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jueves, 3 de diciembre de 2009

Diario de un convaleciente: En el gimnasio

Por fin llegó el día en que el médico me dirige más de 3 palabras seguidas. Sus palabras son “por mi parte ya no le voy a dar más volantes para rehabilitación, pero siga usted rehabilitando en el gimnasio”. Pego saltos de alegría al saber que no veré a Gustav nunca más y, como quiera que mi objetivo primordial es recuperar mi pierna, por fin me decido a apuntarme al gimnasio.

El gimnasio es pulcro, limpio, grande y moderno, del tipo multinacional. Lo he elegido porque está cerca de casa y porque tiene piscina, algo esencial para mi recuperación.

Llego mi primer día, me cambio y me dirijo a la zona de aparatos. Allí recibe al personal un fulano mazas cuyos brazos tienen el diámetro de mi culo (y eso es mucho, oiga). El fulano mazas me pregunta que cuál es mi objetivo. “Recuperar mi pierna” le contesto. Entonces él me mira con aire sobrado y afirma “tienes los hombros huecos”. Me contengo. Cuento hasta 10, pienso “más o menos igual de huecos que tu cerebro, ciclado de mierda”, y le contesto “ya, pero yo vengo por mi pierna”. (Nota: recuerden que a veces es mejor no decir lo que uno piensa, sobre todo si el tipo te puede encalar de un hostia).

Entonces el mazas, que se supone que sabe del asunto, me entrega una lista en que pone cosas de este tipo: “prensa 3x12” ó “press machine 3x8”. Cuando le pregunto qué carajo es eso de press machine y de prensa me mira como si mirara a un subnormal y me explica de qué máquinas se trata. Luego se desentiende de mí y se pira a hablar con otros ciclados sobre técnicas de combate, proteínas de bote y otros aspectos intelectuales.

Antes de comenzar miro a mi alrededor: diversos mazas ciclados levantan toneladas de pesas al tiempo que gesticulan y profieren todo tipo de gritos. A mí me da la impresión de que sólo pretenden que les miremos cuánto levantan, pero es que soy muy mal pensado. De vez en cuando aparece una tetona y entonces los mazas se apresuran a lanzarse contra el espejo (toda la pared es un enorme espejo) para hacer posturetes y tensar músculos. La tetona no parece impresionarse mucho cuando un deltoides se tensa y aparenta ser un balón de fútbol, y sigue a su marcha haciendo lo posible porque el escote no se le suba y alguien pueda no darse cuenta de que sus melones desafían la Ley de la Gravedad, que ya que se pagan se enseñan.

Me olvido de todo ese mundillo de Real Academia y me enfrento a la primera máquina. Me siento en ella. Meto 50 kilos e intento estirar mis piernas. Nada. Bajo a 45. Nada. Bajo a 40 y a duras penas muevo un poquito. Meto 35 y me da para dos repeticiones. Meto 30… mejor 25. Hago mis 12 repeticiones al tiempo que me da la impresión de que me voy a cagar del esfuerzo. Salgo de la máquina tambaleándome y casi sin poder andar. Entonces llega la mencionada chati con sus dos enormes melones siliconados pero con unas piernecillas de alambre. Se sienta con naturalidad en la misma máquina de la que me acabo de levantar, y con una sonrisa sardónica cambia la posición de 25 a 90 kilos para a continuación realizar 50 repeticiones sin enterarse. Me frustro y me largo al vestuario.

Mañana será otro día aunque la pierna será la misma.

5 comentarios:

Juan Al dijo...

jojojo pues que vaya con cuidado la siliconada no vaya a ser que se le luxe la prótesis de tanto darle a las pesas

Picadillo dijo...

Ja, ja, ja... pues ya sabes, misión, llegar a los 90 kilos.

silver s moon dijo...

Jajjajaja, la siliconada seguro que en realidad es un rambo disfrazado.

Un beso

Anónimo dijo...

Fíjate bien en las orejas de los " vigorosos chicos de los músculos hipertroficos, veras que por la horma de la oreja se les sale el anabolizante de turno y parte de una nuez que es el cerebro.

Vicente Almagro

JL dijo...

La próxima vez, en vez de 25 kg., levante a la tetona...sin brazos...