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lunes, 14 de septiembre de 2009

Etapa 28: Hacia Heard y McDonald (la etapa más larga)

Rumbo: N-NO
Distancia a recorrer: 2.850 millas náuticas (5.279 km.)


Hemos salido de la Isla McQuarie dejando al Jefe de la Base científica desorejado, así que naturalmente no hemos cargado el barco de provisiones ni hemos llenado el depósito de gasoil. Pero somos marinos valientes y seguimos adelante… hasta que pronto nos arrepentimos.
Si navegar más allá del paralelo 55 en el hemisferio Norte puede ser muy duro, hacerlo en el hemisferio Sur es una labor casi suicida. El mar embravecido quiere engullirnos con cada ola, y el frío es intenso y aterrador. En poco tiempo nuestra situación es desesperada, pero estamos a semanas de navegación de cualquier ruta comercial, así que nadie podrá ayudarnos.
Tras varios días navegando el mar se llena de témpanos y la espuma de las olas se congela de inmediato convirtiendo la cubierta en una pista de patinaje. Como el gasoil se ha acabado no funciona la calefacción, así que la vida a bordo se convierte en una auténtica pesadilla. Los dedos de manos y pies se oscurecen con la congelación y los labios se tornan azulados por el intenso frío. El mono se queda inmóvil hecho una bola en un rincón y el francés no deja de tiritar susurrando “ba-a-ag-ag-co-co---d-el---a-a-a-mooog”.
Navegamos lentamente sorteando los témpanos y nos turnamos para realizar la labor más dura: subir al mástil para golpear las velas y deshacerse del hielo que se adhiere. No es labor baladí, ya que si se acumula demasiado hielo en las velas el peso cambiará el punto de gravedad del barco, con lo cual volcaremos y nos comerán los pececillos del fondo del mar. Al menos es lo que hacía Tristan Jones en su loco viaje en solitario por Groenlandia, y nosotros le imitamos por si acaso.
Las semanas siguen transcurriendo y apenas nos queda comida. Como todo se congela y no tenemos agua caliente no nos hemos duchado en todo este tiempo, aunque se trata de un problema menor, pues a 40 grados bajo cero no existen ni piojos, ni pulgas ni demás parásitos… alguna ventaja debía conceder el frío.
Pero si algo tan cotidiano como una ducha resulta imposible, otras cosas inevitables también son dificultosas. Cuando vemos un documental de fulanos locos perdidos en el hielo nos impresionan mucho con sus gestas, pero nadie nos cuenta cómo se las apañaba Amudsen para mear. Sacársela con 40 grados bajo cero y un viento del demonio te convierte la picha en mojama en cuestión de segundos, y llegas a pensar que jamás recuperarás la sensibilidad tras sentir un profundo dolor cuando la orina sale y te la calienta por dentro. Una vez terminas debes obviar la “sacsà” y meterla rápido para dentro, pues si se congela la última gotita te aparecen grietas y cortes en la puntita… y eso duele que no veas.
Y de cagar mejor ni hablamos. Cada vez que te bajas los pantalones tu cuerpo pierde casi todo el calor. Y además debes ser muy rápido, pues si se te congela mientras sale te puede quedar el culo como la bandera de Japón. Soy consciente de que el relato está entrando en un terreno escatológico poco agradable, pero lo cierto es que nadie nos cuenta estas cosas cuando nos habla de Amudsen, Scott o Shackleton. Y lo cierto es que alguna vez tendrían que mear o cagar en su camino hacia el Polo Sur.
Sin calefacción no hay calor interno en el barco, y como flotamos en una inmensa bañera de hielo todo se va congelando poco a poco. Las reservas de agua dulce se congelan, los botes de comida también, las cervezas revientan… afortunadamente disponemos de gas para calentar la poco agua y comida que nos queda. El agua que inevitablemente se acumula en la sentina está completamente congelada y aumenta la sensación de frío que invade todo el barco.
Al mes y medio no nos queda ni agua ni comida, así que tomamos medidas desesperadas. Comenzamos a recoger el hielo de las velas para derretirlo y beberlo y, con gran riesgo para el barco, echamos el ancla sobre un iceberg para cazar una foca dormida. Lo sentimos p0or la foca, pero es o ella o nosotros. El problema llega al destripar la foca, otra cuestión que no nos cuentan en los libros de aventuras: normalmente te dicen “cacé una foca la destripé y me la comí”… ya. Pero ¿qué hay de hundir el cuchillo en su vientre y que salgan las tripas y el estómago con una pestilente mezcla de pescado medio digerido y jugos gástricos?; de eso no nos dicen nada los libros de aventuras.
Cuando ya pensamos que no saldremos de ésta avistamos por fin las escarpadas costas de la Isla Heard:
Ficha de la Isla: Heard y McDonald
Ficha técnica:
Mirad donde siempre: la wiki. Aquí un enlace del gobierno australiano.
Pertenecen a: Australia
Habitantes: Deshabitada. Existió una base científica que ahora está abandonada.
Curiosidades: ¿A que nunca os habéis planteado cuál es y dónde está la montaña más alta de Australia? Pues ha llegado el momento en que vuestra vida adquiera sentido al conocer tan importante dato: el pico más alto de Australia es el Mawson Peak con 2.745 m de altura. Y está en la isla McDonald, en medio de la nada con un frío de cojones y a casi 4.000 km. de Australia. Así que difícilmente encontraréis excursionistas en esta montaña.
Junto a la isla Heard hay una isla mucho más pequeña, la McDonald. Pero allí sólo hay rocas y hielo.

Llegamos a la isla y desembarcamos en el punto de la costa en el que, según nuestras cartas marítimas, debe existir una base científica. Vemos a lo lejos la construcción y corremos en su dirección con la alegría de encontrar un lugar caliente y que nos den una comida decente. Pero cuando llegamos nos encontramos con una amarga decepción: la base está completamente abandonada y no hay ni científicos ni comida ni calor.

Esto es lo que queda de una antigua base científica

Cuando nos vamos a dar por vencidos el listo comienza a hacer astillas con los restos de la base y enciende un fuego que nos proporciona el calor suficiente para recuperar el impulso por seguir vivos.
Y tras consumir toda la madera disponible nos embarcamos de nuevo en busca de una isla donde podamos comer y calentarnos, pues en las islas Heard y McDonald no hay nada aprovechable.


- El viaje completo en este link.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Tetas grandes? ¡¡¡Al 3º!!!

Trabajo en un piso de alquiler en el centro de Valencia, concretamente en un 5º piso. El ascensor es pequeño, lento, viejo y caluroso, de tal forma que es inevitable quedarse cara a cara y a corta distancia de las personas que suben contigo.
El caso es que un buen día, al volver de unas gestiones de trabajo, compartí ascensor con una mamá discreta y una hijita tocha que guardaba en su escandaloso escote dos melones, -qué digo melones, sandías- descomunales. Imagínenme todo casto y virginal, con mi corbata y mi maletín, y con las dos sudorosas y enormes tetas de una joven rozándome la barbilla al ritmo de la respiración de la muchacha. Obviamente el tema fue objeto de animada charla entre mis compañeros de despacho.
En las siguientes semanas mis socios y yo mismo vivimos la misma experiencia en que una joven tetona, -cada vez era una distinta-, nos empujaba aun sin quererlo con su enorme pecho y nos apretaba la espalda contra el ascensor ante su acobardada madre hasta el tercer piso, mientras el resto del trayecto quedábamos solos aflojándonos el nudo de la corbata.
El tema de conversación en mi despacho obviamente era qué carajo pasaba en el tercer piso, al que casi siempre subían jovencitas de tetas imposibles junto a sus discretas mamás. Un buen día las compañeras de trabajo nos comentaron con desdén que en el 3º había un médico de cirugía plástica. Pensar que el susodicho médico es especialista en implantes de tetas y recibe suministros del mismísimo Silicon Valley fue pura deducción.
Ahora cuando espero el ascensor y entra en el portal un jovencita de pechos generosos ya no pregunto ¿a qué piso? y aprieto directamente el pezón, -perdón, quise decir botón-, del 3º. Hasta ahora ninguna me ha preguntado ¿cómo sabes a qué piso voy?, pero si lo hacen intentaré ser sutil y contestar “cuestión de tamaño”.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Etapa 27: Hacia McQuarie (los pingüinos y la oreja)


Rumbo: SO-S
Distancia a recorrer: 1.146 millas náuticas (2.123 km.)

Tras nuestra apresurada huida de Chatman fijamos rumbo SO-S con la intención de visitar las Islas Auckland, que se encuentran bastante al sur de Nueva Zelanda y pertenecen políticamente a este bonito y apartado país. Sin embargo pronto desechamos la idea de desembarcar y visitar estas islas. Por un lado en esta isla también suponemos que hay indígenas cortagüevos, y con un susto hemos tenido bastante. Y por otro no resulta serio que entres en Google para ver la isla, pinches en el enlace de la wikipedia que incorpora el propio Google, y te salga información sobre el partido judicial de Miranda de Ebro (provincia de Burgos). Para hablar de Miranda de Ebro no nos vamos a dar la vuelta al mundo en velero, así que dejamos atrás estas islas y nos dirigimos más al sur. Cada hora que pasa el frío se va haciendo más y más intenso, hasta que avistamos la Isla McQuarie.
Ficha de la Isla: McQuarie
Ficha técnica: Mirad donde siempre: la wiki.Pertenecen a: Australia
Habitantes: Deshabitada. Existe una base científica con unos 20 científicos comprobando empíricamente lo que es pasar un frío de cojones. Y si no os lo creéis mirad la webcam de la base AQUÍ.
Curiosidades: Al parecer en el s. XIX a alguien se le escapó un gato (sería más de uno para poder reproducirse) y luego unos cazadores de focas soltaron por allí conejos para poder alimentarse cuando volvieran. El problema es que los conejos se comían la flora local, así que en 1968 se introdujo un virus para acabar con ellos. Tanto se redujo la población de conejos que los gatos cambiaron su dieta y pasaron a comer pajarracos autóctonos. Así que ahora, para poder salvar la fauna y flora de la isla, hay que gastar un dineral para acabar con gatos y conejos. Al menos eso publicó la revista “British Ecological Society” en enero de 2009.

La Isla McQuarie es alargada, y antes de visitar la base científica en el norte, decidimos dirigirnos al sur para ver las colonias de pingüinos (a estas alturas preferimos la compañía de animales que de locos humanos).
En las costas de McQuarie hace frío y no hay brasileñas en tanga

Cuando desembarcamos vemos unos conejos comiendo hierbajos protegidos mientras unos gatos meriendan pajarracos en peligro de extinción. Espantamos a conejos y gatos salvando unas plantas que, agradecidas, nos deleitan con un olor nauseabundo, y a unos pajarracos que, también agradecidos, revolotean y cagan sobre nuestra cabezas. Cuando ya estamos pensando en cargarnos a los pajarracos nos olvidamos de ellos al encontrar una colonia de pingüinos con decenas de miles de individuos. Nos llama la atención que todos los pingüinos están ordenadamente sentados en corro, sin moverse lo más mínimo, y observando una especie de aparato. Cuando nos acercamos nos damos cuenta de que se trata de ¡¡¡un televisor!!!.

Tras la sorpresa inicial nos quedamos helados, y no precisamente por el frío, sino porque nos encontramos en el centro de una reunión de 20.000 pingüinos que están viendo “Los pájaros” de Hitchcok . Repentinamente 40.000 ojos, 20.000 picos, salen de su ensimismamiento y dejan de mirar la pantalla para mirarnos a nosotros.

En McQuarie los pingüinos no estan precisamente en peligro de extinción ("Foto: © Bruce Mitchell 2099”)
Tras diez tensos segundos todos empiezan a graznar y se lanzan a picotazos contra nosotros con el firme objeto de matarnos. Corremos, pero cuanto más corremos más picos perforan nuestras ropas y nuestra piel. El francés grita “mon dieu” y los demás lanzamos insultos y exclamaciones más soeces y castizas mientras los pingüinos nos atacan. Cuando ya nos damos por muertos nos damos cuenta de que no tenemos a Tipi Hedren, pero sí al mono, que lanza piedras a los pingüinos y consigue distraerlos mientras huimos hacia el norte con el objeto de refugiarnos en la base científica australiana.


La base científica no es un lugar que invite a tomar el sol

Los científicos se sorprenden al ver entrar a unos tipos sanguinolentos estando como están en una isla deshabitada. Cuando les contamos lo que ha pasado el jefe entra en cólera y se queja porque le hemos interrumpido un experimento sobre psicopatías ornitológicas… Llevamos años navegando juntos, así que una simple mirada basta para que nos lancemos contra el jefe y lo inmovilicemos. Nos ponemos a deliberar acerca de con qué película experimentar con el jefe: unos proponen “Holocausto Caníbal”, otros “Por detrás le gusta más”, y el mono propone “Reservoir Dogs”.

Y tras dar cumplimiento a nuestra venganza nos largamos de esta fría isla cansados y sanguinolentos, mientras los gatos dan cumplida cuenta de la oreja del jefe de la base científica.

- El viaje completo en este link.