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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Diario de un convaleciente: !!!!CABRÓN¡¡¡¡

Cada día lo tengo más claro. A Gustav, el verdugo que tengo asignado y que en realidad se llama Carlos, lo que más le gusta es doblarme la pierna.

Cuando me aplica los infrasonidos (¿o es ultrasonidos?) se queda fastididado, porque es una maquinita que me paso plácidamente por la rodilla sin el más mínimo dolor.

Cuando me mete las corrientes ya se le empieza a ver feliz, sobre todo si me quejo. Así que he aprendido a no decir nada y soportar estoicamente los calambrazos. Lo malo es que él se pica más y me espera con más ganas en la siguiente y más brutal tortura: forzar la flexión.

Cuando llega ese maldito momento Gustav me mira y me dice con una sonrisa que ni Jack Nicholson en el Resplandor "me toca doblaaaar la rodiiiillaaaa". Entonces me tumba en una camilla boca abajo y el muy cretino me dice que me relaje Obviamente el primer día me pilló relajado, pero los demás días ya sé lo que me espera y me pongo tenso como una tabla, cosa que parece no gustarle. Si fuera él el torturado ya veríamos.

Quien no haya pasado por esto tal vez no pueda entenderlo, pero la rodilla operada se atrofia y no se puede doblar o se dobla muy poco. Y la única forma de llegar a doblarla algún día es que un cabrón con mucha mala leche te la fuerce y te la doble con saña. Eso sí, no vean cómo duele.

En cada sesión Gustav me dobla con rabia y feroz ensañamiento la rodilla. Y yo sudo, me muerdo los labios, grito, me agarro a la camilla con las manos, vuelvo a gritar y aúllo de dolor. Y el verdugo dobla mi rodilla todo lo que puede y un poco más. En cada sesión ganamos un centrimetrito de mierda, pero cada centímetro me cuesta dolores insoportables y muchos gritos.

En una de las sesiones Gustav quiere ir demasiado rápido. Me dobla y me fuerza y yo grito como siempre. Apenas me percato de los gritos de dolor de los demás infelices ni de otros ruidos ni conversaciones. Sólo siento un insoportable dolor y le pido a Gustav que me dé respiro. Gustav aprieta más y yo le grito !!!aflojaaaaaa¡¡¡, pero él insiste en apretar.

Y es entonces cuando algo dentro de mí sale, cuando el dolor habla por mí y le grito sin darme cuenta !!!!CABRÓN¡¡¡. De repente se hace el silencio... toda la estancia se queda callada, verdugos y víctimas paran sus actividades, y todos miran aterrados a Gustav en tenso silencio esperando su seacción.

Gustav me la jura y a partir de ese momento soy para todos el que llamó cabrón a Gustav. Pero lo cierto es que se quedó tan sorprendido que aflojó.

3 comentarios:

Juan Al dijo...

jojojo espero que no se te joda un huevo per si de cas Gustav se dedica también a eso

silver´´s moon dijo...

Jajajajajaja, acabo de descubrir tu blog he leído unas cuantas entradas y me he divertido mucho.
Así que aquí tienes una nueva seguidora.

Un beso

Myles dijo...

ese Gustav es el de los libros de Sven Hassel?