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viernes, 8 de junio de 2012

!!Escayola fuera¡¡

Acudo a la cita con el traumatólogo. Me siento frente a él, me mira, me pregunta fechas, extiende un papelito y me dice que me vaya esa tarde a la Ortopedia para cambiarme la escayola por un "neofrack". ¿Qué es eso? pregunto. Me contesta que es una escayola de quita y pon. Me dice que la debo llevar puesta y quitármela sólo para ducharme y 4 veces al día para hacer ejercicios. Me voy contento.

Por la tarde acudo a la ortopedia indicada y empieza una nueva sesión de mi aventura convaleciente. Cuando llego y expongo mi encargo me llevan a la trastienda. Le puedo asegurar, querido lector, que no existe nada más inquietante que la trastienda de una ortopedia. Allí verá usted sillas de ruedas, prótesis de piernas, imitaciones de manos y todo tipo de extraños hierros, corsés y correas ajustables al cuerpo que uno pueda imaginar. Parece el sótano de una película de terror. Uno teme que en cualquier momento puede aparecer por allí un tío grandullón con cara de retrasado blanciendo una motosierra, como en la famosa peli. Y el caso es que uno está allí en un extraño estado en el que se pasa del acojono a la inquietud y de la inquietud al agradecimiento por no ser usuario de esos extraños artilugios que sólo Dios sabrá para qué sirven.

Me meten en una habitación y al poco entra un tipo con bata blanca y una especie de tijeras de podar alcornoques que se lanza con fruición sobre mi brazo. Con las tijeras de podar alcornoques va cortando la escayola, con el consiguiente dolor y riesgo para mi salud. Cuando me la quita nos llega un golpe de olor nauseabundo producto del sudor de dos semanas comprimido bajo la oscuridad de la escayola. Y entonces aparece esa cosa.

Sí, querido lector. Usted lo adivinó. Aparece esa cosa que antes era un brazo. La primera impresión es que el brazo se cae, porque es imposible mantenerlo ya que uno no tiene fuerza, así que me toca sujetarlo con mi mano izquierda. Y es cuando aprecio lo que hay: un despojo blanquecino, maloliente, unos huesos rodeados de carne cuasi putrefacta. Donde antes había sonrosados músculos hay ahora una especie de alambre rodeado de una carne asquerosa. ¿Cómo explicarlo? Meta usted un muslo de pollo empapado de sudor y paséelo dos semanas envuelto en un papel: cuando le quite el papel verá algo parecido a mi brazo.

Pero eso no es todo. La escayola ha producido úlceras sangrantes en diversas partes de la piel, y el brazo no sólo parece el de un muerto en una mesa de disección, no sólo huele a podrido, sino que además sangra por una especie de pustulencias asquerosamente asquerosas y espantosamente espantosas.

 
Aspecto aproximado de un brazo cuando se le quita la escayola

Tras ver mi cara, el fulano me espeta: "No te preocupes, eso no es nada. Tras quitar una escayola yo he llegado a ver hasta gusanos". No sé si dice la verdad o miente, pero al menos me queda el consuelo de no tener el brazo lleno de gusanos devorando carne.

El tipo se va y me quedo solo. Rezo para que no entre nadie armado en la habitación que haya visto "The Walking Dead", porque seguro que me pegaba un tiro en la cabeza. Y es que ésa es la realidad. Ése no es mi brazo, es el brazo de un muerto, de un ser que revive para pasearse y devorar a los vivos. Si me viera George A. Romero me fichaba de inmediato para su próxima peli de zombies. Anda que no se iba a ahorrar pasta en maquillaje enseñando mi brazo una y otra vez.

Aparece de nuevo el mismo tipo, esta vez acompañado de otro. Traen una batidora y unos extraños ungüentos. Mezclan un bote de pintura azul con una especie de barniz, lo baten bien, me colocan una especie de funda y la rellenan con el ungüento para que se adapte a la forma de lo que un día fue mi brazo. Cuando se seca se ha quedado una especie de escayola adaptada a lo que un día fue mi brazo con unas prácticas cremalleras para que me la pueda quitar cuando sea necesario.

Finalmente abandono el sótano del terror de la ortopedia, más proximo al sótano de la peli "La matanza de Texas" que a otro lugar conocido, y paseo ufano por la calle con mi nueva escayola "neofrack" de quita y pon, agradeciendo no llevar lo que un día fue mi brazo al aire para que no crea la gente que el holocausto zombi ha comenzado.

Lo mejor de todo es que al llegar a casa, por fin, ya me puedo duchar y lavar el brazo para quitarme ese espantoso hedor a muerto. Aunque las nuevas experiencias ya las contaré otro día, claro está.

2 comentarios:

JL dijo...

Alégrate, Pkdor... desde ahora en el trabajo te pueden llamar "Torrente"... porque eres el brazo tonto de la Ley!!!

Señor Ogro. dijo...

Ya esta hecho Don Pkdor, a rellenar con sabrosas calorias ese brazo esqueletico.

Y cuidado con el ejercicio, que por lo que veo, le está haciendo más mal que bien.

¿No aprovechó para dar un susto a la mujer?-.. asoma el brazo ese por la puerta y .... :-D