ESTE BLOG SE CERRARÁ EN BREVE (si no tenemos tiempo para mantenerlo... ¿para qué tenerlo parado?)

lunes, 30 de mayo de 2011

Juguetes


Estamos de acuerdo. Este post debería haberse publicado el día de Reyes. Pero aquí escribimos cuando podemos, así que allá va.

Una de las mayores pruebas para superar la difícil tarea de la paternidad se produce en el momento de los regalos. Esta difícil situación se repite varias veces al año, a saber, en Reyes, en el cumpleaños de la criatura, y hasta en el santo.
Si usted nació en los sesenta como yo, lo primero piénseselo bien porque ya le pilla mayor. Pero si se ha vuelto loco y decide tener y criar a uno de esos pequeños monstruos ya desde aquí le avisamos de la difícil tarea que supone el día de los regalos.
¿A que es maravilloso ver la cara de felicidad de los pequeños cabroncetes cuando ven las enormes cajas de sus regalos, ese barco pirata o esa Barbie caravana? Mola ¿eh?. Pues la sonrisa de usted se verá pronto desdibujada, porque el niño pretenderá que de inmediato abra usted la caja y monte el juguete, así que prepárese...

Abrir la caja: Ayyyy, qué fácil abrir una caja... y un cojón de pato. Para abrir la caja búsquese unos alicates o unas tijeras de podar. Porque las cajas de regalos vienen presentadas con atractivas figuras y colores, pero no hay quien las abra, no hay quien rompa el plástico ni el cartón satinado, ni hay quien saque los cartones de las piezas del barco pirata o la barbie caravana de las narices.
Tras media hora de pelea por fin consigue sacar los cartones interiores y desplegarlos sobre la alfombra. Sonríe... ha ganado la primera batalla. pero usted no sabe que ahora comienza el verdadero calvario...

Las instrucciones: Mira la alfombra y allí hay desplegados unos cartones a los que se aferra un auténtico arsenal de piezas de todos los tamaños y colores, algunas de ellas diminutas. También ve un papel desplegable con las instrucciones que intenta leer mientras los nanos le meten un dedo en el ojo señalando la vela del barco pirata o el toldo de la caravana de la barbie (sentimos el comentario sexista, pero es que a pesar de los ímprobos esfuerzos de Pajín y Bibiana los niños suelen decantarse por el barco pirata y las niñas por la Barbie, qué le vamos a hacer).
Como deciamos despliega una enorme hoja de instrucciones y comienza a entender que su futuro es incierto y tal vez muera montando el barquito o la caravana de marras. "Introduzca la pieza E en el soporte de la pieza G hasta que haga click", lee usted mientras intenta entender el esquema gráfico que sólo un experto aeroespacial podría descifrar. "Acople el conjunto Ab en los topes de las 7 piezas J"... comienza a mosquearse. Pero lo peor llega cuando se percata que no sólo hay tantos tipos de piezas como letras del abecedario, sino que las letras se combinan como en las matrículas de los coches. Ya sabe, la pieza A y las piezas Ab, y Ac. Un tema jodido, vaya.

En algunos casos el ingeniero cabrón que ideó y diseñó el juguete no ha podido sustraerse a su formación matemática y ha nombrado las piezas con combinaciones numéricas del tipo 2a, 8c, e incluso j´ (léase jota prima). Eso de ensamblar la pieza jota prima en la ranura del soporte inferior de la pieza Bc es apasionante, casi tanto como estudiar una ingeniería a los cuarenta años siendo de letras, oiga.

Sacar las piezas: Hay quien admira a los chinos por los guerreros de Xian, por la dinastía Ming, por la presa de las Tres Gargantas, por la gran Muralla o por sus tasas de crecimiento económico. Yo los admiro por su capacidad de aferrar las piezas a los cartones de las cajas de los juguetes para montar. Quien no haya montado nunca un juguete no sabrá lo que les cuento, pero quien lo haya hecho ya se habrá tenido que enfrentar a, por ejemplo, el pirata del barco del mismo nombre aferrado a un cartón por medio de 33 alambres cubiertos de un plástico gris irrompible. Si usted ya lo hecho sabrá que cuando digo que extraer cada pieza del cartón cuesta una media de 45 minutos no exagero ni un ápice.
Y es algo que nunca entenderé, porque estoy seguro de que al fabricante chino le cuesta mucho más tiempo y dinero anclar cada pieza con innumerables alambres irrompibles forrados de plástico gris a un cartón satinado también irrompible que el propio juguete. ¿Ha probado usted a extraer al Ken de la Barbie caravana de su cartón? Pruebe y verá. El pobre Ken lleva alambres hasta en los güevos, y hasta puede oír los gritos del muñeco cuando, presa de la desesperación, usted estira del mismo a la brava intentando separarlo del puto cartón irrompible.

El montaje: Antes de la comida familiar ha iniciado usted el montaje del juguete tal y como ya le hemos contado, pero la familia, en un alarde de solidaridad, se ha puesto a comer sin usted, porque está demasiado ocupado con las piezas inseparables de su cartón. Usted sin comer y la familia ya va por el postre, pero usted sigue ahí, con las piezas desperdigadas e intenando ensamblar al menos el casco del barco para que se parezca mínimamente a eso, un barco.
Cuando consigue ensamblar dos grandes piezas y oye "!click¡" grita !!!hurrraaa¡¡¡, pero de repente se da cuenta de que las ha montado al revés. Así que toca separar las piezas.
Y, créame. Sólo hay una cosa más difícil que ensamblar dos piezas: separar esas mismas piezas mal ensambladas.
El barco pirata, o la caravana de la Barbie, van tomando cuerpo. Hasta ha conseguido colocar una puerta que se abre y cierra. Piensa que el éxito se acerca. Pero entonces es cuando viene el listo...

El listo: Son las 6 de la tarde, la familia ha apurado sus cafés y copas mientras usted sigue intentando ensamblar el mascarón de proa, o sea, la pieza j´ (recuerde, diga jota prima) en la base del conjunto Ab mediante "la inserción de la solapa inferior hasta que se oiga el click". Pero lo único que oye es la voz del listo der su cuñado, que son sobrada actitud, le espeta "que así no es joder, lo estás montando mal". A ti te dan ganas de decirle, "sí, gilipollas, no lo hago tan bien como tú comiéndote la paletilla de cordero que me tocaba, mamón". Pero no lo dice por eso de no buscar probelmas. Aun así los tendrá, porque la suegra también se impacienta.
No digamos nada de esa frase que le sulta el suegro... "¿pero tan difícil es?", que es una forma fina y sutil de llamarle inútil. En fin, qué le vamos a contar, piense usted lo que les contestaría a cuñado y suegro, que se han comido todas sus raciones mientras usteds se pelea con el puto juguete.

Se hace tarde: Ya se acerca la noche y parte de la familia se quiere ir. Y usted entra ya en fase depresiva. pero no por el tiempo perdido. La depresión entra cuando usted se ve con el palo mayor del barco pirata o el toldo de la Barbie caravana en su mano derecha, y la base donde debe insertar el elemento en su mano izquierda, y observa con cara de gilipollas cómo los retoños se han olvidado del puto juguete y se lo pasan pipa con las cajas de cartón vacías.

El destino del juguete: Todo llega, el día terminará y hasta puede que el juguete quede montado. A partir de ahí el juguete se irá descomponiendo y por su casa irán apareciendo poco a poco esas piezas que tanto le costó ensamblar y que tan profundamente conoce. En los pliegues del sofá, junto al inodoro, flotando en la bañera, hasta detrás de la nevera... las piezas aparecen por doquier en los lugares más imposibles e inospechados.
Ni qué decir tiene que los niños dedicarán en toda su vida a jugar con el barco pirata o la Barbie caravana una centésima parte del tiempo que suted dedicó a montarlo. Pero no se queje, que eso es amor de padre.

lunes, 16 de mayo de 2011

Crispación y tráfico urbano

Como usuario diario del coche en los últimos tiempos he tenido al oportunidad de observar decenas de estúpidos incidentes de tráfico. No hablo de accidentes. Hablo del típico fulano que está dispuesto a dejarse la vida peleando en el asfalto con un desconocido por problemas tan importantes como que el que estaba delante ha tardado 1 segundo seis décimas en arrancar cuando se ha puesto verde el semáforo.

Ayer sin ir más lejos fui protagonista de uno de este tipo de altercados. Al parecer en una rotonda debí acercarme demasiado al carril de mi derecha. No soy consciente de ello pero lo deduzco porque a pocos metros paré en un semáforo y un energúmeno ya entrado en años se dedicó a gritarme e insultarme desde un todo terreno mientras hacía todo tipo de aspavientos y gesticulaba con las manos en un intento de indicarme que en su opinión le había cerrado.

Como era temprano y no tenía ganas de líos opté por ignorarle. Pero el semáforo era de los de larga duración y el sujeto cada vez se ponía más furioso. Entonces le miré pensando qué decirle para calmar los ánimos y el muy cretino gritó "¡¡¡¡por lo menos podías pedirme disculpas!!!!!", como si fuera lógico y fácil pedir disculpas a un gilipollas que lleva 2 minutos insultándote sin parar.

Visto lo visto me entró el punto vacilón y, guardando una gran calma, le dije "caballero, muchas gracias por sus indicaciones". El tío se puso como una fiera y me dijo "yo un caballero y tú un gilipollas". En sólo un milisegundo pensé en lo mal que tiene que estar una sociedad en la que es muy habitual que miles de patanes suban diariamente a sus coches dispuestos a pegarse unos cuantos puñetazos con un desconocido sin motivo alguno. Y sonreí... fue más por no llorar, pero sonreí...

El tipo se desencajó. Me odiaba tal vez más de lo que hubiera odiado a nadie en toda su miserable vida. Estoy completamente seguro de que si hubiera podido me hubiera matado. Así que insistió en la provocación: "tienes cara de subnormal" me dijo. Tres veces me lo dijo. Presumo que deseaba que yo bajara del coche y nos liáramos a hostias. No lo hice. Simplemente le contesté "es que soy el hombre espejo" y el semáforo verde desbloqueó la situación.

El hecho de que luego acelerara a mi lado y diera un volantazo con la intención de cerrarme lo dejaremos estar porque no merece más comentarios. Frené a tiempo y pasé de él.

Con todo esto he reflexionado acerca del tema de la conducción urbana. Si un señor tropieza con otro andando por la calle el primero dice "perdón" y el otro contesta "no pasa nada". Si ese mismo señor va conduciendo por la ciudad y se acerca demasiado al coche del otro ambos empezarán a insultarse y a gritarse como locos y desearán matarse.

Hay personas afables y educadas que con un volante en las manos se convierten en sujetos peligrosos y violentos. Debe ser algo psicológico. No sé si el problema es que vivimos en una sociedad excesivamente materialista y violenta. No sé si es la famosa crispación que a todos contagia. No sé si es que los coches son máquinas enviadas por los alienígenas que nos controlan mentalmente para que nos autodestruyamos. No sé si es que hay demasiada gente con una existencia miserable. O a lo mejor es que la gente folla poco. Al final va a ser eso... que les follen.

PD: Tras más de 24 horas desde el incidente presumo que el fulano aún se estará preguntando qué quise decir con lo del hombre espejo...

miércoles, 4 de mayo de 2011

El editorial de El País o la paradoja

Aquí el editorial del diario El País.

Aquí la paradoja:

En el 3er párrafo se dice que "Estados Unidos que, sobre todo con George W. Bush, decretó un estado de excepción mundial permanente y validó la tortura, las detenciones extraterritoriales y las guerras ilegales".

En el último párrafo se dice que "Y, sin embargo, sería difícil negar que EE UU está legítima y legalmente en guerra defensiva contra Al Qaeda. Así lo reconoció Naciones Unidas en su resolución posterior al 11-S. La actuación del comando que dio muerte a Bin Laden sería pues un acto más de la misma."

A ver... se ha ejecutado a un terrorista sin juicio previo. ¿Es eso propio del Estado de Derecho? ¿Es eso legítimo y legal o ilegítimo e ilegal? ¿O acaso la legitimidad depende de que lo haga Obama o lo haga Bush?

Qué quieren que les diga. A mí cada vez me preocupa más esta afición tan española a juzgar los hechos no por sí mismos sino en virtud de quien los causa.