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jueves, 19 de noviembre de 2009

Diario de un convaleciente: Toreando a Gustav

Desde que le llamé cabrón, Gustav me persigue. De nada han servido mis excusas, ni que le dijera que aquella palabra la dijo el dolor y no yo. Por eso he tenido que aprender a torearlo.
La maniobra es sencilla: como las horas de rehabilitación se pillan de una forma un tanto desordenada y en cada hora cambian de torturador, me lo organizo para ir a la sala de torturas cuando no le toca a Gustav. De este modo mi verdugo es la froiland, que siendo dura cual atleta de la extinta RDA no alcanza los niveles de sadismo del amigo Gustav.
Cuando entro en la sala normalmente salen las víctimas renqueantes del turno anterior, la mayoría cojeando más por las torturas que por la lesión que padecen. Junto a ellas el torturador saliente se cruza con los que entramos al siguiente turno.
Cuando sale Gustav y me ve entrar me lanza sonrisas cínicas que acojonan y me dice cosas del estilo “¿quuuueeé, escaqueándote otra vez? Tú evítame, que tarde o temprano te tocará conmigo. Y cuanto más tarde peor para ti.” Dan ganas de echarse en sus brazos ante tan amables palabras.
Día tras día me dice este tipo de cosas, o me mira medio gruñendo. A veces hasta se oyen rayos y truenos tras él cuando me habla. Pero yo sigo toreándolo con elegancia y me entrego a la froiland, porque puestos a que te torturen siempre será mejor sufrir menos que sufrir más.

4 comentarios:

silver´s moon dijo...

Te imagino toreando a Gustav y me parto, casi te puedo ver mirándolo de reojo cuando os cruzáis jjaajja.

Espero que esa lesión vaya a mejor.

Un beso

Juan Al dijo...

jijiji cuidado no haya una Gertrudis que esté liada con Gustav

Anónimo dijo...

Macho eres mas quejica que los abuelos en los geriatricos, si al final nos quejamos de vicio, mira que somos rebuscados, ale que te mejores.
Vicente Almagro

Pkdor dijo...

@ Vicente Almagro:
Pues espera, que pronto te dedico uno a ti