ESTE BLOG SE CERRARÁ EN BREVE (si no tenemos tiempo para mantenerlo... ¿para qué tenerlo parado?)

martes, 26 de octubre de 2010

Repudiando a nuestros antepasados

Entono el “Mea culpa”. Durante mucho tiempo he pensado que por Hispanoamérica estaban gilipollas. No comprendía por qué tipos de apellido europeo y con la piel más blanca que la leche tomaban como propia la cultura indígena cuando los suyos son precisamente los otros, los que masacraron a los indios, los europeos de los que tanto rajan. No comprendía esa manía de poner de malos a los conquistadores como si fueran algo ajeno, como si ellos no hablaran español, como si ellos no fueran católicos ni tuvieran abuelos en Santander.

Un ejemplo más concreto y muy reciente lo tenemos en el pedazo de demagogo y/o ignorante que ostenta el cargo de embajador de Venezuela en España. El colega se llama Isaias Rodríguez, que no parece un apellido con origen en alguna tribu del Orinoco, es blanquito y con pinta más bien europea… pero habla de la conquista de América en términos de genocidio como si él fuera un indígena. Pues no colega Isaías. Va a ser que usted desciende de los mismos españoles de los que tanto raja, que la lengua, la religión, la organización territorial de su país, el derecho que se aplica, la mayoría de los nombres de sus ciudades, y en definitiva, el 99% de su cultura es de herencia española. Pero la ignorancia, la demagogia, o ambas a un tiempo, son muy atrevidas.

El caso es que pensaba que sólo los hispanoamericanos estaban gilipollas respecto a este tema hasta que he visto la luz y me he dado cuenta de que en España estamos igual de gilipollas. Y es que ayer estrenaron en Antena 3 una nueva serie titulada “Hispania” en la que los romanos son muy muy muy malos, y Viriato nuestro héroe nacional. No sé si ustedes la vieron (yo apenas un ratillo porque me pareció bastante floja) pero imaginen el rollito ése de “los hispanos lucharemos por nuestra libertad” y los romanos malísimos matando por gusto a unos tipos nobles y honrados que no han matado una mosca en su vida.

El tema es que, como decía, estamos igual de gilipollas que nuestros hermanos de Hispanoamérica. Y es que resulta que los nuestros no son los iberos, sino los romanos. Resulta que si hubieran ganado los iberos hoy no hablariamos lenguas derivadas del latín, ni nuestro sistema legal se basaría en el derecho romano, ni Zaragoza se llamaría Zaragoza ni Mérida Mérida ni España España.

Y resulta también que si los romanos no hubieran acabado con Viriato en el año 139 a.C., sólo un año después a dos mil legionarios veteranos de las tropas romanas no les hubieran repartido tierras fundando una ciudad bautizada como Valentia, hoy Valencia, desde la que se escribe este blog. Fíjese qué curioso, esos romanos malos de cojones que matan por gusto en la serie son los primeros habitantes de Valencia.

En definitiva, que resulta que en España hacemos y decimos las mismas gilipolleces que en América, lo que me lleva a pensar que estas chorradas, esta demagogia y este desconocimiento de la historia no es exclusivo de países o continentes: sólo es la estúpida condición humana.

jueves, 21 de octubre de 2010

Banquete de bodas (V): La cena

La cena es sin duda el acto central, que no el principal, de la boda. Una a vez detectado al plasta de turno, a la ex-novia, y a los tíos de Zamora, y una vez escaneados todos los escotes toca distribuirse y cenar. Pero la cena también tiene sus fases diferenciadas:

1.- Las mesas: Terminado el aperitivo decenas de invitados se agolpan en torno a un caballete que sujeta un cartel con un plano de las mesas numeradas y una lista del personal que se asigna a cada mesa. Un ejemplo práctico: "Mesa nº 17: Paco, Tía Tata, Julio Pérez y Concha, Tío Paco y Tía María, Juan y Laura" o "Mesa nº 3: Abuelos, Tíos de Cuenca", y así un sinfín de ejemplos más. A veces es complicado determinar la mesa, puesto que las mismas abuelas que no le dejaban acceder al jamón del aperitivo tampoco le dejarán ahora leer dónde le han ubicado los novios.
Una cosa debe tener usted clara: cuanto más lejos esté su mesa de la mesa presidencial pinta usted menos en el corazón de la novia y/o de la suegra del novio. No se sulfure. Con el tiempo descubrirá que pocas amistades íntimas sobreviven a una boda, y el primer síntoma es la lejanía de los novios en la cena. Puede que usted ni se dé cuenta, pero ya se encargará su señora o novia de hacerle ver que la mesa asignada "es la más alejada, al lado de los aseos, qué falta de consideración". Pero eso ahora no importa. Ser amigo del novio no le da derecho a sentarse cerca de la mesa presidencial, ni a mantener su amistad de por vida, pero sí a beber de gorra esa noche todos los gintocnis que quiera, así que no se sulfure y vaya a lo práctico.
Como tratar sobre compartir la mesa con el gilipollas de turno o con una exnovia se haría muy largo y da para un post dedicado ya los trataremos en otro momento.

2.- Llegan los novios: Tras situar su mesa, que obviamente es la más alejada, toma asiento entre decenas de abuelos que pululan indecisos buscando la mesa que les toca. Generalmente durante el aperitivo los novios no aparecen (recuerde que están disfrutando de la sesión de fotos "amorosorteras" en la CAC). Por eso el memorable momento de la llegada ocurre cuando los invitados ya se han sentado en sus mesas. Se trata de un momento Disney baboso y pastelón en el que la música nupcial suena mientras el maestro del banquete les ofrece una copa de cava con el que brindan y los invitados les aplauden en pie. Todos deberiamos amancebarnos para no pasar por este momento.

3.- El momento chaqueta: Al sentarse en la mesa la temperatura corporal de todos los invitados masculinos alcanza los 45º. No, no están calientes por los escotes, ese momento llegará más tarde. Están calientes porque la boda se celebra en la peor estación posible, con 30º y una humedad relativa del 85%.
Por ello verá usted que muchos hombres lanzan miradas nerviosas y furtivas a ambos lados y escrutan disimuladamente todo el entorno. No, no están mirando escotes, que ya hemos dicho que ese momento llegará más tarde. Lo que están haciendo es buscar al que rompa al hielo, al que sin saberlo va a dar sosiego y comodidad al resto de hombres, al que se va a convertir en un héroe silencioso que aliviará a todos... al primero que se quite la chaqueta. Obsérvelo en la próxima boda porque no falla: todos sudan como cerdos y sufren bajo sus opresivas y despreciables chaquetas hasta que un héroe, valiente y silencioso, le echa dos cojones y se quita la chaqueta dejándola colgando de la silla. Al minuto la mitad de los invitados se habrá quitado la chaqueta, y a los 10 minutos todos dejan colgando de la silla sus respectivas chaquetas. Todos menos el novio, al que parece no bastar meterse donde se mete. No sé cómo será en otras ciudades, pero en las bodas veraniegas de clase media de Valencia este momento es imprescindible.

3.- La cena: Mientras los inexpertos camareros sirven el vino, desde las mesas de amigos se oyen los típicos gritos "vivan los novios" y "que se besen" seguidos de las dudas de los novios y un beso celebrado con gran algarabía. Ello no impide que los plastas de turno repitan el "que se besen" hasta aburrir... !!!!joder, pero si desde la boda hasta el casi seguro divorcio van a tener mucho tiempo para besarse¡¡¡¡¡¡.
En la mesa comienzan las conversaciones banales y los intentos de no mirar a su derecha, justo donde una chati desconocida con un mareante escote amenaza con provocarle una crisis matrimonial. Así que usted sólo mira hacia la izquierda sin perder la vista de su señora con la consiguiente contractura de los músculos y tendondes del cuello. En cualquier caso dará igual donde mire, una tetona cerca significa bronca segura, y no con la tetona. Si la tetona se sienta enfrente usted estará salvado, pues en las bodas tienen por costumbre colocar centros de mesa con enormes flores que parecen selvas y a los sentados enfrente ni los ve.
Es típico de las bodas comenzar con vino blanco y si usted quiere tinto se jode. Y ello porque el primero siempre es un plato de pescado que casi nadie prueba. De este modo los platos son recogidos y vuelven a cocina casi como han salido.
Luego llega el vino tinto y si usted quiere blanco se jode. Entonces alguien pregunta qué hay de segundo y usted lee el menú que hay junto a la servilleta. "Hay suprema de ave con pouporri de boletus salteados sobre lecho de patata panadera". Pero no se emocione, aunque parezca el Bulli no lo es, así que le sacarán una puta pechuga con champiñones y patatas, muy bien presentada, eso sí. ¡¡¡¡¡La suprema es una pechuga, una simple pechuga¡¡¡¡¡¡. Así que ya sabe, disfrute de la única suprema que tastará en toda la noche, porque las demás supremas sólo las podrá mirar furtivamente, so dolorosa colleja administrada por de su señora.
Por cierto, sea en el primer o en el segundo plato ya se puede usted ir olvidando. Hay vino, blanco o tinto, pero si quiere cerveza se jode.

4.- Momento novios (el pastel): Tras la cena, le sacarán un sorbete infame, y luego un primer postre. A modo de anécdota puedo decir que en mi última boda el postre tenía nombre de peli porno. Sonaba algo así como "Giona Royal frutal"... Tal vez el amigo Paco Gisbert pueda proponer este título entre sus interesantes amistades, si es que ha llegado a leer este post y ha llegado hasta aquí. Dejo a la imaginación del lector qué tipo de bacanal puede ser una giona royal frutal...
Tras el postre uno llega a pensar que el chef es un psicópata cuando sacan una enorme tarta nupcial con la intención de que usted se coma su ración. Pero lo mejor es cuando a los novios les dan una enorme espada para que corten la tarta y la coman directamente desde el filo. Más de un novio habrá deseado cortarle los güevos con la espada al que saca la tarta, pero no lo ha hecho para no comenzar el matrimonio con un divorcio, creo yo. Todo el mundo aplaude tan infame horterada mientras ataca sus cafés y carajillos y apura las copas de licor.
Mientras la madrina o las hermanas de la novia pasean por las mesas regalando a las invitadas ridículos e inservibles objetos, el padrino reparte puros al personal masculino. Las mesas sustituyen los platos por los cubatas y más de un marido borracho mira donde no debe o se pone a hablar con una chati cañón sin pensar que hay un mañana, que con el pedete se la trufa que se enfade su señora, pero al día siguiente pagará con creces el pecaminoso hecho de sentarse a hablar con una chati cuyas supremas no tastará ni aunque lo intentara, cosa que además ni se le ocurre.
De este modo comienza un impass en el que reina un caos de organización que sólo terminará con el baile, una vez los novios hayan realizado el ritual de saludar a todos de mesa en mesa...

lunes, 18 de octubre de 2010

Banquete de Bodas (IV): El Aperitivo (comida)

Si en la anterior entrega se expuso el inicio del aperitivo y la dificultad para encontrar bebida, toca hoy la comida propiamente dicha.

Un suicida al que algunos llaman cortador de jamón comparte medio metro cuadrado con una pierna de ibérico rodeado de cientos de fulanos encorbatados y señoras escotadísimas que le arrebatan las lonchas antes incluso de que las corte. Nunca he visto que un cortador de jamón se líe a cuchillazos con el personal, pero todo se andará. El caso es que usted desecha la idea de acercarse a por jamón ante las decenas de bestias hambrientas que pugnan por una loncha pensando que el pobre suicida se plantea realmente el suicidio. “Buffet de jamón ibérico al corte” le llaman. Más bien deberían llamarlo “maricón el último y el camata suicida que se joda” o algo así más realista.
No mucho mejor panorama tiene la pobre muchacha que han puesto al cargo del “Buffet de huevos de codorniz”. La pobre abre los pequeños huevecillos uno a uno y los fríe en presencia de la voraz masa que casi no le deja ni posarlos en las galletitas con sobrasada preparadas al efecto. Decenas de abuelas rodean a la camarera e impiden que usted acceda al lugar. Las hay que hasta se llevan la galletita sin esperar a que le pongan el huevo. Mandan huevos.
Así que ya sabe: a la mierda el jamón y a la mierda los huevos de codorniz salvo que quiera jugarse la vida en el intento. Es posible que cuando, tras la incursión, ya haya convencido a su señora de la imposibilidad de tastar el jamón y los huevecillos pase algún listillo con un plato repleto de ambos manjares, producto de la rapiña por supuesto. Entonces su señora le acusará de “falta de espenta”. No discuta caballero. Aguante y tenga paciencia, que aún queda un buen rato para el güisqui.
A continuación los camareros salen con nuevos aperitivos con la esperanza de sobrevivir, mientras los invitados más espabilados se agolpan en la zona más cercana a su salida. De entre todos destaca la oronda cuñada de alguno de los contrayentes, que engulle cual Pantagruel el contenido de cualquier bandeja que pase a menos de 2 metros de su alcance. Es un clásico de toda boda: cuñada oronda (o cualquier parentesco, pero oronda al fin y al cabo) devoradora de canapés con brazos gruesos y descolgados a la par que rápidos cazando cualquier cosa comestible que se sitúe sobre una bandeja. Ríase usted de los camaleones, las cuñadas orondas cazan cualquier canapé con una rapidez depredadora digna del “Nasional Yiografic”.
En esta fase lo más positivo es que ya no hay que ir a ganarse el aperitivo, sino que son los camareros los que pasean las bandejas, y a pesar de la cuñada oronda y demás depredadores, siempre hay una escotada que quiere adelgazar o algún “mindinguis” al que no le gusta el “fuá”, con lo que algo llegará a sus dominios.
En esta tesitura usted podrá degustar los deliciosos “mini vol-au-vent de marisco” o “mini vol-au-vent de foie”… canapés para que nos entendamos (pero con ese nombrecillo afrancesado parece algo, oiga).
También puede que logre tastar algún “saquito de longaniza y habas”, que no deja de ser una pataqueta valenciana de toda la vida, o un “canapé de salmón” al que no se sabe por qué no le llaman oficialmente mini vol-au-vent aunque básicamente sea lo mismo, o unas “mini croquetas de bacalao”, croquetas pequeñas como su propio nombre indica.
En mi última boda me fascinó la “brocheta nido de langostinos”, una especie de palo en el que se ensartaba un delicioso langostino rebozado con hilillos de no sé qué, del que tuve que conformarme con chupar un palo mientras la oronda cuñada de alguno de los contrayentes blandía 3 ó 4 brochetas en cada mano como si fueran banderillas.
Otra cosa que nunca falta es un plato de cuchara. No, no se trata de un potaje de garbanzos, sino de esa manía por sacar cucharas con una minúscula porción de comida para que la cojas, te comas el contenido de la cuchara en cuestión y la dejes tirada en la bandeja. Y es que las influencias de Ferran Adriá con rimbombantes nombres muchísimo más largos que la comida que hay en el plato llega a todas partes.
En los aperitivos hay dos clásicos: 1.- La crisis de la cerveza: Se da cuando los camareros se concentran en sacar canapés y olvidan sacar más bebida. Los invitados miran a todas partes esperando que alguien traiga cerveza mientras tragan a pelo los aperitivos. Al final siempre hay alguien, -generalmente el que menos pinta en el convite-, que muy digno le pone las pilas a algún responsable para que saquen más cervezas. Esta persona suele ser un capullo o capulla, pero al menos su labor es provechosa. 2.- La crisis de los dedos grasientos: No falla, siempre sale un aperitivo grasiento del tipo “muslitos de codorniz”. Sí, suena muy bien, pero cuando usted se quiera dar cuenta tendrá dos problemas: el primero será deshacerse del hueso del puto muslito al que llegará a odiar. El segundo, una vez colocado el hueso en alguna discreta maceta, será eliminar la grasa de sus dedos antes de que se manche la corbata o el vestido de su señora, con el consiguiente riesgo de divorcio. Legiones de dedos grasientos desfilan ante macetas llenas de fémures de codorniz, c´est la vie.
Finalmente, tras las estúpidas conversaciones en grupos al que siempre se adscribe un bocazas gilipollas, -algo imprescindible no se sabe por qué-, y tras la exhibición femenina de zancos (ellas los llaman tacones) y pechugas (los escotes son escandalosos), la peña se disuelve de camino al salón donde sirven la cena, de la que trataremos oportunamente en la próxima entrega.

viernes, 15 de octubre de 2010

Banquete de bodas (III): El Aperitivo (bebida)

Sea en alquería campestre o en restaurante urbano convendrán conmigo en que el momento más fascinante de una boda es el aperitivo. En él se produce el primer contacto de los invitados, en él se vislumbran los primeros escotes merecedores de furtivos comentarios, en él localizará a ese gilipollas omnipresente que intentará evitar durante toda la velada, o aquella ex novia preludio de problemas con su señora, y en él probará usted todo tipo de viandas con extraños y largos nombres que le costará recordar.
Los invitados van llegando con cuentagotas contando sus experiencias en los polvorientos y rústicos caminos en la búsqueda de la alquería donde se celebra la boda. Allí encuentran un lugar en la naturaleza, decorado con florecitas y demás historias, y un ejército de camareros, –la mayoría de ellos con nula experiencia en el sector-, que se mantendrán a su servicio para satisfacer la gula de los invitados.
Lo primero que hay que hacer en el aperitivo, -cualquiera que haya asistido a un par de bodas lo sabe-, es situarse bien. Quiere esto decir que es imprescindible determinar la ruta de salida de los camareros y situarse al inicio de la misma porque si no usted no catará ni una puta croqueta y morirá de sed mientras los más espabilados se hinchan a cervezas.
Imaginemos que usted no está al quite y se sitúa lejos de la salida de los camareros en un corrillo rodeado de esas gentes que ve de boda en boda y ni se acuerda de ellos. De entrada vienen esas conversaciones para besugos del tipo “¿cómo va todo?”. Es natural, puesto que usted no recuerda si su interlocutor era el primo médico de su señora o el cuñado transportista de lsu prima, y además le importa un güevo tanto a usted como al primo o cuñado en cuestión (por lo menos sabe que es mutuo). Pero el hecho es que cuando al rato no ha llegado ni una cerveza a su zona comienza el entendimiento con su interlocutor, -del que sigue importándole un güevo su vida-, y ambos organizan “razias” para conseguir bebida y comida.
La táctica es la siguiente: se suben a un escalón para ver la salida del camarero, y entonces avanzan raudos hacia el mismo sorteando todo tipo de escotes con el consiguiente peligro, y es que un milisegundo perdido mirando un canalillo significa que pierda su alcance a la bandeja justo cuando el camarero cambia de rumbo.
Cuando el camarero sale con una bandeja repleta de atractivas y frías cervezas cientos de manos se abalanzan sobre los vasos y vacían de inmediato lo que importa, las cervezas. Entonces el camarero sigue paseando con una mierda de cocacola y un zumo de tomate (¿a quién se le ocurrió poner zumo de tomate?) que por supuesto nadie coge.

Una vez conseguida la cerveza a usted se le queda una enorme cara de satisfacción y se la bebe rápidamente como si fuera la primera, casi como un acto furtivo, disfrutándola. Pero entonces llega la segunda parte del problema... y es que cuando usted se quiera dar cuenta tendrá un puto vaso vacío en su mano con el que no sabrá qué demonios hacer. Primero lo manoseará, luego lo pasará de una mano a otra, pero finalmente querrá deshacerse de él. Lllegado este momento debe mirar a su alrededor, puesto que siempre los habrá más rápidos que usted que hayan encontrado una solución. Por ejemplo una minúscula mesita con un florero en una esquina de la estancia. El problema es que si no actúa rápido la mesita estará rebosante de vasos vacíos y no tendrá espacio donde dejar el suyo. Mucha gente opta por colocar el vaso en las bandejas que pasean los camareros, para lo cual se pone en peligro la estabilidad de la propia bandeja y la paciencia del camarero. Con ello suele ocurrir que el camarero ofrece al personal una bandeja con dos vasos llenos rodeados de 33 vasos vacíos, una imagen no demasiado gratificante pero inevitable. Los profesionales de las bodas son capaces de atacar una bandeja para dejar con una mano un vaso vacío mientras con la otra agarran con fuerza un vaso lleno reponiendo existencias. No es fácil, pero practicando lo conseguirá.
Pero lo peor del aperitivo llega con las bandejas de comida, tal y como veremos próximamente…

miércoles, 13 de octubre de 2010

Banquete de Bodas (II): Desplazarse al convite

Cuando la ceremonia ha terminado una algarabía de gentes bien vestidas se desparrama por el infecto barrio donde se ubica la Iglesia en busca de sus respectivos vehículos. Los drogatas, los chatarreros, algunos camellos y los perroflautas ven entonces desfilar una serie de fulanos en chaqué y decenas de señoras escotadísimas con unos tacones cual zancos circenses. Nunca entenderé la razón, tal vez sea el respeto reverencial de los sin techo a quienes ven muy alto en la jerarquía social o el simple respeto a una ceremonia que en poco tiempo aumentará las estadísticas de divorcio, pero no conozco ningún caso en que los vagabundos hayan molestado al personal.
Tras los insultos y maldiciones en arameo típicas de quien mete el billete o la visa en la maquinita del parking (está demostrado: 2 de cada 3 usuarios de un parking público exclaman !!!!jo-der¡¡¡¡ cuando ven el precio en la pantallita), una fila de coches sale de sus parkings en busca del banquete.

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda en esta ciudad celebrar las bodas en bonitas alquerías en el campo. La idea está muy bien, pero tiene dos problemas: 1.- Las alquerías siempre están a tomar por culo. 2.- Las alquerías siempre se encuentran en pleno campo, en un laberinto de caminos para tractores que despista hasta al "llaurador" más avezado.

El resultado es obvio: decenas de vehículos perdidos en el campo, lo cual tiene su gracia cuando la boda es pija, porque eso de ver mogollón de vehículos de alta gama enfangados entre naranjos hay que reconocer que tiene su punto.

Algo que no falta en ninguna boda es el listo que dice "no os preocupéis que yo tengo tom-tom". El fulano tiene su día de gloria yendo a la cabeza de una caravana de vehículos destino al convite. El problema salta cuando el tom-tom confunde la alquería "El tollar" con la alquería "El tochar", y 12 automóviles quedan mangados en un camino rural de subida a la ermita del pueblo, viéndose obligados a circular marcha atrás 5 kilómetros para salir del atolladero. Así el fulano del tom-tom descubre que a veces la gloria es efímera.

Aunque todo lo expuesto es real como la vida misma no crean ustedes que no tiene su lado positivo: da tiempo a que los novios realicen su sesión de fotos horteras, antes en los jardines de Monforte hoy en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Como los invitados llegan tan tarde no deben esperar a los contrayentes, que suelen tardar aún más en su llegada.

A partir de ahí comienza un ritual harto interesante: el aperitivo. Pero esto da para un post dedicado que, obviamente, formará el tercer capítulo de esta entrega.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Banquete de Bodas (I): En la Iglesia

A petición de nuestros millones de lectores vamos a iniciar una de nuestras celebradas miniseries, esta vez sobre banquetes de boda. Y en esta primera entrega hablaremos de la Iglesia, que puestos a hacer una serie hablamos de bodas de verdad y no esas nuevas pseudo bodas de los que no quieren casarse pero quieren regalos como si se casaran.

"Se hace tarde" dices entre maldiciones mientras te ajustas el nudo de la corbata y tu señora anda de un lado para otro preguntando si esto o aquello le sienta bien. Cuando consigues que tu señora dé por acabada la sesión de espejo os sentáis los dos bien maqueados en el coche. Siempre resulta curioso ver entrar a tu señora en el coche intentando no arrugar el vestido, así que no te percatas que le cuesta casi 10 minutos subir y sentarse.

La llegada.- Lo que más mola es llegar relajado y contento, que es lo que suele ocurrir cuando llevas 30 minutos buscando aparcamiento sin éxito con tu señora loca por lucir modelito y que todo el mundo la vea, lo que hace que se ponga muy nerviosa. Tras las consabidas discusiones en las que tu señora te llama burro porque has dejado escapar un par de sitios en los que no cabría ni la bicicleta de un niño acabas en un puto parking de pago de esos en los que hay una lista que pone "minuto: 0,000000035.-€" pero da igual porque cuando llegas hay que sacar por lo menos un billete de 20.-€ por poco tiempo que estés (querido lector, no se nos han olvidado los signos de puntuación. Hemos querido que se ahogue al leer para que sienta mínimamente el estrés del que se habla).

Pero no todo termina con el aparcamiento. Usted habrá aparcado "a fer la mà" de la Iglesia y tendrá que desplazarse a pie con el consiguiente riesgo de caída de su señora desde los zancos donde se ha subido (hay tacones imposibles, créame).
Lo mejor de todo es que a todo el mundo le da por buscar una Iglesia en el puto centro histórico entre las callejuelas más recónditas ¿es que no hay Iglesias junto a un parking gratuito en la periferia?. Así que cuando se descuida se encuentra usted andando a resbalones a causa de las suelas poco gastadas de sus zapatos de vestir, y su señora haciendo equilibrios e intentando no dejar clavado el tacón entre los adoquines mientras les observa un selecto público de drogadicos, perroflautas y chatarreros, y unos niños familiarmente desestructurados casi le salpican mientras mean en medio de la calle.
Por fin llega a la plaza donde se encuentra la Iglesia y se entrega al saludo con una serie de personas que ve de boda en boda y de las que nunca se acuerda. Cuando llega el novio nadie le hace ni puto caso, pero cuando llega la novia todo el mundo comenta lo guapa que está y ellas opinan cual expertas acerca de la elegancia de su vestido. Sólo opinan ellas, puesto que los hombres sólo ven un simple vestido blanco, y si es muy escotado (lo cual daría para algún comentario masculino sobre moda) nadie dirá nada porque por una sola vez en la vida no es el momento. El novio sigue allí, pero como si no estuviera. Se reitera, ni puto caso.

La entrada.- A la hora de entrar en la Iglesia existen cuatro tipologías diferenciadas: 1.- El que entra y se traga la Misa entera: Salvo alguna excepción de fe católica normalmente se trata de los invitados más próximos, que se sacrifican más que nada para que los novios no se queden solos. 2.- Los tímidos: Se trata de aquellos que quieren largarse al bar, pero bien por vergüenza, bien porque no les deja su señora, bien por proximidad a los contrayentes, entran y salen constantemente de la Iglesia. Cuando salen se quedan en la puerta y aprovechan para hacerse un pitillo, y cuando se lo acaban entran de nuevo a dejarse ver. 3.- Los del Bar: Estos son los más listos; se hinchan a cervezas en un bar cercano mientras dure la Misa. Los más expertos suelen elegir un bar con vistas a la puerta para aprovechar sus cervezas al máximo. Huelga decir que es el grupo mayoritario. 4.- Padre con niño: Se trata d eun grupo muy especializado e imprescindible en cualquier boda: un niño se pone pesado en pleno sermón y su padre pasea por la nave lateral de la Iglesia diciendo "ssssssssshhhhhhhh" al niño que intenta escurrirse entre sus brazos. No se sabe la razón, pero siempre les cuesta salir de la Iglesia y sólo lo hacen en casos de plorera total e histérica de la criatura. Por cierto, siempre es el padre porque la madre está exenta de portar al nano en brazos para no estropear el vestido, y además algún día le tocaba librarse...

La Misa.- Lo primero que le viene a la mente a uno cuando se menciona la palabra Misa vinculada a una boda es el calor, el puto calor. ¿Por qué a todos los habitantes de Valencia les da por casarse hacia el verano? ¿Es que no conocen nuestro clima? ¿O acaso disfrutan torturando a sus invitados masculinos con la puta chaqueta puesta a 37º y una humedad relativa del 85%? Si una mujer lee esto no lo entenderá, pero si lo lee un hombre que ha asistido a una boda en dichas condiciones seguro que me da la razón. Y no se crean que quedarse fuera sirve de algo. De hecho hay quien entra en la Iglesia para que no le dé el sol... Generalmente la Misa es un coñazo, se hace demasiado larga y nadie escucha al cura.

La salida.- Una vez terminado el calvario los que supuestamente son más amigos de los novios aprovechan que estos se hacen fotos en el interior para repartir arroz a una muchedumbre sedienta de sangre, que lanzará los puñados con rabia para ver si con un poco de suerte cada grano de arroz le levanta la piel a alguno de los contrayentes.
La agresiva sesión de tiro de arroz continuará hasta que la novia se agobie tanto que le falte poco para llorar. Sólo entonces el filldeputa que más animaba a tirar fuerte y más salvaje se comportó se dedicará a gritar que paren ya, quedando él como un perfecto caballero. Filldeputa, pero caballero. Por cierto, én ninguna boda falta el cretino que vacía un saco de arroz en la cabeza algún ser querido. No comment.
Luego toca liarse a codazos con el personal para poder felicitar personalmente a los novios, que aguantan como pueden la sesión de besos y enhorabuenas con la esperanza de que acabe pronto. En esta fase siempre se adelantan las señoras mayores, unas auténticas profesionales del codazo y de colarse para felicitar a los novios antes que usted, así como de dedicar 10 minutos a la felicitación.

Tras la tradicional traca seguida del ulular de las sirenas de todos los coches y comercios de los alrededores todo termina, y la gente va desapareciendo para irse al banquete, pero eso lo contaremos otro día.

viernes, 1 de octubre de 2010

Mi corrupto favorito

Nada más fácil en este país que hablar de corrupción. La encontramos en toda España sin excepción, y se da en todos los partidos políticos, en la empresa, en los sindicatos, en las Administraciones Públicas, en los medios de comunicación, en las iglesias varias, en las asociaciones de vecinos, en las comisiones festeras y hasta en muchas organizaciones del viaje de fin de curso.

Otra cosa es que haya quien sólo ve la corrupción en el pepé o el pesoe, siempre con carácter excluyente. Esto obedece a los planteamientos sectarios de los dirigentes y medios de comunicación y a la tontería de más de un ciudadano que se cree lo que le cuentan sin darse cuenta de que no es más que un instrumento al servicio de ellos, que lo manejan cual títere.

Pero bueno, hablar de dineros y tramas corruptas está más visto que el tebeo, así que me centraré en otra cuestión: la búsqueda de mi corrupto favorito. Para ello me olvidaré del partido político o de cuánto robaron, y me quedaré con ese detalle tragicómico que hace del corrupto un caso único.

Así, sin profundizar mucho me salen algunos candidatos que han hecho méritos incuestionables:

1.- Luis Roldán: Por aquella cutre-orgía en calzoncillos sucios en un putiferio de mala muerte, grandiosa historia por cierto. Hay que reconocer que ese toque Torrente-brazo-tonto-de-la-ley de organizar la orgía más cutre posible tras haber robado ciento de millones tiene su gracia. Pero no. Un tío que tras robar tanta pasta no es capaz de organizar la orgía en un club Play-boy no merece ser mi corrupto favorito.


2.- Juan Antonio Roca: Que por cierto ahora mismos estará en pleno juicio sentadito en el banquillo de los acusados por el caso Malaya. A éste lo escojo por colgar un cuadro de Miró en el baño. Reconozco que este tío es todo un profesional, pero eso de colgar un cuadro de Miró en el baño. tiene un toque chabacano de nuevo rico hortera que no me termina de convencer. No. No merece ser mi currupto favorito.



3.- Félix Millet: Aprovechar la presidencia del Palau de la Música y de la Fundación Orfeón Catalán para robar a mansalva está muy visto. Cargar a la institución todo tipo de gastos personales, incluyendo viajes de lujo familiares y todo tipo de caprichos, también. Celebrar por todo lo alto la boda de su hija con cargo a los presupuestos públicos del Palau tampoco tiene tanto mérito.
Pero cobrar a los consuegros la mitad de la boda cuyos costes le ha mangado al erario público sólo está al alcance de unos pocos, de los auténticos profesionales, de los adalides de la sinvergonzonería y la caradura. Qué quieren que les diga. A mí eso de que le cargue a los fondos públicos el coste de la boda y que la celebre en el propio Palau que preside no me llama la atención, que ejemplos de ese tipo hay muchos por toda España. Pero lo de cobrarle a los consuegros la mitad de una boda que él no paga es sublime, es el summum. Sobre todo cuando los consuegros tuvieron que recortar invitados porque no les llegaba. Este tío es un crack, es un auténtico profesional, es... ¿se imaginan la cara de gilipollas que se le debió quedar al os consuegros tras enterarse de que el fulano les sacó miserablemente la pasta?.

Sí. Sin duda Félix Millet es mi corrupto favorito.