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lunes, 14 de junio de 2010

Revisión médica (El hechicero)

Hace unas semanas asistí a la cena del 25 aniversario del COU, de la que tal vez algún día escriba en este humilde blog. Como es natural allí se trajeron a colación muchos recuerdos de la adolescencia, compartidos con las chicas, y de la infancia, compartidos sólo por los chicos por cuanto en mi cole el egebé era unisex.

En uno de los corrillos de chicos en que recordábamos historietas de los 70 alguien mencionó una palabra que hizo reaccionar a la zona del cerebro donde se ubican los recuerdos más profundos y olvidados. Mi colega habló del hechicero.

El hechicero era el médico que había en la enfermería del cole. Le llamábamos así porque tenía una extraña pinta entre indio y moro y de él se contaban extrañas historias. Recuerdo una leyenda según la cual entablilló el dedo roto de un niño con el palito de un polo de 5 (¿recuerdan los lectores cuarentones los polos de 5?). Lo cierto es que es algo que está por demostrar, pero ahí está la leyenda.

Lo primero que debe entender el joven lector (al cuarentón no le hace falta) para comprender la historia es que estamos hablando de los años 70. Y en los años 70 la pinta de los niños y el nivel de las instalaciones escolares de un colegio pijo eran comparables a los de la Albania de Hoxha.

La enfermería era pulcra y funcional. Tenía cierto parecido a las instalaciones hospitalarias de las pelis de la I Guerra Mundial, con su mobiliario de hierro pintado en blanco, el alicatado color verde quirófano, mesas con extraño instrumental, y una lámina del cuerpo humano que debía datar de la época de estudiante de Ramón y Cajal.

Cuando tocaba la revisión médica anual nos metían a toda la clase allí juntitos (éramos 40, cosas de los años 70). Te iban llamando por orden de lista entre las risas de los compañeros y las broncas del hechicero, y te iban haciendo las distintas pruebas. No sé por qué, pero en el recuerdo nos centramos en 3 pruebas concretas:

1.- El oído: Olvídense del instrumental de usar y tirar. El hechicero utilizaba una trompetilla metálica que te metía por el oído para ver qué carajo encontraba dentro. Y cuando digo una es que era una, pues usaba la misma para todos. Esto me ha servido para demostrar que la sordera no se contagia, porque la trompetilla pasó por el oído de uno que estaba como una tapia y los demás niños seguíamos oyendo con normalidad.

2.- La vista: El hechicero nos daba un cartón duro mugriento para taparnos un ojo y nos decía “tápese el ojo sin presionar el globo ocular”. No sabemos por qué pero todos recordábamos la frase perfectamente. Ya con el ojo tapado llegaba el momento de adivinar las letras. Pero lo mejor de todo es que a veces nos hacía leer un librillo con un texto que comenzaba con una letra diminuta que iba creciendo párrafo a párrafo y… ¡!!!!más de 25 años después un antiguo alumno recordaba de memoria el final del texto¡¡¡¡¡¡¡. Cuando el amigo soltó la frase a todos los presentes en el corrillo nos afloraron recuerdos que llevaban olvidados más de 30 años: Los párrafos son copiados del libro de Daza de Valdés. Sigo impresionado.

3.- Los rayos X: Últimamente cuando por alguna razón me he tenido que hacer una placa me han metido en una habitación aislada y el médico ha salido de allí haciendo cuerpo a tierra bien lejos de la exposición. En la revisión médica de mi colegio en los 70 no. Nos metían a toda la clase juntita con el torso desnudo en la habitación oscura e íbamos pasando uno tras otro comiéndonos todas las exposiciones, 40 placas de tórax en una hora. Se recordó al hechicero echándonos la bronca cuando armábamos follón en la oscuridad. También se recordó que nos hacía poner en la boca la medalla (entonces casi todos llevábamos la medalla de la Comunión o del Bautizo). Siempre había alguno que aflojaba la boca en el momento justo para que la medalla cayera sobre su pecho al hacer la exposición. Las placas con una medalla colgando eran las más preciadas, y los cabreos del hechicero se asumían con una risotada general.

El hecho es que ahora nos preguntamos por qué con tanta exposición infantil a la radiación todos los de mi curso no despedimos por la noche una radiación verde fosforita. En cuanto al hechicero no sé que habrá sido de él. Pero teniendo en cuenta que estaba presente en las revisiones médicas anuales de todo el colegio con la placa de rayos x correspondiente, imaginamos que cada vez que iba al baño alguien recogía sus deshechos para usarlo como combustible en Cofrentes y en Almaraz. Fijo que sí.

3 comentarios:

Juan Al dijo...

Que se haga ver los cuernos el hechicero si después de tanta radiación tiene hijos.

PD. Pues en el cole nos midieron los huevos en una revisión. Todos pasando por la manos de una estilo Gertrudis con un par de pinzas de acero... a todos se nos encogieron

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, felicitaciones desde Panama!

Anónimo dijo...

Felicitaciones, muy interesante el articulo, espero que sigas actualizandolo!