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martes, 2 de noviembre de 2010

Banquete de bodas (VI): El baile

Tras el desbarajuste posterior a la cena comienza la fase más larga y descontrolada de la boda: el baile.
El baile de bodas tiene 3 fases perfectamente diferenciadas:
1.- El vals: Se trata de la fase más corta. Al ritmo de un vals de Strauss los novios hacen el ridículo en público pretendiendo bailarlo cual Sisí en la corte austrohúngara mientras se dan continuos pisotones bajo la atenta mirada de ciento de invitados y de objetivos de cámaras digitales. Tras ello los padres de ambos contrayentes salen al ruedo para echar un cable y bailan sus valses con algo más de gracia.
2.- Los pasodobles: En cuando puede, el pincha (ahora los llaman dj) cambia el tercio y comienza con clásicos como "España cañí". Aquí sólo los abuelos (me niego a poner carrozas porque yo ya lo soy) disfrutan del baile mientras la juventud se pone hasta el culo de gintonics sin alejarse de la barra. En esta fase es bueno observar, pues siempre sorprende ver que la tía Concha puede ir beoda, o que el tío Manolo baila cual poseso con toda chati que se le acerque.
3.- La juventud baila: Poco a poco los pasodobles van dejando paso a la música más juvenil. Con ello poco a poco van desapareciendo los abuelos y quedan en la pista los carrozas y los jóvenes. Es en esta fase donde se producen los acontecimientos más recordados de cualquier boda:

Hay un dicho popular que afirma que de toda boda salen nuevas relaciones que acabarán en boda. Eso era antes. Hoy en día de cada boda salen varios divorcios y la culpa es de los escotes. Se lo explicaremos para que usted lo entienda: en otros tiempos los escotes eran menos generosos que los actuales y las mujeres más pacientes. Hoy los escotes son de escándalo y las mujeres no aguantan nada. Si a ello le añadimos que un tipo borracho pierde el oremus cuando le ponen un buen escote delante... ustedes lo podrán imaginar. Los borrachos olvidan que hay un mañana y hacen comentarios o miran sin rubor lo que las invitadas enseñan. Y sus esposas no están muy por la labor, con lo que la bronca está asegurada. Amigo, de una correcta gestión de la bronca dependerá que usted siga como está o que tenga que pactar pensión y régimen de visitas. Avisado está. Lo dicho: toda boda genera al menos un par de divorcios.

Como se ha dicho a lo largo de todo este serial las mujeres que asisten a una boda se definen con dos palabras: tacones y escote. Eso está muy bien cuando todos controlan, pero cuando un fulano se pone la corbata anudada en la cabeza y lleva 33 gintocnis la cosa cambia. Los escotes revolucionan a los invitados mientras las invitadas hacen ver que les da igual, cuando en realidad están encantadas de que se les mire.

Un clásico de toda boda es la frase "cariño, no bebas más". En el próximo enlace al que asista escuche bien y oirá esta frase varias veces. Generalmente la dirijen las señoras a sus maridos y es típica de aquellos que experimentan la crisis de los 40. El marido se desmelena después de 3 años sin salir una noche, y su señora cumple perfectamente con su labor de cortarle el rollo todo lo que puede diciéndole "cariño no bebas más" continuamente. Obviamente él no hará ni puto caso y ella le reservará una imponente bronca el día siguiente (al respecto repasar el párrafo anterior).

Otro tópico de las bodas: todo el mundo localiza a la novia de inmediato, pero al novio no. No falla.
Fíjese en la próxima boda. Sólo alzar la mirada verá de inmediato a la novia, con su llamativo vestido blanco. Pero ¿y el novio?. A éste no lo verá con facilidad porque viste como un invitado más y no se deja ver tan fácilmente. Otro clásico de las bodas. Y es que no nos engañemos. La boda realmente es una fiesta para la mujer, representada con el traje blanco y objeto de todas las miradas y piropos. Para el hombre no, a él nadie le hace ni puto caso, nadie le piropea salvo su madre, y se queda con los comentrarios maliciosos de los amigotes... ya saben, "no sabes dónde te metes" y demás comentarios al uso. Después se enfadan las feministas, pero las cosas son así , tal y como lo contamos.

Hay muchos más tópicos que ahora mismo no recordamos, pero el caso es que al final quedará poca gente, al menos un camarero se habrá emborrachado, y las mesas quedarán sin comensales pero con los objetos inservibles que regaló la madrina abandonados.

Finalmente la música parará y los invitados más rezagados irán abandonando el lugar. Y en una curva de la carretera, a dos escasos kilómetros y en un lugar estratégico por el que es indispensabnle pasar, una pareja de la guardia civil alcoholímetro en mano imitará a las arañas, quedando a la espera de que las presas vayan a ellas y caigan irremesiblemente en sus garras. Pero esta alegoría de lo que será la vida del pobre incauto que se ha casado esa noche ya es otra historia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

..¿ por que se casó usted..???

Pkdor dijo...

@ anónimo:
Porque quise.

Juan Al dijo...

Nada bonico... ninguna boda es digna de ser llamada boda si en el baile algún yayo/a no se te desgracia