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viernes, 27 de agosto de 2010

Eligiendo dieta

Pues sí señores. Si han leído el post anterior sabrán que cuando me miro en el espejo sólo veo un cuerpo escombro, así que comprenderán que me voy a tomar en serio esto de la dieta. Y como es natural lo primero es elegir la dieta adecuada.
Miro en el "internete" para ver qué posibilidades hay. Olvídense, y si no me creen vean las dietas que he encontrado. A ver quién es el guapo que las sigue:

-Dieta del bikini: A base de ensaladas o algo así. Pero vamos a ver... yo no pretendo ponerme un bikini, y mucho menos alimentarme de alfalfa varias semanas.
-Dieta de la fruta: 1,5 kg diarios de fruta. ¿Pero se han creído que soy un elefante?
- Dietas catogénicas: Suena muy bien eso de "catogénicas", pero yo no lo pruebo por si acaso.
- Dieta para mejorar la sexualidad: ¿Dónde? ¿Cuándo? Pues va a ser que no. Porque una dieta sólo de marisco es cara de cojones y porque mi señora me ha dicho que lo que mejorrrá mi sexualidad es que pierda 15 kilos.
- Dieta rastafari: ¿Dieta macrobiótica? y un cojón de pato. Seguro que consiste en fumarse varios petas al día.
- Dieta de Atkins: Basada en la grasa... pero si la llevo siguiendo mucho tiempo y es precisamente lo que me ha hecho engordar.
En fin, uno encuentra la dieta de las alcachofas, de los melocotones y de cosas así. Pero joder... ¿el precio de adelgazar es comer 36 melocotones al día? Si hago eso me suicido directamente, así que busco otras opciones.
Otra opción es la dieta que siguió Juan Al, que pasó de ser uno a medio en sólo unas semanas. Pero claro, para eso primero tengo que lesionarme jugando al rugby (y ya estoy mayor para eso), y luego un cirujano loco me tiene que desmontar como un mecano para volverme a montar, para luego comer sopa durante dos meses. Parece que da resultado, pero paso.

Le propongo a mi señora seguir la dieta de la cerveza, pero una simple mirada sobra para que deje de lado la idea. Sigo buscando y hago un nuevo intento proponiéndole a mi señora seguir la dieta del cucurucho, pero simplemente me manda a la mierda.
Finalmente es mi señora, como es habitual, quien viene con la solución: el teléfono de una dietista o algo así. Ya veremos con qué me encuentro.

PD: Para qué les voy a engañar, lo que más me fastidia es que seguro que la dietista no me indica que la dieta adecuada es la dieta del cucurucho.

0,1 toneladas


Nunca me ha obsesionado el físico y siempre he llevado mis lorzas con naturalidad.
Sin embargo algo ha cambiado este verano. La cosa empezó cuando el pantalón comenzó primero a apretarme y luego a no poder abrocharse. No le di demasiada importancia.
Tampoco le di mucha importancia a que las mujeres dejaran de mirarme con lascivia, ni a que me doliera un poco la rodilla operada, ni a que me cansara por subir dos escalones. Incluso me tomé a coña el hecho de que mi señora pasara de llamarme cariño a llamarme gordito, eso sí, cariñosamente.
Pero llegó el verano y me he ido de vacaiones por Europa. En Francia me inflé a todo tipo de platos mantequillosos con una enorme platerá de quesos ultracremosos en el postre. En Bélgica me calzaba varios gofres diarios y bebía diariamente en cerveza dos veces el peso de mi cuerpo. Y para rematarlo ayer, nada más llegar, me calcé un all i pebre para varias personas como si fuera el mismísimo Demis Roussos de los 70.
El caso es que ayer mi señora no me llamó gordito, sino gordo. Y además sentí poco cariño cuando mencionó el apelativo. Así que me senté un momento y pensé ¿será verdad que estoy gordo?.
Para comprobarlo empíricamente esta mañana me he desnudado y me he plantado frente al espejo. La cara más redonda que en las fotos de hace un par de años puede que quiera decir algo, pero me resisto a sentirme gordo por tal chorrada. Vale, las tetillas de buda no deberían ser normales en un bello y atractivo cuarentón moderno. Y sí, que un enorme michelín tape mi ombligo puede ser un dato importante. Pero qué carajo, son sólo unos kilitos de nada.
Miro hacia abajo y... los güevos no se ven. Noooo, no piensen que los tengo pequeños, que me precio de ser de cojón prieto y peludo. Antes de llegar a conclusiones contrarias a mi hombría piensen que si no me veo la zona testicular es porque una inmensa pancha del tipo "jomersimpson" se interpone en el campo visual entre mis ojos y mis zonas nobles.
- "Baaaaah, bobadas"- pienso. - "Son unos pocos kilitos de nada-" me reafirmo. Y decido que sólo las matemáticas pueden darme un dato fiable. Sólo los números objetivos pueden darme la respuesta. Así que decido subirme a la báscula que todos los baños españoles tienen y que pocos hombres usan...
Me subo a la preciosa báscula digital y un baile de números se mueve rápidamente hasta que... repentinamente... se para en una cifra exacta: 100 kg. "-No puede ser-" pienso. Y me vuelvo a subir. Nada, 100 kg otra vez. Me froto los ojos. Lo intento una tercera vez, pero la báscula es tozuda e insiste: 100 kg.
Me giro de nuevo hacia el espejo y la inicial incredulidad me lleva a la realidad: El muñeco de Michelín me mira desde el espejo, se convierte en un luchador de sumo y luego pasa a un buda.
¿Cómo es posible...? ¿Que cómo es posible? !!!Imbécil¡¡¡ Es que pesas 100 hilos. !!!!!!100 kilos=0,1 toneladas¡¡¡¡¡
Joder, es que peso 0,1 toneladas métricas.
A grandes males grandes remedios. Mañana me pongo a dieta. Ya les contaré.