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viernes, 18 de mayo de 2012

Escayolado en el cuarto de baño

Bastan 5 minutos en casa para darse cuenta de que uno tiene un brazo izquierdo sencillamente por guardar una simetría. La izquierda quiere hacer pero es completamente inútil y torpe, y la derecha sabe pero ni puede ni se atreve; igualito que en la política española, oiga.

A lo que íbamos. Lavarse los dientes se convierte en una aventura de final dudoso. Es increíble cómo un acto tan sencillo se torna en pura complicación al usar la mano que uno tiene de adorno, aunque no lo supiera antes.

Querido lector, piense usted en cualquiera de los actos contidianos que hace tan alegremente. Ahora deje su mano de uso habitual, -mejor el brazo entero-, completamente intutilizada e intente manejarse. Abrocharse un botón, ponerse una camisa, tomarse una sopa o abrir una lata de cerveza. Hay cosas imposibles y otras muy difíciles.

Pero las peores experiencias ocurren en el baño, y disculpen si entramos en temas escatológicos en este elegante blog, pero hay cosas que es imposible evitar...

-Mear: Qué fácil y sencillo es el acto de orinar para un hombre. Se acerca al inodoro, se desabrocha la bragueta, se saca el miembro, apunta y suelta el chorro. Cosa de niños.

Pues no. Ahora acérquese al inodoro con el brazo escayolado. Usted verá esto:


Así se ve uno la picha cuando va a mear escayolado

¿Se imagina? El brazo derecho con la sempiterna escayola le tapa toda la vista, así que tiene que sacársela "al palpe". Se baja la cremallera con la mano izquierda, mete la mano en sus calzoncillos y engancha su miembro para sacarlo. El problema es que las lorzas del bajo vientre provocan que el pantalón le apriete un poco, y ante la falta de espacio para maniobrar el pirulí se resiste a salir.
Finalmente sabe que lo ha sacado porque lo nota aireado, ya que como puede apreciar en la foto no ve absolutamente nada de lo que ocurre ahí abajo. Al primer intento el chorro sale fuera, puesto que no sabe hacia dónde está apuntando. Tras rectificar el ángulo de tiro realiza la micción apuntando como puede y cuando termina se da cuenta de un pequeño inconveniente. Como la mano izquierda la usa para dirigir el ángulo de tiro, no tiene mano para separar la goma del calzoncillo de la base del cañón. Así que cuando ha terminado e intenta enfundarla de nuevo, el pis que ha quedado en el conducto hasta la gomita del calzoncillo sale disparado y mancha la pared. Vale, es una guarrada, pero se trata de un hecho fisiológico inevitable.

En la siguiente meada opta por ajustar la goma del calzoncillo por debajo del testículo para evitar tan desagradable final. Pero no es nada agradable orinar mientras el güevo se le amorata.

La tercera opción consiste en desabrocharse completamente el pantalón. Parece fácil, pero lo malo es volver a abrocharlo, cosa harto jodida con una sola mano, que encima es la mano izquierda, y sin ver absolutamente nada. Pero al menos no mancha la pared y le sigue llegando sangre al güevo mientras mea. Algo es algo.

-Cagar: ¿Ha intentado usted alguna vez limpiarse el culo a contramano? Es difícil, créame. Se consigue, pero pierde uno el eje natural y... bueno, no les daré más detalles no sea que se larguen a vomitar.

Pero sí les puedo contar la aventura de sentarse en el inodoro. Los viejos lectores recordarán los problemas para sentarse en el inodoro con la pierna escayolada (y como no lo recordarán aquí pueden leerlo de nuevo). Ahora el problema no es el mueblecito que compró su señora. Ahora el problema es otro. ¿Está usted orgulloso de cómo ha aprovechado el arquitecto el mínimo espacio de su cuarto de baño? Pues rómpase un codo, escayólese desde el hombro hasta la mano y cuando vaya a cagar se cagará en el aprovechamiento de espacio.

Nunca se había dado cuenta, pero el inodoro está pegadito a la pared que queda a su derecha, que obviamente es el brazo que tiene escayolado. Al sentarse, el brazo escayolado choca con la pared y desplaza el cuerpo hacia la izquierda. Con una nalga dentro del inodoro y otra fuera uno no sabe si está cagando o está en una cancha de baloncesto intentando meter un triple.

Al moverse para intentar centrar un enorme trasero en el agujero del inodoro se oye un cloc y un ruido metálico de algo que cae al suelo. Es el portarrollos del papel higiénico, que ha arrancado de cuajo de la pared y yace ahora retorcido en el suelo. Es increíble lo dura que es una escayola.

¿Y recoger el rollo de papel higiénico del suelo? Vaya tontería, pensará más de uno. Claro... intente agacharse en el mínimo espacio del cuarto de baño y verá. Si dobla la espalda se da con la cabeza en la pared y el culo en el lavabo antes de poder llegar con la mano sana al suelo. Y si se agacha intentando ponerse de cuclillas la escayola le choca con el inodoro impidiéndole agacharse.Una proeza.

El caso es que cuando uno sale del baño tiene la imperiosa necesidad de ir a descansar al sofá y no moverse durante un buen rato. Puta escayola...

3 comentarios:

JL dijo...

Y eso por no comentar la complicación de efectuar maniobras jadeantes en la intimidad con la mano tonta.

Una descripción muy didáctica y, en este caso, gráfica, que servirá para que el lector sepa manejarse con más conocimiento de causa cuando esté en situación similar, que le evitará exabruptos repentinos en el lavabo e increpaciones conyugales respecto de la limpieza de los paños menores y el estado de revista del contorno de la taza del W.C.

Señor Ogro. dijo...

Tremendo don pkdor, tremendo.

No quiero pensar en la posibilidad de que al limpiarse el cátodo, uno se manche la escayola con aquello.

Y con la zurda, la que puede pasar ahí.

Anónimo dijo...

:) mejor no pensar!!