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jueves, 3 de mayo de 2012

El día del dolor

Circula usted tan feliz sobre su bici y el imbécil de turno le provoca un accidente. Ya se ha hablado y mencionado en este blog el susodicho accidente, por eso ahora toca narrar lo que ocurrió inmediatamente después del mismo.
Tras la caída uno no necesita ni un milisegundo para saber que algo no funciona. No se emocione, que saberlo no es tan difícil ni merecedor de un premio Nobel. Uno lo sabe porque duele. Y duele mucho.
La sensación es la de que el brazo derecho, desde el codo hasta la mano, pesa mucho, como si fuera de plomo. Además uno no siente la mano ni la puede mover. Es más, a partir del codo no se puede mover nada.
Mueres de dolor, gritas y no quieres que nadie te toque. Alrededor el típico corrillo de mirones. Oyes la palabra "amputación". O en el corrillo hay algún recontrarrefilldeputa o el dolor te hace oír voces internas que se temen lo peor. 
Llega la ambulancia. Te quieren mover y les dices que te dejen allí sin moverte hasta morir en paz. "Amputación"... el filldeputa del corrillo debe seguir ahí. Te mueven y te desmayas del dolor. Finalmente te colocan un cabestrillo, no sin gran sufrimiento, y te meten en la ambulancia.
Rezas para que las puertas de la ambulancia no se abran y salgas con la camilla por la Gran Vía entre la circulación. Es algo que queda muy divertido en las pelis, pero no quieres comprobar la experiencia real.
"Amputación"... o el de la ambulancia es el filldeputa del corrillo, o es igual de filldeputa que el del corrillo o definitivamente oyes voces. Vuelves a oír "amputación" mientras el de la ambulancia está en sus cosas, por lo que deduces que el dolor habla por ti y se teme lo peor.
Con cada bache sientes pinchazos y dolores indescriptibles. El de la ambulancia te dice que son los putos baches de reducción de velocidad. Al cabrón que inventó la idea lo tendrían que pasar a 200 km/h por sus propios baches con un brazo a punto de amputar, y ya de paso conmigo al lado dándole collejas.
Llegas a Urgencias y aparece la primera experiencia "típical ispanis": los de la ambulancia reclaman el cabestrillo que llevas puesto y piden a los de Urgencias que te pongan otro. Deben conocerse y odiarse mucho, porque se tratan fatal. Así que pueden hacerse la siguiente composición de lugar: el tipo malherido en la camilla rogando que nadie le toque y en medio de una pelea a muerte, una batalla dialéctica violenta y feroz, en la que se lucha por el maldito cabestrillo que lleva puesto.
Tras una dura batalla en la que casi hay hasta sangre aparece un enfermero con un cabestrillo cutre, una mierda de cabestrillo del todo a cien comprado seguramente en los chinos de la esquina. Quieres mantener el cabestrillo de lujo modelo king-size que llevas puesto, pero sobre todo quieres que nadie te toque. Pero no te hacen ni puto caso.
Siguen discutiendo por el maldito cabestrillo mientras comienzan a manipularte el brazo. Gritas de dolor, te mareas y finalmente te desmayas. Al cabo de un minuto te despiertas jodido y dolorido con el cabestrillo del todo a cien y reina la paz a tu alrededor. Los de la ambulancia se han pirado con su botín y te encuentras tirado en una silla de ruedas junto a la admisión de Urgencias...


4 comentarios:

JL dijo...

Oiga... pues dé usted las gracias a que el accidente no fuese en ciertas partes más sensibles, que con las tachuelas-baches que pone el ayuntamiento en las calles para reducir la velocidad, se le habrían puesto de corbata. Imagínese que los camilleros se pelean por cambiarle la venda compresiva... yo sí que les habría amputado... la cabeza...

Genial relato... ¡¡¡bravo!!!

JL dijo...

Y eso, por no decir que, en vez de martillear tus oídos la palabra "amputación", lo hubiese hecho la palabra "castración"...

Señor Ogro. dijo...

Joder don Pkdor, encima de lesionarse, a aguantar todo esto.

En fiestas de Vitoria, volvia yo un día bastante cocido a casa con unos amigos, cuando nos enteramos que ETA habia matado a una cria. TAl fue la rabia que meti una patada capaz de poner en orbita a un luchador de sumo. Pero amigo, no pegue a nada orgánico, sino a una tuberia de desague que me pilló de paso.

Y resulta que no era una tubería al uso no, de estas cutres, mal puestas no... debía ser un desague de carga, que sostenía el edificio entero: tungsteno adamantino y fijado con cemento, ni con dinamita se hubiera movido. Total que note que algo iba mal cuando me fui al suelo sin notar una pierna entera.

Les ahorro la historia entera, pero se me habia salido el femur de la cadera (sin romperse nada). Claro, me entere varios dias mas tarde, cuando vi que tenia una pierna bastante mas larga que la otra; porque cuando fui a urgencias, un tipo disfrazado de medico me dijo que era una rotura muscular sin ni siquiera hacerme una placa.

Mileidi dijo...

¿Y la bici? ¿Qué pasó con ella?