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miércoles, 13 de octubre de 2010

Banquete de Bodas (II): Desplazarse al convite

Cuando la ceremonia ha terminado una algarabía de gentes bien vestidas se desparrama por el infecto barrio donde se ubica la Iglesia en busca de sus respectivos vehículos. Los drogatas, los chatarreros, algunos camellos y los perroflautas ven entonces desfilar una serie de fulanos en chaqué y decenas de señoras escotadísimas con unos tacones cual zancos circenses. Nunca entenderé la razón, tal vez sea el respeto reverencial de los sin techo a quienes ven muy alto en la jerarquía social o el simple respeto a una ceremonia que en poco tiempo aumentará las estadísticas de divorcio, pero no conozco ningún caso en que los vagabundos hayan molestado al personal.
Tras los insultos y maldiciones en arameo típicas de quien mete el billete o la visa en la maquinita del parking (está demostrado: 2 de cada 3 usuarios de un parking público exclaman !!!!jo-der¡¡¡¡ cuando ven el precio en la pantallita), una fila de coches sale de sus parkings en busca del banquete.

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda en esta ciudad celebrar las bodas en bonitas alquerías en el campo. La idea está muy bien, pero tiene dos problemas: 1.- Las alquerías siempre están a tomar por culo. 2.- Las alquerías siempre se encuentran en pleno campo, en un laberinto de caminos para tractores que despista hasta al "llaurador" más avezado.

El resultado es obvio: decenas de vehículos perdidos en el campo, lo cual tiene su gracia cuando la boda es pija, porque eso de ver mogollón de vehículos de alta gama enfangados entre naranjos hay que reconocer que tiene su punto.

Algo que no falta en ninguna boda es el listo que dice "no os preocupéis que yo tengo tom-tom". El fulano tiene su día de gloria yendo a la cabeza de una caravana de vehículos destino al convite. El problema salta cuando el tom-tom confunde la alquería "El tollar" con la alquería "El tochar", y 12 automóviles quedan mangados en un camino rural de subida a la ermita del pueblo, viéndose obligados a circular marcha atrás 5 kilómetros para salir del atolladero. Así el fulano del tom-tom descubre que a veces la gloria es efímera.

Aunque todo lo expuesto es real como la vida misma no crean ustedes que no tiene su lado positivo: da tiempo a que los novios realicen su sesión de fotos horteras, antes en los jardines de Monforte hoy en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Como los invitados llegan tan tarde no deben esperar a los contrayentes, que suelen tardar aún más en su llegada.

A partir de ahí comienza un ritual harto interesante: el aperitivo. Pero esto da para un post dedicado que, obviamente, formará el tercer capítulo de esta entrega.

4 comentarios:

Anatomia Valencia dijo...

jojojo recuerdo el julio de año pasado una boda en una jodida alquería de esas tan de moda que está por el by-pass hacia Barcelona donde seguíamos a la comitiva de coches, y nos juntamos y mezclamos con la comitiva de un entierro en plena carretera. Ok, yo (y otros) acabé en el entierro al equivocarme de comitiva. Otros que iban al entierro acabaron en la boda.

Juan Al dijo...

Ok, y pese a la edad sigo cagándola a la hora de desloguearme :P:P:P

Silver's Moon dijo...

Yo hasta ahora no he ido a ninguna alquería, debe ser porque hace años que no voy de boda y entonces se llevaban más los salones con aparcamiento imposible.

Me parto con el comentario de Anatomia Valencia jajajjaja

Besitos

Deibid dijo...

ja, ja, ja... me mola tu disección del camino al banquete. Yo, que además no me he casado, y que soy anti bodas, entiendo este peregrinar y me parto. Quiero ver como acaba la boda....