ESTE BLOG SE CERRARÁ EN BREVE (si no tenemos tiempo para mantenerlo... ¿para qué tenerlo parado?)

jueves, 10 de mayo de 2012

Urgencias (la llamada a mi amigo médico)

Con la emoción de contarles lo de la sala de espera de Urgencias olvidé exponerles uno de lo momentos claves de mi día del dolor: la llamada.

En un país en el que hasta el político más pringado busca influencias yo no iba a ser menos. Y como quiera que fue ver el caos de Urgencias y acojonarme de veras, rápidamente llamé a un médico de reconocido prestigio amigo mío. Más que nada para ver si conocía al traumatólogo y me enchufaba o algo así.

En cuanto me preguntó le conté mi estado y mis sensaciones. "No pasa nada" me dijo, "ahora te harán una radiografía y en un rato estás como nuevo", y así siguió con sus frases tranquilizadoras para darme paz, alegría y tranquilidad.

Pero había algo en su tono que no cuadraba. No sé si era el griterío caótico de Urgencias, mi dolor, o que mi amigo médico miente muy mal, pero cuando él decía "no pasa nada" mi cerebro hacía una traducción simultánea "estás jodido amigo". 

Cuando me decía "será tener un tiempo el brazo en reposo y ya está" el traductor simultáneo que anidaba en mi cerebro me decía "posible amputación del tercio braquial" (que aunque suene a pez por eso de branquial, parece que sin n es algo relacionado con un músculo del antebrazo).

Cuando me decía  "en dos semanas ya estás moviendo la mano como si nada", mi cerebro traducía "nada, no te la meneas con la derecha en lo que te resta de vida". Habráse visto, hasta eso me traducía el cerebro cuando bien sabe que yo jamás cometo actos impuros.

Cuando mi amigo me decía "tranquilidad, reposo y antinflamatorios y ya está" mi cerebro traducía simultáneamente "rotura del olecranon y del cúbito, operación, clavos, tornillos". (¿olécranon? ¿no tenían otro nombrecito para un huesecillo del codo?)


 Al final de la conversación mi amigo debía estar muy nervioso y triste, al menos es eso lo que pasa en las pelis de guerra cuando uno le dice al moribundo en plan mentira piadosa "no le diré yo a tu mujer que la quieres, se lo dirás tú mismo porque te vas a curar" mientras el herido muere en sus brazos. Por lo que a mí respecta ya me temblaban las piernas de tanta traducción simultánea convirtiendo sus palabras tranquilizadoras en una realidad más bien desgarradora.

En fin. No sé cuál de los dos estaba más nervioso al final de la conversación. Lo que sí sé es que al colgar los dos pensamos al unísono "esto acaba en rehabilitación".

PD: Y lo cierto es que lo mejor seria no necesitar nunca a mi amigo. Y es que nunca le ha protestado un paciente. Más que nada porque todos sus pacientes están muertos (aunque no los ha matado él, que conste).


1 comentario:

Mileidi dijo...

Sí, ya, pero ¿y la bici?