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miércoles, 6 de octubre de 2010

Banquete de Bodas (I): En la Iglesia

A petición de nuestros millones de lectores vamos a iniciar una de nuestras celebradas miniseries, esta vez sobre banquetes de boda. Y en esta primera entrega hablaremos de la Iglesia, que puestos a hacer una serie hablamos de bodas de verdad y no esas nuevas pseudo bodas de los que no quieren casarse pero quieren regalos como si se casaran.

"Se hace tarde" dices entre maldiciones mientras te ajustas el nudo de la corbata y tu señora anda de un lado para otro preguntando si esto o aquello le sienta bien. Cuando consigues que tu señora dé por acabada la sesión de espejo os sentáis los dos bien maqueados en el coche. Siempre resulta curioso ver entrar a tu señora en el coche intentando no arrugar el vestido, así que no te percatas que le cuesta casi 10 minutos subir y sentarse.

La llegada.- Lo que más mola es llegar relajado y contento, que es lo que suele ocurrir cuando llevas 30 minutos buscando aparcamiento sin éxito con tu señora loca por lucir modelito y que todo el mundo la vea, lo que hace que se ponga muy nerviosa. Tras las consabidas discusiones en las que tu señora te llama burro porque has dejado escapar un par de sitios en los que no cabría ni la bicicleta de un niño acabas en un puto parking de pago de esos en los que hay una lista que pone "minuto: 0,000000035.-€" pero da igual porque cuando llegas hay que sacar por lo menos un billete de 20.-€ por poco tiempo que estés (querido lector, no se nos han olvidado los signos de puntuación. Hemos querido que se ahogue al leer para que sienta mínimamente el estrés del que se habla).

Pero no todo termina con el aparcamiento. Usted habrá aparcado "a fer la mà" de la Iglesia y tendrá que desplazarse a pie con el consiguiente riesgo de caída de su señora desde los zancos donde se ha subido (hay tacones imposibles, créame).
Lo mejor de todo es que a todo el mundo le da por buscar una Iglesia en el puto centro histórico entre las callejuelas más recónditas ¿es que no hay Iglesias junto a un parking gratuito en la periferia?. Así que cuando se descuida se encuentra usted andando a resbalones a causa de las suelas poco gastadas de sus zapatos de vestir, y su señora haciendo equilibrios e intentando no dejar clavado el tacón entre los adoquines mientras les observa un selecto público de drogadicos, perroflautas y chatarreros, y unos niños familiarmente desestructurados casi le salpican mientras mean en medio de la calle.
Por fin llega a la plaza donde se encuentra la Iglesia y se entrega al saludo con una serie de personas que ve de boda en boda y de las que nunca se acuerda. Cuando llega el novio nadie le hace ni puto caso, pero cuando llega la novia todo el mundo comenta lo guapa que está y ellas opinan cual expertas acerca de la elegancia de su vestido. Sólo opinan ellas, puesto que los hombres sólo ven un simple vestido blanco, y si es muy escotado (lo cual daría para algún comentario masculino sobre moda) nadie dirá nada porque por una sola vez en la vida no es el momento. El novio sigue allí, pero como si no estuviera. Se reitera, ni puto caso.

La entrada.- A la hora de entrar en la Iglesia existen cuatro tipologías diferenciadas: 1.- El que entra y se traga la Misa entera: Salvo alguna excepción de fe católica normalmente se trata de los invitados más próximos, que se sacrifican más que nada para que los novios no se queden solos. 2.- Los tímidos: Se trata de aquellos que quieren largarse al bar, pero bien por vergüenza, bien porque no les deja su señora, bien por proximidad a los contrayentes, entran y salen constantemente de la Iglesia. Cuando salen se quedan en la puerta y aprovechan para hacerse un pitillo, y cuando se lo acaban entran de nuevo a dejarse ver. 3.- Los del Bar: Estos son los más listos; se hinchan a cervezas en un bar cercano mientras dure la Misa. Los más expertos suelen elegir un bar con vistas a la puerta para aprovechar sus cervezas al máximo. Huelga decir que es el grupo mayoritario. 4.- Padre con niño: Se trata d eun grupo muy especializado e imprescindible en cualquier boda: un niño se pone pesado en pleno sermón y su padre pasea por la nave lateral de la Iglesia diciendo "ssssssssshhhhhhhh" al niño que intenta escurrirse entre sus brazos. No se sabe la razón, pero siempre les cuesta salir de la Iglesia y sólo lo hacen en casos de plorera total e histérica de la criatura. Por cierto, siempre es el padre porque la madre está exenta de portar al nano en brazos para no estropear el vestido, y además algún día le tocaba librarse...

La Misa.- Lo primero que le viene a la mente a uno cuando se menciona la palabra Misa vinculada a una boda es el calor, el puto calor. ¿Por qué a todos los habitantes de Valencia les da por casarse hacia el verano? ¿Es que no conocen nuestro clima? ¿O acaso disfrutan torturando a sus invitados masculinos con la puta chaqueta puesta a 37º y una humedad relativa del 85%? Si una mujer lee esto no lo entenderá, pero si lo lee un hombre que ha asistido a una boda en dichas condiciones seguro que me da la razón. Y no se crean que quedarse fuera sirve de algo. De hecho hay quien entra en la Iglesia para que no le dé el sol... Generalmente la Misa es un coñazo, se hace demasiado larga y nadie escucha al cura.

La salida.- Una vez terminado el calvario los que supuestamente son más amigos de los novios aprovechan que estos se hacen fotos en el interior para repartir arroz a una muchedumbre sedienta de sangre, que lanzará los puñados con rabia para ver si con un poco de suerte cada grano de arroz le levanta la piel a alguno de los contrayentes.
La agresiva sesión de tiro de arroz continuará hasta que la novia se agobie tanto que le falte poco para llorar. Sólo entonces el filldeputa que más animaba a tirar fuerte y más salvaje se comportó se dedicará a gritar que paren ya, quedando él como un perfecto caballero. Filldeputa, pero caballero. Por cierto, én ninguna boda falta el cretino que vacía un saco de arroz en la cabeza algún ser querido. No comment.
Luego toca liarse a codazos con el personal para poder felicitar personalmente a los novios, que aguantan como pueden la sesión de besos y enhorabuenas con la esperanza de que acabe pronto. En esta fase siempre se adelantan las señoras mayores, unas auténticas profesionales del codazo y de colarse para felicitar a los novios antes que usted, así como de dedicar 10 minutos a la felicitación.

Tras la tradicional traca seguida del ulular de las sirenas de todos los coches y comercios de los alrededores todo termina, y la gente va desapareciendo para irse al banquete, pero eso lo contaremos otro día.

5 comentarios:

Juan Al dijo...

Bonico.... y cuando mientras tratas de pegar una cabezadita en la oscuridad de la iglesia falla el micro del cura??? que empieza a pitar y a hacer ruidos infames pero al cura no se le oye, y to cristo (y nunca mejor dicho) se acuerda del cura, del monaguillo y de la madre que los parió

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Silver's Moon dijo...

Qué razón tienes Pkdor!!! qué bien explicadito y que realismo a la hora de describir la escena jajajaja

Por cierto, lo del micro del cura es un detalle importante a tener en cuenta porque rara es la boda que no nos dejan sordos con el pitidito.

Besos

Pkdor dijo...

@ Juan Al y silver´s:
Qué razón tenéis. Lo del pitidito de la megafonía del cura ha sido un olvido imperdonable.

@ ruso anónimo:
Interesante comentario, tovarich.