyendo citas de Wilde, incluso de Woody Allen. O reflexionaba antes las hondas reflexiones de filósofos como Descartes, Hobbes o Demócrito. En ocasiones se aprendía de la vida con sabios proverbios chinos, árabes o hindúes. O simplemente con el refranero popular.

Ahora no. Ahora una empresa cafetera valenciana ha realizado una campaña para que sus propios consumidores envíen citas que son publicadas en sus azucarillos. Las hay que tienen su aquel. Pero el otro día leí una enviada por una tal Tuka de Valencia. La pensadora Tuka, supongo que orgullosa de su nombre de okupa, envío la siguiente cita, que le fue publicada:


A tomar por cleta la biciculo... a tomar por cleta la biciculo... Algo no funciona en este país cuando en un azucarillo lees a tomar por cleta la biciculo. Y es que el pueblo que olvida sus azucarillos está condenado a la crisis, aunque Aristóteles no lo haya dicho nunca.