ESTE BLOG SE CERRARÁ EN BREVE (si no tenemos tiempo para mantenerlo... ¿para qué tenerlo parado?)

viernes, 20 de abril de 2012

Diario de un convaleciente: Bicicleta

Haber sido convaleciente de una operación de Ligamento Cruzado Anterior (LCA) de rodilla es como haber sido alcohólico: se es para siempre. Por eso, aunque a usted le hayan dado de alta hace mucho tiempo siempre llegará ese día tonto en que la rodilla ejerza de barómetro y le avise de próximas lluvias con un dolor nunca agradable, o ese momento en que se ponga de cuclillas para abrir un cajón y su rodilla operada no doble lo que debe con el consiguiente desequilibrio y caída tonta.
Y por eso los operados de LCA tenemos nuestra particular terapia in eternum basada en dos pilares básicos: la nunca conseguida y normalmente no intentada pérdida de peso, y la no siempre posible práctica de ejercicio.
Médicos y expertos en el tema me recomendaron el ciclismo. La musculatura de la pierna debe mantenerse fuerte, me decían. Así que me aventuré a comprarme una preciosa bici betete de ésas que te llevan por caminos ignotos y llenos de obstáculos por los procelosos caminos forestales y demás sendas que inundan esos montes de Dios.
Me atendió un experto en el tema que me trató de animal y burro por mi manifiesto rechazo a las calas automáticas. Yo no las quería porque me daba miedo no sacar el pìe a tiempo y caerme, pero el fulano de la tienda me convenció con el argumento de que cualquier ciclista aficionado se reiría de mí si llevaba un pedal de bici de paseo con zapatillas de deporte.
Lo cierto es que con las calas automáticas no conseguí nada, porque yo nunca me he cruzado con ciclistas aficionados, sino con unos trasuntos de psicópata y ciclista profesional, armados hasta los dientes de materiales de alta gama: culottes ultraprofesionales, cascos aerodinámicos con visera anti insectos, mallottes tranpirables de bonitos colores, cazadoras de membrana o guantes con refuerzos y lengüeta triple... hasta gps llevan los jodíos. El problema es que aparece un tipo como yo, con su barriga cervecera, sus bermudas, su sudadera de los 80... y claro, el descojono entre los psicópatas es generalizado. Por eso decidí rodar solo y dejar que se rían de su padre si lo conocen.
En mi estreno de la nueva bicicleta he descubierto lo que son unas calas automáticas y me he acordado del vendedor y de la madre que lo parió. Imagine que sale usted de casa con su flamante velocípedo bajo sus piernas, se coloca la cala del pedal izquierdo e inicia la marcha. En la segunda pedalada ya tiene problemas para bloquear la cala del pedal derecho, porque pedaleando es jodido encajar la fijación del pie en la puñetera cala. Tras varias eses y en equilibrio precario por fin consigue que se oiga ese click que indica que ambos pies están sujetos la pedal.
La verdad es que es cojonudo. Los pedaleos son redondos, la fuerza se trasmite de la pierna a la viela con toda su intensidad... una pasada. Así que usted sonríe ufano con el nuevo descubrimiento mientras pedalea en asfalto. Hasta que llega a la zona dura de montaña...
Los psicópatas de los que les hablaba lo suben todo. Los barrigudos como yo no. Por eso no es raro que ante una rampa pronunciada de tierra y piedras sueltas uno quede clavado sin poder subir y deba echarse un pie a tierra. Y entonces se descubre todo el potencial de las putas calas automáticas.
El milagro de las calas automáticas consiste en que las caídas son a cámara lenta, es su prinicpal virtud. Uno se queda parado, nota que levemente se inclina lateralmente a la derecha y cae despacito, en una larga caída de 10 segundos, mientras intenta desesperadamente soltar el pie de la cala. Decíamos que la caída es lenta. La hostia es de tres pares de cojones.
Tras el mamporro uno se levanta con varias moraduras, 3 rascones y una herida inciso-contusa en la rodilla, que por supuesto es la rodilla operada. Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor es la manifesta sensación de gilipollas que se le queda a uno cuando cae a cámara lenta por no poder sacar el pie del pedal y se queda echo un Cristo entre sangre y magulladuras.
Tras el percance opta usted por subir a pie la cuesta para seguir luego. Y claro, ahora toca enganchar el pie en la cala pero no en la asfaltada calle, sino cuesta abajo en una senda entre pinos con piedra suelta y unos baches del 12. Así que... exactamente querido lector, usted lo adivinó: nuevo pifostio.
En esta ocasión el piño no es a cámara lenta, puesto que el pie lo lleva uno suelto. El piño es más bien impacto frontal contra un matorral.
Algún incauto lector pensará que comerse un matorral a escasa velocidad con el pie suelto de la cala no es para tanto, porque un matorral es más bien blandito. Eso es porque el incauto lector lee desde una ciudad del profundo norte mientras ve como llueve igual que siempre. En el Mediterráneo no es así, amigo norteño. En el Mediterráneo los hierbajos, -aquí no hay hierba-, crujen a tu paso, y los matorrales tienen unos pinchos secos y duros que causan el mismo daño que el alambre de espino de los campos de concentración.
¿Ha visto usted la típica foto del cadáver de un prisionero enganchado en la alambarda de espino del campo de concentración tras su frustado intento de evasión? Pues póngale un culotte y un casco de ciclista y tendrá la foto de un capullo enganchado en el matorral de espino de un puto bosque mediterráneo tras su frustado intento de calzarse el calapié del pedal.
Tras el percance del matorral uno decide dar por terminada la sesión deportiva y volver a casa directamente. Pero claro, hay que recorrer una buena distancia porque es Ley de vida que el percance ocurre en el punto más lejano del recorrido.
Lo peor no es pedalear con la rodilla sangrante, o sentir los golpes y magulladuras de todo el cuerpo con cada movimiento. Lo peor es que las espinas del matorral se han metido por todos los pliegues de la ropa hasta en las ingles, oiga. Y es apoyar el culo en el sillín y uno siente como si 30 ó 40 jeringuillas se le clavaran a la vez en ambos glúteos.
Y entonces llega la vía del tren con la barrera bajada. Y un tipo que pasea el perro ve cómo un gilipollas para frente a la barrera y cae a cámara lenta lateralmente para joder la otra rodilla. Una caída elegante y de gran plasticidad, a cámara lenta. Y el tipo y el perro oyen las maldiciones del fulano, mientras el perro duda cuál de las dos rodillas sangrantes olisquear.
A 5 kilómetros de casa las ruedas ya se han desinfaldo por completo. A ver si usted se creía que las espinas del matorral sólo le iban a afectar a usted.
Así que la estampa al llegar a casa es la siguiente: su señora preocupada porque ya anochece ve llegar a un fulano barrigudo, sudado, arrastrando una bici con las dos ruedas pinchadas mientras camina separando al máximo las piernas como si acabara de bajar del caballo ( es lo que tienen las espinas clavadas en las ingles). La frente y otras zonas con pequeños piquitos de sangre producto de las espinas del puto matorral, la ropa llena de polvo y tierra, y la piernas cubiertas de un barrillo rojo producto de la mezcla de ese polvo con la sangre que mana de las rodillas. Un panorama desolador.
Total. Que para fortalecer la musculatura de la rodilla usted acaba con un cuádripceps muy fortalecido, pero con la rodilla hinchada por los golpes, sangrando, policontusionado, y sometido a una sesión de tortura en la que su señora se descojona de usted y le insinúa que es un perdedor y un inútil mientras con una pinza le saca una a una las espinas de entre los pliegues de sus michelines.
Lo que tiene uno que sufrir por un maldito cuádriecps. Puta rodilla...

3 comentarios:

Señor Ogro. dijo...

Lo primero pedir perdón, porque me he reido bastante de la desventura. Es para hacer un corto o incluso una serie con esto del diario del convalenciente.

Luego decir que mira que eres burro. Si es el primer día que sales y encima con las mierdas esas en los pedales, lo normal sería camino asfaltado y punto. Y luego otro día, ya con confianza te metes en las pedregeras, alambres de espino disfrazados de matorrales, etc.

¿Y no es mejor nadar para la rodilla?, pregunto, que no se.

Animo, hay que cuidar la rodilla, solo tenemos dos.

Pkdor dijo...

Sr. Ogro:
Según me dicen lo mejor es combinar natación y bicicleta.
Y natación también hago, como dejé plasmado en este mismo diario del convaleciente.

Y no me llame usted burro¡¡¡¡¡

Señor Ogro. dijo...

Perdone, perdone... pero es que lanzarse así en bicicleta... :_D

Que peligro.