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sábado, 13 de junio de 2009

Etapa 23: Hacia Pitcairn (y los pasaportes)



Rumbo: O-O
Distancia a recorrer: 1.289 millas náuticas (2.074 km.)

Tras nuestra apresurada salida de la Isla de Pascua todos felicitamos al mono, sin cuya ayuda habría sido imposible huir de la turba perseguidora. Y es que el mono ha desarrollado un sexto sentido que le permite comenzar a soltar cabos, arrancar el motor e izar velas incluso antes de que se nos vea correr desesperados hacia el barco.

Dejamos atrás la Isla de Pascua con otra huida y nos dirigimos al oeste hacia nuestro próximo destino, agradeciendo que en estas latitudes el clima sea templado y ya no pasemos el frío tremendo del profundo Atlántico Sur. Tras dos meses de navegación y capear dos temporales por fin atisbamos en el horizonte el perfil de nuestro destino.

Ficha de la Isla: Islas Pitcairn.
Ficha técnica: Ya imaginabais que iba a poner el link de la Wiki. De todas formas si queréis profundizar os dejo este interesante enlace en el que entre otras cosas se dice que en las islas Pitcairn no existen partidos políticos (dan ganas de irse allí); básicamente se tata de que las islas Pitcairn son un grupo de islas en el culo del mundo (entre Isla de Pascua y la Polinesia francesa) de la que sólo Pitcairn está habitada. Las demás son 4 islas desiertas y paradisiacas donde los de Adamstown van de vacaciones.
Pertenece a: la pérfida Gran Bretaña
Habitantes: 46
Curiosidades: Hablar de Pitcairn es hablar del motín del Bounty. Se trata de un barco inglés que viajaba a Tahití para llevarse plantas del árbol del pan al Caribe y así tener comida barata para los esclavos. En este enlace os lo explica, pero si leéis bien entre líneas el motivo del motín no fueron las duras condiciones de la navegación ni la férrea disciplina del capitán. Ni siquiera fue el miedo a doblar el Cabo de Hornos por 2ª vez. La causa del motín fue que, tras duras semanas de navegación para llegar a Tahití, se pasaron en estas islas varios meses. Y claro, tras vivir como Dios en un paraíso de playas de arena blanca rodeados de mujeres solícitas los marineros se amotinaron al volver a lo anterior. Faltaría más.
Bueno, el caso es que los amotinados capitaneados por un tal Fletcher abandonaron al capitán y sus pelotas seguidores (yo también me habría amotinado y me habría quedado a vivir en Tahití rodeado de mujeres solícitas) en una barquita y se largaron a Tahití a vivir como Dios. El capitán logró una gran gesta de la navegación y llegó a puerto, volvió a Inglaterra y las autoridades fletaron un barco para colgar a los insurrectos. A los que pillaron abanicándose en Tahití los mandaron a Londres y los ahorcaron, pero algunos más listos se subieron al Bounty y se largaron a la entonces desierta Pitcairn a vivir. Y no fueron listos por eso sino porque se llevaron un montón de mujeres tahitianas.
Allí en pocos años varios ingleses se habían matado entre ellos (se ve que con tanta mujer solícita se volvieron locos) y al final un tal Adams hizo de patriarca y organizó la pequeña sociedad. Tal vez por ello hoy la ¿capital? lleva su nombre.
Otra curiosidad es que el aislamiento completo ha provocado que el inglés de allí sea el del siglo XVIII, y que a base de mezclar inglés y tahitiano se hayan inventado una extraña lengua muy estudiada por filólogos (eso dice el internete).
Obviamente el aislamiento ha provocado una evidente endogamia, y todos los habitantes son descendientes de esos primeros pobladores, una mezcla de ingleses y tahitianas.
La última curiosidad es que los ingleses mandaron a la policía por abusos de menores, ya que ante la falta de gente y de cosas que hacer parece que en la isla las relaciones sexuales se inician demasiado pronto. A varios habitantes les han metido 6 años, incluido el gobernador de la isla, un tal Steve Fletcher que obviamente desciende del antes mencionado Christian Flecher.
Un célebre antropólogo dijo de esta isla: “Prácticamente no hay nada que hacer. Se dedican a la pesca, a comer, a cantar canciones y al sexo”.

Nada más llegar fondeamos el barco junto al pequeño embarcadero y subimos la cuesta de la Dificultad (es el acceso al pueblo). Una vez arriba visitamos la única población de la isla: Adamstown. Ciertamente se puede decir que el pueblo ocupa toda la isla, pues no deja de ser un grupo de casas desperdigadas que ocupan casi toda su superficie.


Adamstowon no es precisamente una megalópolis

Mientras el mono hace las delicias de los pocos niños del lugar realizando juegos malabares en la escuela, nosotros visitamos los grandes monumentos de Adamstown: el cañón del Bounty, el ancla del Bounty y la tumba de John Adams. El mono hace las delicias de los pocos niños del lugar y realiza exhibiciones de malabares en la escuela.




Ancla, cañón y tumba, es casi como ver el Louvre

Las conversaciones son extrañas, pues aunque todos (incluido el mono) somos expertos en literatura isabelina, esta gente habla un extraño inglés lleno de modismos del siglo XVIII; cosas del aislamiento.

Visitamos Henderson y disfrutamos unos días en sus desiertas playas. Luego nos llevan al atolón Ducie y nos bañamos en sus cristalinas aguas mientras el mono se entretienen con los cocoteros. Disfrutamos tanto del sol que de tan morenos ya parecemos bosquimanos.


En las playas de Henderson nos entregamos a nuestro pasatiempo favorito: no hacer nada


Mientras no hacemos nada el mono lo pasa bomba en los cocoteros


En el Atolón Ducie aún hacemos menos

Pero a nuestra vuelta nos espera una desagradable sorpresa: ha llegado el enviado de su Majestad, una especie de policía cabrón de esos que parece que beban vinagre cuando se levantan. El tío ya nos está esperando y nos pide los pasaportes. Cuando se los enseñamos nos mira con desdén y pregunta “¿no tienen el visado especial para visitar posesiones británicas del Pacífico Sur?”. Aunque nos contestamos se ve en nuestra cara que no la tenemos, así que ordena a los 3 esbirros que también envió su Majestad que nos encierren en una casa habilitada para cárcel.
Los lugareños están hasta los güevos de estos policías tocapelotas, así que se ofrecen a ayudarnos para que los dejemos abandonados en la desierta Isla Henderson.
Navegamos hacia Henderson en varios barcos y dejamos abandonados a los policías cretinos. Luego volvemos a Pitcairn y nos corremos una juerga flamenca con todos los lugareños para celebrarlo.
Al día siguiente abandonamos esta isla en la que tan bien nos han acogido con la tranquilidad de que por una vez no tenemos que huir de los isleños.


- El viaje completo en este link.

2 comentarios:

Little dijo...

Como sete rebele el mono....

skin86@ymail.com dijo...

Como se puede ir de la Isla de Pascua a Pitcairn?