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lunes, 29 de junio de 2009

Etapa 25: Hacia Mururoa (y los animales mutantes)

Rumbo: O-NO
Distancia a recorrer: 226 millas náuticas (419 km.)

Tras la precipitada huida de Mangareva todos agradecemos no haber sido aniquilados por Sebastien Chabal y lo celebramos cepillándonos casi todo el ron que nos queda. Con tanta huida alocada no hemos podido reponer gasoil, así que dependemos totalmente del viento para desplazarnos.
El cuarto día de navegación y en plena borrachera de ron empezamos a hablar de las hermosas playas y no menos hermosas mujeres que nos van a esperar en Bora-Bora y comenzamos a gritar "¡¡¡Bora bora!!!" una y otra vez mientras dirigimos rumbo O-NO hacia tan deseada isla.
Cuando nos descuidamos llevamos una turca de tres pares de cojones, mono incluido. Mientras el mono salta por los cables del mástil loco de contento los demás no dejamos de gritar "¡!!Bora Bora¡¡¡" como locos. Tan borrachos vamos que llegado un momento perdemos la noción del tiempo y del espacio y nos vemos inmersos en una extraña nube de color verde fosforito. Dentro de la nube no vemos casi nada pero pronto el mono señala con su cola hacia proa gritando y pegando saltos y allí podemos ver a duras penas unos hermosos cocoteros.
Desembarcamos embarrancando el barco en la arena de la playa y bajamos con gritos de júbilo seguros de encontrarnos en Bora Bora y esperando que decenas de mujeres nos reciban a pecho descubierto. No nos recibe nadie, sólo el murmullo del aire.
Seguimos rodeados de la extraña nube verde fosforito, pero la borrachera y el hambre hacen que a nadie le parezca extraño. Apenas nos quedan alimentos en el barco, pero en la orilla de la playa descansan unos enormes y torpes peces que se dejan atrapar con una extraña facilidad. Tampoco le resulta extraño a nadie que un pez sea torpe y lento en su hábitat.
Al anochecer nos comemos varios de esos peces y dormimos plácidamente, sin que a nadie le extrañe que los peces se hayan cocinado espontáneamente al sacarlos del agua y sin necesidad de fuego. El mono también se echa a dormir tras zamparse un par de cocos deformes.
Cuando amanece tenemos un extraño y espantoso dolor de cabeza, pero la nube verde fosforito sigue a nuestro alrededor sin dejarnos ver nada. De repente el gafe siente un pellizco en el pie … “¡¡¡auuuuu, un maldito cangrejo me ha mordido!!!!”. El listo le dice “será que te ha pellizcado”, pero el gafe contesta “no, me ha mordido y además me sale mucha sangre”. Cuando el valiente agarra el cangrejo todos nos quedamos atónitos.
Un cangrejo así es para quedarse atónito

Inmediatamente comienzan a rodearnos extraños animales: un pájaro con cara de cocodrilo, un gusano con cuerno de rinoceronte y una mariposa con patas de canguro, entre otros. Primero alucinamos, pero cuando los extraños animales nos rodean con ganas de devorarnos nos acojonamos. Unos lloran, otros hacen fotos alucinados y alguno coge un palo para defenderse. Cuando la cosa parece más fea se oye una voz que dice “entrgggggueme la cámaggggga… se ne pá posibbbl hasssseeegggg fottossss”.


Si te rodean seres mutantes es normal que te acojones

Una docena de tipos armados y cubiertos con trajes antinucleares que hablan un horrible español con acento francés espantan a los animales y nos rodean cuando el listo exclama “Dios mío, esto no es Bora Bora, esto es Mururoa”.

Ficha de la isla: Atolón de Mururoa
Ficha técnica: Mirad la Wiki, cómo no.
Habitantes: Sólo un destacamento del vigilante ejército francés. No hay civiles en la isla.
Curiosidades: Hablar de Mururoa es hablar de explosiones atómicas. El atolón era un lugar paradisiaco hasta que los gabachos decidieron que allí el sol no calentaba bastante, así que se liaron a repetir pruebas y más pruebas a base de bonitas explosiones nucleares, consiguiendo que lo de menos fueran las quemaduras del sol. Tanto les gustaron que, cuando la presión internacional era más fuerte, siguieron con sus pruebas bajo tierra. Ahora ya no se realizan explosiones atómicas en el lugar. Pero no debieron quedarse con la conciencia muy tranquila, puesto que el Atolón es hoy zona militar de acceso prohibido, y los militares allí emplazados no paran de hacer pruebas radiológicas y biológicas por si acaso. Aquí tenéis un enlace sobre el tema de las explosiones atómicas; no he tenido tiempo de leerlo pero igual hasta es interesante.

Mirando a este lado parece Bora Bora

Pero al ver la base militar te das cuenta de que estás en Mururoa (apuntad que las explosiones nucleares no enturbian el agua)

Los gabachos nos llevan al cuartel y nos meten en un cuarto oscuro donde todos brillamos en la oscuridad. Cuando nos acercan un tubo de neón éste se enciende y se oye un extraño zumbido. Tal vez no debimos comernos aquellos peces pánfilos.

Un siniestro coronel nos dice que hemos visto cosas que no deberíamos haber visto y que no nos pueden dejar salir de allí, al tiempo que un no menos siniestro médico con cara de Mengele francés nos mira como a cobayas con las que realizará pruebas y ensayos... “mannnnyyyyana empessaaggggggggggggué pog el mono” dice mientras ordena que al día siguiente se lo lleven a la sala de disecciones. Que ataquen al mono es algo que no podemos consentir, tenemos que hacer algo como sea.

El listo habla con el que más labia tiene y le propone un plan. El de la labia, que le vendería un reloj de arena a un beduino del Sahara, se dirige al más jovencito de nuestros captores y le susurra en francés que sabemos dónde está el Barco del Amor y que nos dirigimos a su encuentro, y que si nos deja escapar lo llevaremos con nosotros. Aplaudimos nuestra suerte por tratarse de un soldado heterosexual, algo inusual entre los franceses, y que encima está más salido que el pico de una plancha. Conocedor de la leyenda, el muchacho se pone como una moto con las historias de una legión de hermosas tetonas que abusará de él por lo que nos informa de que sí que nos va ayudar, que para algo su padre es de Jerez (ya sabemos por qué no es homosexual).

Cuando todos duermen el muchacho nos saca de nuestro encierro y nos acompaña hasta el barco. No sabemos qué ha hecho con sus compañeros pero lo cierto es que llegamos hasta el barco sin que nadie nos moleste.

Una vez embarcados nos piramos de allí cuanto antes, no sea que el nivel de radiación nos queme los intestinos y el hígado, o algo peor como el pito…

- El viaje completo en este link.

3 comentarios:

Little dijo...

Siempre le podrás pedir a Sarko que la Bruni pose en Mururoa

V Molins dijo...

Cómo se entere nuestro colega Kim Jong II...

JL dijo...

"Aplaudimos nuestra suerte por tratarse de un soldado heterosexual, algo inusual entre los franceses"

Jajaja, como te lea otro soldado gabacho heterosexual tipo Chabal, te va a empalar en vertical.

Si, mucho comer pescado torpon y con color fosforito, pero tendriais que haber comido mas hongos, pues los de la isla deben de ser enormes. O una mariposa con patas de canguro, seguro que hacia menos impresion de Johnny Katanas en gallumbos en una noche de truenos.

A ver como os desempeñais con el gabacho mientras lo engañais con el Barco del Amor. Seguro que da casi tanto juego como el mono.