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domingo, 27 de diciembre de 2009

Diario de un convaleciente: Espínin

El médico y el fisio me recomiendan hacer mucha bicicleta para recuperar mi rodilla. Pero la vida moderna te da poco tiempo, así que un listo me ha aconsejado el espínin: “haz spining”, me dice, “te metes caña en una hora y si no te agotas siempre puedes bajar el ritmo sin caerte ni que te atropelle un coche”.

Y como mi gimnasio tiene unas instalaciones cojonudas y, entre ellas, una sala de spining muy vacilona, allá que me voy a hacer espínin…

Inocente y pardillo me acerco a la sala de spining unos minutos antes de que comience la sesión, pero allí hay un tumulto tremendo de gente que se pelea por un puesto en la clase. Se comportan como refugiados cuando se reparte el pan, se pegan codazos y discuten. En eso llega al monitor con una lista y comienza a llamar uno a uno al personal. Una serie de psicópatas equipados como si fueran a subir el Tourmalet van entrando en la clase, no sin discutir acerca de si yo me había apuntado antes que Pepito y a él lo llamas primero. Se les va la vida en ello. La clase se llena y el único idiota que no se apuntó se queda fuera. Como el idiota soy yo me piro del lugar.

Al día siguiente me apunto a la clase de las 19:00 llamando por teléfono al gimnasio tal y como me han indicado. Llamo a eso de las 8:00 de la mañana, después de desayunar. Seguro que soy el primero, pienso.

Diez minutos antes del inicio de la clase me persono en el lugar. Los mismos piscópatas del día anterior se agolpan allí nerviosos como si fueran drogatas con el mono prestos a conseguir su papelina y desesperados por chutársela. A esta peña le pasa lo mismo, sólo que tienen mono por subirse a la bici.

Comienzan a leer la lista y a mí no me mencionan. Cuando dicen mi nombre resulta que soy el nº 47 y entro en la clase por los pelos. ¡!! Dios mío, pero si llamé a las 8:00 de la mañana¡¡¡, ¿acaso estos psicópatas pasan la noche sin dormir para llamar antes que nadie? Me lo imagino con los ojos rojos llamando a las 6 de la madrugada y sintiendo un placer orgásmico al conseguir su puesto en primera fila en la clase.

Me subo en la bici y me siento un pringado. Y les explico por qué: yo llevo un pantalón tipo bermudas, unas zapatillas de deporte mondas y lirondas y una camiseta que me regalaron hace un tiempo que pone verdulerías no sé qué. Pero esta peña va en serio. Todos portan culottes y mayottes que ni Indurain. Al verte allí te crees que están en medio del pelotón del Tour de Francia. Ríase usted del Astana, el Rabobank y demás equipuchos profesionales. Lo digo en serio, los ciclistas profesionales son unos cutres al lado de esta gente.

Comienza la clase. Ponen una música horrible a toda pastilla y el monitor dice cómo y a qué ritmo hay que pedalear. La gracia del invento es hacerlo al ritmo de la música. Pero joer, es que ponen una música que no aguantarían ni los del Gran Hermano por hortera y chabacana. Con eso está todo dicho.

Te hacen ponerte de pie, sentarte, pedalear rápido, pedalear duro… a los 10 minutos sudo como un cerdo. Y no soy el único. Un tipo que está delante forma un charco a su alrededor.

Ponen una canción de ésas que son para matar a su autor y a quien lo escucha, pero se ve que gusta a estos psicópatas. Así que se ponen a gritar ¡!!uhhhh uhhhh¡¡¡ al estilo José Luis Moreno. También aplauden y se contornean de un lado a otro encima de sus bicis con los brazos en alto. El único que no sigue el juego soy yo, el pringado, el marciano, el débil. Pero qué quieren que les diga, ellos estarán muy conjuntados y resistirán el ritmo, pero estoy empezando a pensar que además de psicópatas son una panda de gilipollas.

La clase avanza y yo no puedo con mi alma, así que miro a mi alrededor mientras ellos van a lo suyo. La sala está rodeada de espejos en los que mi ominosa pancha se mece de un lado a otro. Para no acomplejarme miro los escotes, que de algo tendría que servir que las tías espineras vengan con unos escotes de escándalo a hacer bici, ya ves tú. Mientras ellos pedalean yo me entretengo pensando. Y viendo los escotes empiezo a tener claro que en este gimnasio no aceptan tías no operadas. Porque no es normal que todas tengan las tetas enormes y que a ninguna se le muevan por muchos saltos que dé.

La clase termina y todos están chopados como si salieran de la ducha. No sé si esto será bueno para mi rodilla pero desde luego sudar se suda un güevo. Yo salgo muerto, algunos salen cansados y varias psicópatas, -porque todas son mujeres-, salen corriendo para meterse en la clase de al lado donde se incorporan a una sesión de step o algo así y comienzan a dar saltos como locas. Al verlas uno no sabe si sorprenderse de que estén tan enfermas con el deporte, de que aguanten el ritmo, o de que no se le muevan las tetas.

Finalmente pienso que me duele tanto la cabeza con esta mierda de música que ponen que no creo que vuelva. Además, no pienso levantarme a las 4 de la mañana para pillar sitio.

1 comentario:

V Molins dijo...

Ausencia de movilidad mamaria en las clases de step. Ya tardas en marcarte una disertación. Tu público está interesado.