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martes, 6 de octubre de 2009

Etapa 30: Hacia Marion (y los piratas)

Rumbo: E-E
Distancia a recorrer: 1.280 millas náuticas (2.373 km.)

Tras nuestra salida de las Kerguelen nos dirigimos de nuevo hacia el Atlántico con ganas de dejar atrás el Índico. Pero el clima en esta zona muy al sur del Cabo de Buena Esperanza es infame, con eternas nieves y vientos huracanados. Tras dos semanas de dura, fría e intensa navegación, decidimos hacer una escala en el Archipiélago del Príncipe Eduardo.
Ficha de las Islas: Archipiélago del Príncipe Eduardo
Ficha técnica: Mirad donde siempre: la wiki.
Pertenecen a: República Sudafricana
Habitantes: Deshabitada. Hay una base con algunos científicos tirados allí.
Curiosidades: Se compone de dos islas. La isla del Príncipe Eduardo (no confundir con la provincia fundacional del Canadá), y la isla Marion. La primera es pequeña, y la segunda es más grande. Pero por lo que he podido ver se trata de unas islas parecidas a las Kerguelen aunque más pequeñas. Esto quiere decir un clima infame, lluvia y nieve más de 300 días al año, y una humedad y unos vientos fríos y huracanados que hacen que no sea un destino ideal para las vacaciones de sol y playa.
Otro problema es que apenas hay playas o fondeaderos adecuados, de tal forma que la base se abastece por helicópteros porque allí no hay quien desembarque.

Todos estamos en cubierta mirando la costa de la isla en busca de alguna bahía o algún puerto natural donde desembarcar, pero no encontramos nada. Y entonces a alguien se le ocurre girar la cabeza hacia el mar y nos grita a todos para que también nos giremos. Atónitos observamos una enorme y extraña nube azul brillante que ocupa parte del horizonte.
De repente sale de la nube una sospechosa embarcación. Navega con rapidez pero es algo destartalada. Conforme se acerca aumenta nuestro temor e incredulidad. Y cuando vemos a unos negros desharrapados y armados hasta los dientes con pintas de piratas somalíes simplemente nos aterrorizamos. Porque aunque estés cerca de la Antártida si ves tipos con pinta de piratas somalíes seguramente es porque son piratas somalíes.
Si se te acerca esta peña ponte a rezar

Nadie puede explicar qué coño hacen unos piratas somalíes cientos de kilómetros al sur del Cabo de Buena Esperanza. Tal vez la nube azul tenga algo que ver en el asunto, o tal vez el triángulo de las Bermudas se haya desplazado hasta la isla Socotra y haya enviado la nube que nos ha traído a los piratas somalíes. El tema es que cuando ves a unos piratas somalíes pegándote tiros intimidatorios lo de menos es preguntarse de dónde han salido y sólo te preocupas de tirarte sobre la cubierta para evitar que te dé alguna bala.
Con toda la tripulación tirada en el suelo de la cubierta los piratas nos abordan, suben al barco y nos apuntan con sus armas. Nos dicen que somos sus rehenes y que al que se mueva lo enculan de inmediato, así que allí no se mueve ni Dios. Tras dos horas los piratas somalíes deciden que se aburren y que nos van a torturar. De nada sirven nuestros ruegos, pues nos atan en distintos lugares dispuestos a azotarnos y a torturarnos.
Un pirata somalí en modo simpático
Un pirata somalí en plan "uno me he cargao"

De repente emerge de la nube nuestra salvación, un enorme, bello y maravilloso buque de guerra. Porque cuando vienen a salvarte hasta los buques de guerra pueden parecer hermosos. El listo dice que es una fragata que seguramente estaba persiguiendo a los piratas hasta que la nube trajo a perseguidores y perseguidos hasta nosotros. En pocos minutos podemos ver de cerca el barco, es la Fragata “Talante” de la Armada Española. Al ver a nuestros compatriotas salvadores comenzamos a dar saltos de alegría mientras que los piratas ponen cara de preocupación.
De repente suena la megafonía del barco “Aquí la Fragata Talante de la Armada de Paz. Estimados piratas somalíes, por favor, sean tan amables de no molestar el barquito de nuestros compatriotas”. Los piratas se quedan alucinados ante tanta amabilidad y comienzan a pegarnos culatazos. El capitán del barco prosigue: “amables y amistosos señores piratas, de nuevo les habla la Fragata Talante de la Armada de Paz ¿serían tan amables de golpear con menos fuerza a sus rehenes?”; pero los piratas pasan de todo. Nosotros gritamos pidiendo ayuda y entonces se oye de nuevo el megáfono de la Fragata Talante: “amigos piratas, como capitán de la Armada de Paz les aviso que si siguen torturando a los rehenes nos veremos obligados a dispararles botes de humo, eso sí, les pedimos disculpas si lo llegamos a hacer”. Los piratas se descojonan, se parten tanto de risa que hasta dejan de golpearnos. De repente la Fragata Talante dispara su cañón, durante un segundo los piratas dejan de reír, pero cuando cae un botecito de humo sobre la cubierta siguen descojonándose.
Tan desesperada es la situación al ver que la Fragata no hace nada por nosotros que el mono se pone nervioso y comienza a gritar y pegar saltos subiendo rápidamente por el mástil. De repente cambia la simpática y moderada voz del megáfono de la Fragata Talante: “Atención, les habla la Fragata Talante de la Armada Española. Tenemos motivos para pensar que hay en su barco un mono que puede ser de una especie protegida. ¡¡¡Entréguenlo de inmediato o dispararemos!!!!”. Lo de Armada Española en lugar de Armada de Paz nos intranquiliza, así que gritamos que para liberar al mono antes nos tendrán que liberar de los piratas. Y estos siguen riéndose, aunque con menos intensidad dado el tono del aviso.
Tras dos avisos más acerca del mono la Fragata Talante nos lanza un obús del 14 que impacta a pocos metros del barco levantando una columna de agua impresionante. Los piratas comienzan a acojonarse. Nos lanzan un segundo disparo que además de levantar agua hace pequeños agujeros de metralla en el casco. Los piratas se acojonan, uno se mea encima, otro llora y todos comienzan a correr por cubierta pegando gritos hasta que se tiran desordenadamente por la borda, suben como pueden a su barcaza y se largan a toda velocidad perdiéndose en la nube azul, que engulle también a la Fragata Talante, devolviendo ambas embarcaciones a las costas de Somalia, suponemos.
Tras un rato de silencio decidimos abandonar aquella isla donde no se puede desembarcar, contentos de que el ecuatoriano que estaba a cargo del cañón no tuviera puntería y orgullosos de que la gilipollez patria sea exportada por todo el mundo.

- El viaje completo en este link.

1 comentario:

Juan Al dijo...

jojojo supongo que no pensarás pasar por Ecuador