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martes, 8 de diciembre de 2009

Cenas de empresa (llega el terrorífico momento)

No sé si pasará en todo el mundo, pero en España sí que pasa. Y lo que pasa es que la sociedad española se mueve a base de impulsos que se repiten año tras año. Hasta hace poco tiempo esos impulsos se basaban mayormente en costumbres ancestrales donde lo que importaba era comer y beber. Pero desde hace un tiempo estamos importando bárbaras y ridículas costumbres desde los Estados Unidos en las que no es tan importante comer y beber sino hacer el gilipollas. Me refiero a constumbres tales como ir a Eurodisney, el jalouin de los cojones (lástima que se me escapara un post sobre tan señalada fecha, tal vez el próximo año) y, en estas fechas prenavideñas, las cenas de empresa.
La primera palabra que me viene a la mente con las cenas de empresa es la palabra timo. Y lo digo porque en esas fechas hacen su agosto en plan caradura todos los restaurantes de la ciudad. No se hagan los inocentes, ustedes saben que esa noche se cena como el culo a precios de lujo. Y todo porque esa noche hay que salir a la cena de empresa por cojones, porque así tiene que ser, que para eso se ha impuesto la moda desde hace pocos años.
El caso es que sales esa noche a cenar y todo está a parir. No se puede aparcar, no se puede andar por la calle, casi ni se puede entrar en el restaurante. Y allí dentro mesas kilométricas con un puto mantel de papel están apelotonadas, de tal forma que los respaldos de la silla de una empresa chocan con los de la otra.
Una vez sentados comienza una mala cena con productos de pésima calidad y un lamentable servicio. Pero… ¡!!!ayyy amigo¡¡¡¡¡, en la mesa hay abundantes jarra de sangría y/o vino barato que la peña bebe con ganas. Y cuando te descuidas aquello es un enjambre de gritos y jolgorio donde ni cenas ni hablas. Sólo gritas, chillas y te ríes no sabes de qué.
En estas cenas es básico que antes del postre un capullo saque los gorritos papanoelescos para que sus no menos capullos compañeros se lo pongan. Cuando te descuidas todos los comensales llevan el maldito gorrito papaloenesco, porque en todas las empresas que se apelotonan en el restaurante hay un capullo que saca los gorritos y otros no menos capullos que se los ponen.
Cuando ya todo el mundo anda haciendo el ridículo con el gorrito de marras los chillidos, el humo del tabaco, el jolgorio y el ruido forman una amalgama ininteligible e insoportable. Aún no entiendo cómo es posible que en ningún lugar de España algún camarero no haya asesinado a todos los comensales. Tal vez sea porque afortunadamente yo no soy camarero, y no es cuestión de estar yo allí con mi puto gorrito haciendo el memo y querer matar a los demás por hacer lo mismo.
Tras el café y la copa la cosa ya desbarra bastante. La mojigata secretaria anda dándose morreos con el de contabilidad, el jefe le mete mano bajo la mesa a la jefa de recursos humanos mientras ésta habla con su marido por el móvil diciéndole cariño acuesta ya a los niños que llegaré tarde. Una estampa normal en la vida moderna, vamos.
Cuatro comerciales animan a una administrativa a que suba a la mesa y haga un “estrip-tís”. Dan pena gritando allí con sus gorritos de mierda. Es que lo pienso y veo a 4 Arturosvalls de Cámera Café (nunca se ponderará lo suficiente lo clavado que está el personaje de comercial cretino que hace el bueno de Arturo Valls).
Cuando los camareros llevan ya hora y media intentando infructuosamente que todos los capullos (y capullas, oiga) abandonen el local, se hartan y comienzan a bajar la persiana. Sólo así consiguen que la peña se largue. Y entonces comienza una nueva fase de descontrol en la que más de uno se lía con más de una. Más de uno y una se olvidan de todo al día siguiente, pero también más de uno y una no llegan casados a la cena del siguiente año, entre ellos la jefa de Recursos Humanos, que encima cambia de empresa.
Cuestión aparte es el extraño comportamiento humano: los tíos les dice a las tías cosas que jamás les dicen a sus mujeres, y éstas luego hacen con ellos en la cama cosas que jamás les dejan hacer a sus maridos. Pero es éste un tema demasiado profundo para un blog irreverente y superficial como éste.
Y así es y será año tras año, en el que desde los USA se ha establecido una cena prenavideña para el despelote de la empresa, para que los hosteleros compensen las pérdidas del resto del año, y para que las parejas vayan rulando.
PD: Lo mejor de todo es que estoy seguro de que los mismos capullos del Comité escolar de Cataluña que querían que se eliminara Vacaciones de Navidad para decir Vacaciones de Invierno se reunirán en su cena correspondiente y harán y dirán las mismas gilipolleces de los días de trabajo, pero con sus gorritos papanoelescos en la cabeza. Lo que no sé es si la llamarán cena prenavideña o cena preinvernal, que la gilipollez da para mucho.

3 comentarios:

Juan Al dijo...

Inenarrable cuando el jefe de turno se pone el gorrito de Papa Noel cada mes de diciembre... y espérate a después de Reyes para ver lo que le ha encabronado el gorrito de marras

Mileidi dijo...

¿Puedo ir a tu cena de Navidad? La mía es aburridísima y no pasan esas cosas.

silver´s moon dijo...

Que razón tienes.... con lo del gorrito claro, y si no es el gorrito son pelucas pero algo hay que ponerse en la cabeza, que "pa eso es navidá".

Ahora los sripteese y las meteduras de manos brillan por su ausencia, a Dios gracias!! bueno, ahora recuerdo que en una cena de hace 3 años, una compañera con una meopea del copón se enrrolló con un compañero que estaba igual que ella. Antes de que se les pasara la resaca ya se habían arrepentido jajajaja.

En vista del éxito obtenido no se ha vuelto a repetir