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viernes, 15 de octubre de 2010

Banquete de bodas (III): El Aperitivo (bebida)

Sea en alquería campestre o en restaurante urbano convendrán conmigo en que el momento más fascinante de una boda es el aperitivo. En él se produce el primer contacto de los invitados, en él se vislumbran los primeros escotes merecedores de furtivos comentarios, en él localizará a ese gilipollas omnipresente que intentará evitar durante toda la velada, o aquella ex novia preludio de problemas con su señora, y en él probará usted todo tipo de viandas con extraños y largos nombres que le costará recordar.
Los invitados van llegando con cuentagotas contando sus experiencias en los polvorientos y rústicos caminos en la búsqueda de la alquería donde se celebra la boda. Allí encuentran un lugar en la naturaleza, decorado con florecitas y demás historias, y un ejército de camareros, –la mayoría de ellos con nula experiencia en el sector-, que se mantendrán a su servicio para satisfacer la gula de los invitados.
Lo primero que hay que hacer en el aperitivo, -cualquiera que haya asistido a un par de bodas lo sabe-, es situarse bien. Quiere esto decir que es imprescindible determinar la ruta de salida de los camareros y situarse al inicio de la misma porque si no usted no catará ni una puta croqueta y morirá de sed mientras los más espabilados se hinchan a cervezas.
Imaginemos que usted no está al quite y se sitúa lejos de la salida de los camareros en un corrillo rodeado de esas gentes que ve de boda en boda y ni se acuerda de ellos. De entrada vienen esas conversaciones para besugos del tipo “¿cómo va todo?”. Es natural, puesto que usted no recuerda si su interlocutor era el primo médico de su señora o el cuñado transportista de lsu prima, y además le importa un güevo tanto a usted como al primo o cuñado en cuestión (por lo menos sabe que es mutuo). Pero el hecho es que cuando al rato no ha llegado ni una cerveza a su zona comienza el entendimiento con su interlocutor, -del que sigue importándole un güevo su vida-, y ambos organizan “razias” para conseguir bebida y comida.
La táctica es la siguiente: se suben a un escalón para ver la salida del camarero, y entonces avanzan raudos hacia el mismo sorteando todo tipo de escotes con el consiguiente peligro, y es que un milisegundo perdido mirando un canalillo significa que pierda su alcance a la bandeja justo cuando el camarero cambia de rumbo.
Cuando el camarero sale con una bandeja repleta de atractivas y frías cervezas cientos de manos se abalanzan sobre los vasos y vacían de inmediato lo que importa, las cervezas. Entonces el camarero sigue paseando con una mierda de cocacola y un zumo de tomate (¿a quién se le ocurrió poner zumo de tomate?) que por supuesto nadie coge.

Una vez conseguida la cerveza a usted se le queda una enorme cara de satisfacción y se la bebe rápidamente como si fuera la primera, casi como un acto furtivo, disfrutándola. Pero entonces llega la segunda parte del problema... y es que cuando usted se quiera dar cuenta tendrá un puto vaso vacío en su mano con el que no sabrá qué demonios hacer. Primero lo manoseará, luego lo pasará de una mano a otra, pero finalmente querrá deshacerse de él. Lllegado este momento debe mirar a su alrededor, puesto que siempre los habrá más rápidos que usted que hayan encontrado una solución. Por ejemplo una minúscula mesita con un florero en una esquina de la estancia. El problema es que si no actúa rápido la mesita estará rebosante de vasos vacíos y no tendrá espacio donde dejar el suyo. Mucha gente opta por colocar el vaso en las bandejas que pasean los camareros, para lo cual se pone en peligro la estabilidad de la propia bandeja y la paciencia del camarero. Con ello suele ocurrir que el camarero ofrece al personal una bandeja con dos vasos llenos rodeados de 33 vasos vacíos, una imagen no demasiado gratificante pero inevitable. Los profesionales de las bodas son capaces de atacar una bandeja para dejar con una mano un vaso vacío mientras con la otra agarran con fuerza un vaso lleno reponiendo existencias. No es fácil, pero practicando lo conseguirá.
Pero lo peor del aperitivo llega con las bandejas de comida, tal y como veremos próximamente…

2 comentarios:

Juan Al dijo...

En más de una boda los camareros deberían salir dando latigazos para alejar a las fieras

Silver's Moon dijo...

Lo peor es cuando te encuentras a tu tía abuela y se empeña en que le cuentes todo lo acontecido en tu vida durante lo últimos 10 años que hace que no te ve y tu miras de reojo la bandeja y sonríes a esa señora tan amable que no te suelta del brazo mientras piensas "que me sueltes coño, que quiero una cocacola!!"

Me he imaginado a los camareros con látigo y no he podido evitar soltar una carcajada

Un beso