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lunes, 14 de diciembre de 2009

Diario de un convalenciente: En el vestuario

Ya llevo varios días y estoy empezando a cogerle el tranquillo a las pesas. Pero hoy es mi obligación hablar del vestuario. Se trata de un lugar amplio y luminoso en el que se suceden una serie de pasillos flanqueados por las taquillas donde se guarda la ropa.

Para mi desgracia el vestuario no es unisex, así que por allí sólo pululan tíos. Se trata de unos tipos extraños. Casi todos son bajitos, y de hecho miden más de ancho que de alto. Muchos de ellos llevan la cabeza rapada y casi todos van depilados y portan algún tatuaje. Los hay que llevan algún detallito en la espalda o en el pecho, pero hay otros que tienen escritas en su vientre o en los riñones frases sobre el éxito y el esfuerzo, o letras chinas en cuello o espalda. Unos flipaos, vamos.

Cuando estos sujetos se encuentran en el vestuario se saludan efusivamente, chocando las manos con tal fuerza que se oye splasssssshhhhhh, y luego se dedican a conversar voz en grito acerca de sus conquistas de fin de semana con gran finura y respeto, con frases irreproducibles aquí sobre si se tiró a una o la otra era una zorra. Muy educativo. Cuando ya todos nos hemos enterado de lo grandes folladores y misóginos que son se quedan contentos y se meten en la ducha.

Esto de la ducha merece un capítulo aparte: se desnudan y se dedican a pasearse en pelotas por el vestuario sin el más mínimo recato. Pero lo más curioso es mirarlos desde arriba hacia abajo. Primero un cráneo rapado y hueco, luego un saco de músculos con la piel perfectamente bronceada y depilada, y luego…. pues luego los testículos de un niño, porque todos ellos llevan los cojones perfectamente depilados. Resulta curioso ver a tipos musculosos que salen de la ducha y te ciegan con el brillo que reflejan sus cojones depilados.

Qué quieren que les diga. A los que nacimos en los 60 y somos de cojón prieto y peludo esto de depilarse nos parece una mariconada. Por eso en ese vestuario me siento tan sólo, porque allí estoy yo con mi piel color ala de mosca, con mis lorzas, mis tetillas de buda... y con mis cojones prietos y peludos, como son los cojones de toda la vida. Y por eso cuando veo cerca a alguien que como yo sólo va allí a ponerse un poco en forma y que tiene pelos en los güevos nos miramos con complicidad. Y con nuestra mirada cómplice y sin hablar nos preguntamos qué cojones hacemos allí rodeados de niñatos descerebrados que creen que afeitarse los güevos es lo más guay del mundo. Así está la cosa…, por eso ahora me sorprende menos que exista la fauna que sale en la tele en Gran Hermano y programas similares.

2 comentarios:

Juan Al dijo...

¿pero algunos se los depilan a la cera a base de estirón???

silver´s moon dijo...

ups!! que dolor! espero que no sea con cera, porque si ya sufrimos las mujeres con las ingles no me quiero imaginar lo que tiene que doler eso!

wuass... repelús me da de pensarlo

Feliz semana