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miércoles, 13 de abril de 2011

Busque a su genocida

En julio de 1990, -hace ya demasiados años-, tuve la ocasión de recorrer parte de la entonces Yugoslavia. Con independencia de la tristeza y pobreza producto de décadas de socialismo, por allí las cosas parecían tan normales. La gente iba a lo suyo y no se apreciaba ningún clima prebélico o algo que hiciera presagiar el caos, la debacle y la guerra.
Por eso en julio de 1991 me impresionó más que a otros la que se lió allí con la Guerra de los Balcanes. Y además aprendí una cosa: una guerra no se ve venir y las salvajadas que comporta una guerra menos. Posiblemente el sonriente recepcionista del hotel dirigió una masacre con resultado de fosa común, o aquel camarero tan simpático fue responsable de 10.000 muertes, o aquella chica que se ofreció a acompañarnos a una dirección cuando estábamos perdidos fue asesinada tras ser violada por decenas de vecinos de la etnia opuesta.
Aquello me hizo comprender que estamos rodeados de genocidas, que tal vez hasta usted mismo, querido lector, sea un genocida y no lo sepa.
Y es que no basta con que uno tenga un genocida dentro para que se líe a matar gente. Para que el genocida se desarrolle es necesario que reine el caos, que el país se desmembre o, curiosamente, que ocurra todo lo contrario y el país se convierta en un estado férreo totalitario (en un extremo piensen en Yugoslavia o cualquier revolución africana, en el otro piensen en la Alemania nazi o en la URSS).
Por otra parte, el genocida carece de ideología. El que es capaz de matar a 100.000 personas se la suda si lo hace por el comunismo, por el fascismo, por una religión, por una etnia o por un nacionalismo determinado. El genocida se adaptará a las circunstancias y ejercerá su labor con precisión y eficacia sea cual sea el entorno que le ha tocado vivir.
El genocida está ahí, a su lado. La historia está llena de ejemplos de honrados vecinos diligentes padres de familia que en un periodo bélico dirigen un campo de torturas para luego, cuando llega la paz y el orden, volver a su apacible vida, jugar con sus nietos e invitar a los vecinos a la barbacoa del domingo. Ejemplos hay muchos y de diversos países, pero simplemente piensen en aquel jubilado alemán que hace algunos años tomaba cerveza en la mesa de al lado de su terraza bar habitual... las probabilidades son altas.
En este blog estamos convencidos de que España está llena de genocidas. Recapacite, querido lector, y sin pensar demasiado le vendrán a la cabeza algunos nombres de políticos y periodistas que tienen todos los números para, en el momento idóneo de caos o de Estado totalitario, dirigir una caravana de la muerte o un campo de exterminio. El transtorno bipolar que vivimos, -las dos Españas que decía Machado-, ayudan mucho.
Por eso le invitamos a que hoy, cuando salga a la calle, busque algún genocida. Ese repartidor de la prensa que aparca su furgoneta en doble fila y grita a quien quiera sacar el coche; ese camarero que mira con desdén a unos panchitos que quieren tomar un refresco; ese fulano que le pita en un semáforo porque ha tardado usted un milisegundo en arrancar; ese Policía Local que le multa con cínica sonrisa a pesar de sus ruegos...
¿Cree que los ha detectado a todos? Pues está equivocado. También ese amable vecino que le cede el paso en la puerta del ascensor, o esa simpática dependienta del horno de la esquina, o ese amable profesor de inglés... también todos ellos pueden ser un genocida si se dan las circunstancias favorables.
Piénselo bien. Usted nunca estará a salvo si se dan las circunstancias que desarrollan a los genocidas. Sólo la suerte le salvará: pertenecer al mismo bando, etnia, religión o partido del genocida es un buen comienzo. Si está usted en el bando y momento equivocado no le salvará ni que el genocida sea amigo íntimo de toda la vida de su hijo, ni que al genocida le haya usted hecho multitud de favores en los tiempos felices. Nada le salvará. Bueno, a lo mejor es usted el genocida y sobrevive al periodo de caos o de totalitarismo, quién sabe.

Y para terminar, un frase muy explícita que transcribo pidiendo perdón por desconocer su autor, a pesar de haberlo buscado infructuosamente en el guguel:

"Cuando los muertos pasan del millar dejan de ser muertos y se convierten en una cifra"

PD: ¿De verdad cree que exageramos? Pues tenga paciencia. En el próximo post les expondremos un caso práctico que demuestra claramente todo lo expuesto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay una similar de Stalin

"Matar una persona es un asesinato. Matar un mllón una estadística"

Saludos...y muy buen blog, sobre todo por el manual del progre