ESTE BLOG SE CERRARÁ EN BREVE (si no tenemos tiempo para mantenerlo... ¿para qué tenerlo parado?)

lunes, 30 de abril de 2012

Mate patrones pero no maricones


 Hace unos meses esta noticia pasó algo desapercibida. Como son unos vagos y no van a leerla yo se la cuento.: Una rapero jamaicano conocido en su casa iba a dar un concierto en las instalaciones de las Escuelas Profesionales San José. Alguien descubrió que este rapero (mira que ser jamaicano y no darle al reggae...) tenía letras en plan "matemos a los maricones" y cosas así. Tardaron en descubrirlo, porque como cantaba en inglés nadie se enteraba. 

"Fútbol es fútbol" y "Espain es Espain", así que la asociación de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales LGTB (como metan más flias sexuales no se acaban las letras) recogió firmas, emitió comunicados y comenzó a montar el pollo correspondiente. No nos engañemos, el hecho de que el concierto de un fulano que canta una estrofa homófoba se diera en un lugar con nombre de Santo era el perfecto caldo de cultivo para montar una revolución.

Viendo el pollo que se estaba montando, el director de las Escuelas San José reculó, pidió perdón y se excusó ad infinitum, como si el pobre conociera esas letras de unas canciones que no habría escuchado en toda su vida y hubiera urdido un plan dentro de una conspiración homófoba mundial.

El director de las Escuelas San José hizo bien. Más que nada porque da igual que el rap tenga un componente transgresor. Porque en la Expaña agilipollada lo transgresor está muy bien dependiendo de contra quién. Pero por lo que realmente hizo bien es porque al suspender el concierto la noticia se quedó en un parrafito de nada. Imaginen que el concierto se celebra. Nada menos que en un pabellón de las Escuelas San José. ¿Tengo que contarles la que se lía? ¿la de portadas que ocuparía? ¿Se imaginan el Telediario de la Sexta, ése que tiene sección gay fija?

Pues bien. Durante muchísimos años grupos como La Polla Records, Escorbuto y demás han realizado sus conciertos en los que insultan a la Iglesia, al Estado, a la Policía, etc. Había que aceptarlo con naturalidad porque el punk es muy muy transgresor.
No sé si recordarán la canción de La Polla Records inviando a matar a los empresarios con eso de "los enanitos buenos al patrón han de matar". La han cantado em multitud de conciertos por toda España. No recuerdo que la CEOE haya recogido firmas ni haya presionado para que se suspendan sus conciertos. Y si alguien lo hubiera hecho da lo mismo, porque los conciertos se han celebrado igual y los promotores no han pedido disculpas a nadie. Y eso que esta peña lo decía en perfecto castellano.
Y es que Expaña es un país curioso. Aquí lo importante no es que un músico incite a matar a un colectivo. Lo importante es contra quién se dirija. Si invita a matar empresarios es una manifestación transgresora de un movimiento musical, es pura libertad de expresión. Si invita a matar homosexuales es un acto intolerable que justifica la censura.
Expaña país de contrastes. Ya sabe... mate patrones pero no maricones.


martes, 24 de abril de 2012

La nueva convalecencia que se avecina y el puto Valenbisi

Tras la experiencia ciclista comentada en el anterior post un amigo me comentó que en las calas hay un tornillo que permite soltarlas al máximo para que sea más fácil sacar el pie. Así que, una vez recuperado de mi anterior salida me dispuse a salir de nuevo. Pensé que ya estaba bien de matorrales pinchosos asesinos y caminos imposibles y opté por la civilización. Destino: el jardín del Turia.
Como quiera que diariamente visitan este blog millones de lectores desde los lugares más alejados e ignotos de la tierra debo explicar que el jardín del Turia es un lugar cojonudo que nunca ha sido suficientemente reconocido ni ponderado en el exterior. Tras una cruenta riada en 1957 el cauce el río se desvió fuera de la ciudad, y el viejo cauce que recorre la urbe se ha ajardinado y preparado para el disfrute de la ciudadanía. El colofón ha sido la Ciudad de las Artes y las Ciencias, que es un sitio espectacular que gusta a todo el mundo menos a los rojeras valencianos, ya que la izquierda de esta ciudad sufre de unos delirios autodestructivos difíciles de explicar (aunque eso es otra historia a la que tal vez algún día le dediquemos un artículo en este blog.) En fin, a lo que íbamos.
El otro protagonista de esta historia es Valenbisi. Se trata de un invento en principio cojonudo: unas bicicletas repartidas en unos pivotes al aire libre por toda la ciudad. Por un módico precio (18.-€/año) usted coge una bici del pivote correspondiente y llega a otro barrio donde la vuelve a enganchar. Acceso a la bici para todo el mundo a un precio asequible en una ciudad completamente llana. Todo muy bonito.
Pero hasta lo bonito tiene sus defectos. Y es que el que se inventó este sistema y el bonito nombre de Valenbisi no tuvo en cuenta una variable esencial: la democratización del pedaleo en una ciudad mediterránea.
Lo de la democratización es una variable común a infinidad de actividades. Escoja usted una actividad pija, (por ejemplo el golf), democratícela, y al poco tiempo oirá eructar en los "grins" o verá a chonis pegándose el lote con el mazas de turno junto al bunker. C´est la vie.
Lo mismo pasó con la bicicleta en Valencia. Antes las llevaba gente comprometida o que sabía lo que hacía. Eran pocas pero auténticas. Ahora el Valenbisi ha llenado la ciudad de ineptos que se creen que basta con mantener el equilibrio para ser inmortal.
Falta el matiz de la ciudad mediterránea. Vale que Valencia afortunadamente no es Nápoles, pero tampoco es Trondheim. Quiere esto decir que aquí la peña va a su bola, que la educación o el respeto a los demás es una palabra que no se acepta fácilmente en las calles.
Hoy es normal ver a subnormales que serpentean con su puta Valenbisi (que por cierto, son tan macizas que en lugar de bicicletas parecen tanques) por las aceras sorteando peligrosamente a los viandantes. Y como alguno les llame la atención la ristra de insultos que le espera es de órdago.
Algunos de los gilipollas que se creen inmortales descubren su error tras ser aplastados por un autobús de la EMT.
El gilipollas que me tocó a mí no. Él gilipollas que me tocó a mí descubrió que una Valenbisi de 50 kilos se embala cuesta abajo cuando decidió incorporarse al viejo cauce del Turia sin frenar por la rampa de acceso al carril bici del cauce (para los foráneos: el cauce está como a unos 10 metros por debajo del nivel del resto de la ciudad), justo en el momento en que pasaba quien esto escribe circulando tranquilamente por el susodicho carril bici. El gilipollas que me tocó a mí descubrió sin saberlo que es afortunado el que en lugar de acabar bajo las ruedas del autobús de la EMT se lleva por delante a un cuarentón que sólo quería cuidar su rodilla y que circulaba tranquilamente por el puto carril bici. Y todo ello sin que el puto gilipollas sufra ni el más mínimo rasguño.
En fin. El idiota ése me provocó una bonita luxación de codo, que parece que es poco pero es mucho. Nuevas experiencias médicas, nuevas experiencias vitales y nueva rehabilitación. Se inicia aquí un nuevo diario del convaleciente.
Por cuidar una rodilla he perdido un codo. Ay mísero de mí, ay infelice.

viernes, 20 de abril de 2012

Diario de un convaleciente: Bicicleta

Haber sido convaleciente de una operación de Ligamento Cruzado Anterior (LCA) de rodilla es como haber sido alcohólico: se es para siempre. Por eso, aunque a usted le hayan dado de alta hace mucho tiempo siempre llegará ese día tonto en que la rodilla ejerza de barómetro y le avise de próximas lluvias con un dolor nunca agradable, o ese momento en que se ponga de cuclillas para abrir un cajón y su rodilla operada no doble lo que debe con el consiguiente desequilibrio y caída tonta.
Y por eso los operados de LCA tenemos nuestra particular terapia in eternum basada en dos pilares básicos: la nunca conseguida y normalmente no intentada pérdida de peso, y la no siempre posible práctica de ejercicio.
Médicos y expertos en el tema me recomendaron el ciclismo. La musculatura de la pierna debe mantenerse fuerte, me decían. Así que me aventuré a comprarme una preciosa bici betete de ésas que te llevan por caminos ignotos y llenos de obstáculos por los procelosos caminos forestales y demás sendas que inundan esos montes de Dios.
Me atendió un experto en el tema que me trató de animal y burro por mi manifiesto rechazo a las calas automáticas. Yo no las quería porque me daba miedo no sacar el pìe a tiempo y caerme, pero el fulano de la tienda me convenció con el argumento de que cualquier ciclista aficionado se reiría de mí si llevaba un pedal de bici de paseo con zapatillas de deporte.
Lo cierto es que con las calas automáticas no conseguí nada, porque yo nunca me he cruzado con ciclistas aficionados, sino con unos trasuntos de psicópata y ciclista profesional, armados hasta los dientes de materiales de alta gama: culottes ultraprofesionales, cascos aerodinámicos con visera anti insectos, mallottes tranpirables de bonitos colores, cazadoras de membrana o guantes con refuerzos y lengüeta triple... hasta gps llevan los jodíos. El problema es que aparece un tipo como yo, con su barriga cervecera, sus bermudas, su sudadera de los 80... y claro, el descojono entre los psicópatas es generalizado. Por eso decidí rodar solo y dejar que se rían de su padre si lo conocen.
En mi estreno de la nueva bicicleta he descubierto lo que son unas calas automáticas y me he acordado del vendedor y de la madre que lo parió. Imagine que sale usted de casa con su flamante velocípedo bajo sus piernas, se coloca la cala del pedal izquierdo e inicia la marcha. En la segunda pedalada ya tiene problemas para bloquear la cala del pedal derecho, porque pedaleando es jodido encajar la fijación del pie en la puñetera cala. Tras varias eses y en equilibrio precario por fin consigue que se oiga ese click que indica que ambos pies están sujetos la pedal.
La verdad es que es cojonudo. Los pedaleos son redondos, la fuerza se trasmite de la pierna a la viela con toda su intensidad... una pasada. Así que usted sonríe ufano con el nuevo descubrimiento mientras pedalea en asfalto. Hasta que llega a la zona dura de montaña...
Los psicópatas de los que les hablaba lo suben todo. Los barrigudos como yo no. Por eso no es raro que ante una rampa pronunciada de tierra y piedras sueltas uno quede clavado sin poder subir y deba echarse un pie a tierra. Y entonces se descubre todo el potencial de las putas calas automáticas.
El milagro de las calas automáticas consiste en que las caídas son a cámara lenta, es su prinicpal virtud. Uno se queda parado, nota que levemente se inclina lateralmente a la derecha y cae despacito, en una larga caída de 10 segundos, mientras intenta desesperadamente soltar el pie de la cala. Decíamos que la caída es lenta. La hostia es de tres pares de cojones.
Tras el mamporro uno se levanta con varias moraduras, 3 rascones y una herida inciso-contusa en la rodilla, que por supuesto es la rodilla operada. Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor es la manifesta sensación de gilipollas que se le queda a uno cuando cae a cámara lenta por no poder sacar el pie del pedal y se queda echo un Cristo entre sangre y magulladuras.
Tras el percance opta usted por subir a pie la cuesta para seguir luego. Y claro, ahora toca enganchar el pie en la cala pero no en la asfaltada calle, sino cuesta abajo en una senda entre pinos con piedra suelta y unos baches del 12. Así que... exactamente querido lector, usted lo adivinó: nuevo pifostio.
En esta ocasión el piño no es a cámara lenta, puesto que el pie lo lleva uno suelto. El piño es más bien impacto frontal contra un matorral.
Algún incauto lector pensará que comerse un matorral a escasa velocidad con el pie suelto de la cala no es para tanto, porque un matorral es más bien blandito. Eso es porque el incauto lector lee desde una ciudad del profundo norte mientras ve como llueve igual que siempre. En el Mediterráneo no es así, amigo norteño. En el Mediterráneo los hierbajos, -aquí no hay hierba-, crujen a tu paso, y los matorrales tienen unos pinchos secos y duros que causan el mismo daño que el alambre de espino de los campos de concentración.
¿Ha visto usted la típica foto del cadáver de un prisionero enganchado en la alambarda de espino del campo de concentración tras su frustado intento de evasión? Pues póngale un culotte y un casco de ciclista y tendrá la foto de un capullo enganchado en el matorral de espino de un puto bosque mediterráneo tras su frustado intento de calzarse el calapié del pedal.
Tras el percance del matorral uno decide dar por terminada la sesión deportiva y volver a casa directamente. Pero claro, hay que recorrer una buena distancia porque es Ley de vida que el percance ocurre en el punto más lejano del recorrido.
Lo peor no es pedalear con la rodilla sangrante, o sentir los golpes y magulladuras de todo el cuerpo con cada movimiento. Lo peor es que las espinas del matorral se han metido por todos los pliegues de la ropa hasta en las ingles, oiga. Y es apoyar el culo en el sillín y uno siente como si 30 ó 40 jeringuillas se le clavaran a la vez en ambos glúteos.
Y entonces llega la vía del tren con la barrera bajada. Y un tipo que pasea el perro ve cómo un gilipollas para frente a la barrera y cae a cámara lenta lateralmente para joder la otra rodilla. Una caída elegante y de gran plasticidad, a cámara lenta. Y el tipo y el perro oyen las maldiciones del fulano, mientras el perro duda cuál de las dos rodillas sangrantes olisquear.
A 5 kilómetros de casa las ruedas ya se han desinfaldo por completo. A ver si usted se creía que las espinas del matorral sólo le iban a afectar a usted.
Así que la estampa al llegar a casa es la siguiente: su señora preocupada porque ya anochece ve llegar a un fulano barrigudo, sudado, arrastrando una bici con las dos ruedas pinchadas mientras camina separando al máximo las piernas como si acabara de bajar del caballo ( es lo que tienen las espinas clavadas en las ingles). La frente y otras zonas con pequeños piquitos de sangre producto de las espinas del puto matorral, la ropa llena de polvo y tierra, y la piernas cubiertas de un barrillo rojo producto de la mezcla de ese polvo con la sangre que mana de las rodillas. Un panorama desolador.
Total. Que para fortalecer la musculatura de la rodilla usted acaba con un cuádripceps muy fortalecido, pero con la rodilla hinchada por los golpes, sangrando, policontusionado, y sometido a una sesión de tortura en la que su señora se descojona de usted y le insinúa que es un perdedor y un inútil mientras con una pinza le saca una a una las espinas de entre los pliegues de sus michelines.
Lo que tiene uno que sufrir por un maldito cuádriecps. Puta rodilla...

viernes, 13 de abril de 2012

El ET y el porno



La anécdota que toca hoy ocurrió hace ya demasiados años. Tantos, que la protagoniza un aparato de vídeo VHS.
Por aquellos ya remotos 80 conocía una familia cuyo padre era un opusiano de tres pares de cojones. Más recto que una vara, puritano y beato ad nauseam. El tipo del que hablo tenía dos hijos, a la sazón amigos míos, que tuvieron la suerte de ser normales. Quiero decir que no siguieron la estela de su padre.
El caso es que  circuló entre las amistades un vídeo porno. Por si usted es un lector joven, ya sabemos que hoy una escena porno es fácil de ver sólo apretando un link en el pecé. Pero en los 80 para ver porno había que alquilar una peli o conseguir que te la grabaran, así que no era tan fácil como ahora.
El caso es que al genio que grabó la peli no se le ocurrió mejor idea que etiquetarla como "ET". Así de simples eran algunos adolescentes. Aunque el título es lo de menos no deja de ser gracioso recordar ahora ET y vincularla al porno, aunque el marciano cabezón aquél no tuviera ni güevos ni polla.
Mis amigos veían la cinta, obviamente, a escondidas. Y en ésas va y el vídeo se enganchó, de tal forma que la cinta no podía sacarse del aparato.
Con esa estúpida falsa impunidad del adolescente se largaron al día siguiente al colegio con la seguridad de que nadie vería la cinta, porque se había quedado enganchada y ET no le interesaría a su padre, un tipo que casi negaba a Darwin.
Pero el padre, por la razón que fuera, se enteró de que el vídeo se había enganchado y no se le ocurrió mejor idea que arreglarlo diligentemente. Para ello llamó a un técnico (entonces aún se arreglaban los electrodomésticos).
Lo demás se lo pueden ustedes imaginar. Cuando mis amigos llegaron a casa se enteraron de que la peli ET se desenganchó del video y que el técnico artífice del arreglo y su padre visionaron justo la escena en que dos negros con sus sendos cacharros de considerable tamaño presentaban sus credenciales a una chati con el desparrame correspondiente y el resultado que ustedes se pueden imaginar.
Aquello provocó una importante crisis familiar, pero lo cierto es que el opusiano no consiguió que sus hijos siguieran el camino. Hoy los dos son unos golfos.

lunes, 2 de abril de 2012

Las tres reglas

Desde hace más de 15 años vivo sin vivir en mí una semana de cada mes. Cuando comienza esa semana no entiendo nada de lo que ocurre en mi casa y todo me desconcierta.

Pensaba que tenía alguna enfermedad cíclica que me hacía no comprender nada una semana al mes. Acudí hace años a un especialista por si mi percepción de las cosas estaba distorsionada. "No se preocupe" me dijo. "Usted no tiene ningún problema mental; es todo cosa de la regla". ¿Y qué tendrá que ver la sangre de la menstruación con que yo no comprenda nada de lo que ocurre?, le pregunté al especialista. "Nada. Son las hormonas, no la menstruación en sí", me contestó. ¿Soluciones?, pregunté inocentemente. "Ninguna" contestó, "simplemente que pase esa semana lo antes posible".

Han pasado los años y he aprendido a esconderme cuando llega la semana., No hablo, no pienso, no miro, no subo, no bajo y evito los problemas. No sirve de mucho, porque las hormonas hacen su trabajo y me caen chorreos impresionantes sin que nunca sepa por qué. Mi único consuelo era que la semana pasa en 7 días.

Pero desde hace un tiempo estoy perdido, hundido, deprimido, masacrado. Mi hija mayor se apuntó hace algo menos de un año al festival de ciclos femeninos. Y es buena hija de su madre, así que se parecen mucho. Y ahora paso dos semanas al mes sin entender nada de lo que ocurre. Es demasiado para mí.

Juro que entiendo más a un kirguizo filosofando sobre la levedad del ser y el censo enfitéutico en su lengua autóctona que a una mujer con el periodo. Pero no es ése el problema.

Mi problema es que tengo otra hija. Y es cuestión de tiempo que se apunte al ciclo femenino. Y entonces serán... serán... entonces serán... !!!!tres semanas mensuales de incomprensión¡¡¡. Mi ciclo de vida normal y apacible sólo durará una semana el mes.

En breve mi vida consistirá en una sucesión de 3 reglas-1 semana, 3 reglas-1 semana, y así hasta que acabe como un personaje de "Alguien voló sobre el nido del cuco". Ése es mi futuro...