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jueves, 2 de junio de 2011

Juguetes (II)


Comentábamos en el anterior post la complicada tarea de montar un juguete para la diversión de los más pequeños de la casa. Y seguimos con el tema. Pero vamos a hacer como en las pelis de Tarantino, que empiezan por el final y acaban por el principio, así que hoy toca hablar de los juguetes para bebés.

La ventaja de los juguetes para bebés es que no precisan montaje. Vienen en una caja muy bonita, los saca y los entrega al niño. Punto.

La desventaja es que un inocente juguete para bebés es la más dura prueba que una persona cuerda puede soportar, incluso es una dura prueba para la relación de pareja.
¿Creen que exagero? Pues no. Y estoy seguro de que el que haya tenido bebés gateando por la casa me dará la razón con lo que les voy a contar...

Pongamos que el regalo para su pequeño gateador es la "granja videoparlanchina" (no es broma, así se llama en la realidad). Para los no puestos en el tema comentaremos que la granja es un típico juguete para bebés: se trata de una especie de caja de plástico con el tamaño y grosor de un ordenador portátil y con forma de casita (vean la imagen) y es presuntamente educativo. Diversos botones de vistosos colores invitan al nano a apretarlos. Y aquí es donde viene lo malo... algunos de esos botones tienen formas de animales.

No, lo malo no es la forma, sino que el botón con forma de vaca dice con voz metálica "vaca" cada vez que el niño lo aprieta. De este modo el niño se acerca al puto juguete y le mete una "puñá" al botón en forma de vaca... y usted oye "vaca". Puede no parecer un problema, pero es que el niño le coge el gusto a la vaca y aporrea el botón continuamente de tal forma que no deja a la máquina infernal que termine de decir "vaca". Y créame, los nanos son muy insistentes y reiterativos. De este modo una tarde de sofá puede ser recordada así: "vaca, vaca, vac, va..., vac, va-va-va, vaca-vaca-vaca, vac-va-vac-vaca-va-vac-vvvv-aaac-aaa, vac-vaca-vaca-vaca-vac-va-va-vvv-aaa-ccc-aaa, vaca-vaca-vaca-vaca-vaca-vaca, vaca-vac-va-va-va-vac, vac-vac-vac-vac, vaca-vaca-vaca, ...", y así ad infinitum.

Imagine 3 horas seguidas con esa voz metálica pronunciando ininterrumpidamete la palabra "vaca" una y otra vez en un bucle interminable... para suicidarse.

A veces el niño cambia la rutina y la monotonía, y activa la palanca que convierte el nombre del animal en su sonido. Y entonces la tarde cambia, porque en lugar de vaca usted oirá una y mil veces, -qué digo mil-, una y un millón de veces "muuuuuuu-mmmmm-mu-mumm-muuuuuum-muuuuuu-mu-mu-mu-mu-mu-mu-mu-mmmmmuuuuuuuuuuuuu-mumu-muuuuuu-mmmmmmmmmm-uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu".

Imagine las maravillosas tardes en que el nano al que le paga los pañales y la infernal máquina se ponen de acuerdo para arruinarle la salud mental. Unas veces será muuu, otras oing-oing, otras beeee-beeeee, otras (aquí ponga un relincho, que servidor es incapaz de transcribir), otras guau guau, o miau miau, o cuac-cuac, cada tarde un animal oído 3 millones de veces. Joder, ya podrían haber incluido un botón con forma de pez. Pero no, ese botón no existe.

En ocasiones uno no sabe si es mejor la monotonía o la variedad. Porque hay nanos que combinan y, cual dj (pronúnciese diyei) realizan un "remix" que puede sonar así: "mu-mu-mu-muuuuuu-beee-be-be-beeee-oing-oing-cuac-guau-gua-gua-guau-cua-cuac-miau-mia-miau-mu-gua-oi-oing-be-beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee-mu-mu-cuac-cuac-cuac-oing-oing, kikiriki-kiki-kiriki-, oi-oi-oi-oing, be-mu-mia-gua-ki-cua. beeee-muuuuu, cuac-cuac-cuac, -oin-guau-miau-kikirtiki..." y así ad nauseam.

Con ello usted puede imaginarse con los ojos llenos de ira, enrojecidos y vidriosos, y a su señora también. A ambos les temblarán las manos, sentiran pinchazos en el bulbo raquídeo, transtornos de ansiedad y soplidos coronarios. ¿Se imagina qué absurdas discusiones sin sentido, qué irascibles gritos pueden surgir en la pareja producto de una tarde pasada con un juguete para bebés con su correspondiente bebé jugando?. Desde este blog exigimos un programa de periodismo de investigación para probar que los abogados matrimonialistas están detrás de estos maléficos juguetes. Porque tengan por seguro que una granjita parlanchina como la mencionada ha destruido miles de matrimonios.

¿Cree que ya le hemos dicho todo? Pues no. Lo que le hemos contado era antes. Porque antes el matrimonio podía salvarse si el niño se entretenía con otra cosa. Si usted tenía esa suerte el nano dejaba de aporrear a la maldita vaca y al menos un rato de paz conseguía evitar la más que segura discusión con su señora. Pero ya le hemos dicho, eso era antes. Ahora han aparecido en escena los ingenieros psicópatas.

Cuenta Arturo Pérez-Reverte en su más que recomendable "Territorio Comanche" que unos ingenieros fills de puta inventaron una bala con el centro de gravedad cambiado, de tal forma que al penetrar en el cuerpo humano hace un zig-zag, pero que idearon un calibre pequeño para provocar así multitud de heridas pero no la muerte. Más que nada para causar problemas logísticos al enemigo. El mencionado Pérez-Reverte pone a eso ingenieros inventores de tal bala de hijoputas y psicópatas.
Baaahhhh, eso son mariconadas... Los verdaderos ingenieros fillsdeputa y psicópatas se dedican a los juguetes para bebés y son los que inventaron el "¿estás ahí?" y el "¿juegas conmigo?". Les explico por si alguno no lo ha vivido.

Imaginen el juguetito ése antes explicado y tres horas oyendo vaca-vaca-vaca. Lo normal es que si usted tiene la suerte de que el niño se vaya a otra cosa la tortura finalice.

Ahora imagine que, tras 5 horas de muuuus y vaca-vaca-vaca el niño decide abandonar la habitación y dobla la esquina del pasillo gateando. Usted suspira y se repantiga en el sofá para aliviar su tensión. A los 15 segundos, de repente, una voz metálica dice "¿estás ahí?" mientras suenan unas pocas notas musicales y se encienden lucecitas de colores en el infernal aparato. Si pasan 5 segundos, y por si acaso el nano no se hubiera dado cuenta, la diabólica granja parlanchina insiste "¿juegas conmigo?", con su musiquita y sus luces. En un milisegundo usted oye el gateo en el pasillo, el nano dobla la esquina y se lanza en plancha sobre la puta granja parlanchina y restaura la sesión de tortura con dos horas más de muuuuus y vaca-vaca-vaca. Es una vuelta de tuerca más a la tortura. Es de un sadismo extremo. Ni a Mengele se le hubiera ocurrido.

El ingeniero que metió el chip "¿estás ahí?-¿juegas conmigo?" debería ser sodomizado por un elefante en la plaza pública para luego ser linchado por los millones de padres afectados al más puro estilo Tarantino (me ofrezco voluntario para cortarle la oreja). Yo no faltaría a la cita, y si usted ha pasado por esta tortura estoy seguro de que tampoco.

2 comentarios:

Myles dijo...

síiii... lo he vivido tal cual, te leía y era un "dejavu" de esos.

Deibid dijo...

JA, JA, JA. Muy divertido... y enormemente familiar. Abrazo