ESTE BLOG SE CERRARÁ EN BREVE (si no tenemos tiempo para mantenerlo... ¿para qué tenerlo parado?)

lunes, 29 de junio de 2009

Etapa 25: Hacia Mururoa (y los animales mutantes)

Rumbo: O-NO
Distancia a recorrer: 226 millas náuticas (419 km.)

Tras la precipitada huida de Mangareva todos agradecemos no haber sido aniquilados por Sebastien Chabal y lo celebramos cepillándonos casi todo el ron que nos queda. Con tanta huida alocada no hemos podido reponer gasoil, así que dependemos totalmente del viento para desplazarnos.
El cuarto día de navegación y en plena borrachera de ron empezamos a hablar de las hermosas playas y no menos hermosas mujeres que nos van a esperar en Bora-Bora y comenzamos a gritar "¡¡¡Bora bora!!!" una y otra vez mientras dirigimos rumbo O-NO hacia tan deseada isla.
Cuando nos descuidamos llevamos una turca de tres pares de cojones, mono incluido. Mientras el mono salta por los cables del mástil loco de contento los demás no dejamos de gritar "¡!!Bora Bora¡¡¡" como locos. Tan borrachos vamos que llegado un momento perdemos la noción del tiempo y del espacio y nos vemos inmersos en una extraña nube de color verde fosforito. Dentro de la nube no vemos casi nada pero pronto el mono señala con su cola hacia proa gritando y pegando saltos y allí podemos ver a duras penas unos hermosos cocoteros.
Desembarcamos embarrancando el barco en la arena de la playa y bajamos con gritos de júbilo seguros de encontrarnos en Bora Bora y esperando que decenas de mujeres nos reciban a pecho descubierto. No nos recibe nadie, sólo el murmullo del aire.
Seguimos rodeados de la extraña nube verde fosforito, pero la borrachera y el hambre hacen que a nadie le parezca extraño. Apenas nos quedan alimentos en el barco, pero en la orilla de la playa descansan unos enormes y torpes peces que se dejan atrapar con una extraña facilidad. Tampoco le resulta extraño a nadie que un pez sea torpe y lento en su hábitat.
Al anochecer nos comemos varios de esos peces y dormimos plácidamente, sin que a nadie le extrañe que los peces se hayan cocinado espontáneamente al sacarlos del agua y sin necesidad de fuego. El mono también se echa a dormir tras zamparse un par de cocos deformes.
Cuando amanece tenemos un extraño y espantoso dolor de cabeza, pero la nube verde fosforito sigue a nuestro alrededor sin dejarnos ver nada. De repente el gafe siente un pellizco en el pie … “¡¡¡auuuuu, un maldito cangrejo me ha mordido!!!!”. El listo le dice “será que te ha pellizcado”, pero el gafe contesta “no, me ha mordido y además me sale mucha sangre”. Cuando el valiente agarra el cangrejo todos nos quedamos atónitos.
Un cangrejo así es para quedarse atónito

Inmediatamente comienzan a rodearnos extraños animales: un pájaro con cara de cocodrilo, un gusano con cuerno de rinoceronte y una mariposa con patas de canguro, entre otros. Primero alucinamos, pero cuando los extraños animales nos rodean con ganas de devorarnos nos acojonamos. Unos lloran, otros hacen fotos alucinados y alguno coge un palo para defenderse. Cuando la cosa parece más fea se oye una voz que dice “entrgggggueme la cámaggggga… se ne pá posibbbl hasssseeegggg fottossss”.


Si te rodean seres mutantes es normal que te acojones

Una docena de tipos armados y cubiertos con trajes antinucleares que hablan un horrible español con acento francés espantan a los animales y nos rodean cuando el listo exclama “Dios mío, esto no es Bora Bora, esto es Mururoa”.

Ficha de la isla: Atolón de Mururoa
Ficha técnica: Mirad la Wiki, cómo no.
Habitantes: Sólo un destacamento del vigilante ejército francés. No hay civiles en la isla.
Curiosidades: Hablar de Mururoa es hablar de explosiones atómicas. El atolón era un lugar paradisiaco hasta que los gabachos decidieron que allí el sol no calentaba bastante, así que se liaron a repetir pruebas y más pruebas a base de bonitas explosiones nucleares, consiguiendo que lo de menos fueran las quemaduras del sol. Tanto les gustaron que, cuando la presión internacional era más fuerte, siguieron con sus pruebas bajo tierra. Ahora ya no se realizan explosiones atómicas en el lugar. Pero no debieron quedarse con la conciencia muy tranquila, puesto que el Atolón es hoy zona militar de acceso prohibido, y los militares allí emplazados no paran de hacer pruebas radiológicas y biológicas por si acaso. Aquí tenéis un enlace sobre el tema de las explosiones atómicas; no he tenido tiempo de leerlo pero igual hasta es interesante.

Mirando a este lado parece Bora Bora

Pero al ver la base militar te das cuenta de que estás en Mururoa (apuntad que las explosiones nucleares no enturbian el agua)

Los gabachos nos llevan al cuartel y nos meten en un cuarto oscuro donde todos brillamos en la oscuridad. Cuando nos acercan un tubo de neón éste se enciende y se oye un extraño zumbido. Tal vez no debimos comernos aquellos peces pánfilos.

Un siniestro coronel nos dice que hemos visto cosas que no deberíamos haber visto y que no nos pueden dejar salir de allí, al tiempo que un no menos siniestro médico con cara de Mengele francés nos mira como a cobayas con las que realizará pruebas y ensayos... “mannnnyyyyana empessaaggggggggggggué pog el mono” dice mientras ordena que al día siguiente se lo lleven a la sala de disecciones. Que ataquen al mono es algo que no podemos consentir, tenemos que hacer algo como sea.

El listo habla con el que más labia tiene y le propone un plan. El de la labia, que le vendería un reloj de arena a un beduino del Sahara, se dirige al más jovencito de nuestros captores y le susurra en francés que sabemos dónde está el Barco del Amor y que nos dirigimos a su encuentro, y que si nos deja escapar lo llevaremos con nosotros. Aplaudimos nuestra suerte por tratarse de un soldado heterosexual, algo inusual entre los franceses, y que encima está más salido que el pico de una plancha. Conocedor de la leyenda, el muchacho se pone como una moto con las historias de una legión de hermosas tetonas que abusará de él por lo que nos informa de que sí que nos va ayudar, que para algo su padre es de Jerez (ya sabemos por qué no es homosexual).

Cuando todos duermen el muchacho nos saca de nuestro encierro y nos acompaña hasta el barco. No sabemos qué ha hecho con sus compañeros pero lo cierto es que llegamos hasta el barco sin que nadie nos moleste.

Una vez embarcados nos piramos de allí cuanto antes, no sea que el nivel de radiación nos queme los intestinos y el hígado, o algo peor como el pito…

- El viaje completo en este link.

martes, 16 de junio de 2009

Etapa 24: Hacia Mangareva (y un chabal)


Rumbo: O-NO
Distancia a recorrer: 295 millas náuticas (547 km.)

Tras nuestra apresurada pero plácida salida de Pitcairn iniciamos una semana de navegación con viento favorable y bastante tranquilidad. Estamos en popa degustando unas cervezas cuando repentinamente todos nos acojonamos… ¡¡¡los pasaportes!!!. Tras abandonar a la policía de su Majestad en la Isla Henderson hemos olvidado recuperar primero nuestros pasaportes. Pero la preocupación apenas dura 1 minuto, ya que el mono se lleva la mano al culo y se saca de la regatilla todos los pasaportes. Un crack este mono. Viendo el lugar donde estaban escondidos, dejamos los pasaportes en cubierta para que se ventilen y proseguimos nuestra plácida navegación.
Llevamos meses navegando con continuas huidas de aquellas islas que visitamos. Por ello, -y que me perdonen las decenas de millones de lectoras de estas páginas-, estamos sedientos de hembras. Como el barco del amor no aparece por mucho que lo busquemos decidimos enfilar hacia la Polinesia francesa, puesto que en Pitcairn nos han asegurado que hay allí miles de tahitianas de pechos generosos esperando nuestra llegada. Tras una semana de navegación avistamos la primera isla habitada de la Polinesia francesa: Mangareva, en el archipiélago de Gambier.
Ficha de la Isla: Mangareva
Ficha técnica: Aquí la wiki sobre Mangareva y aquí sobre el archipiélago Gambier. He aquí dos enlcaes turísticos: el primero y el segundo.
Pertenece a: “la Frans”
Habitantes: 1.097
Curiosidades: Básicamente se trata de un archipiélago compuesto por diversos islotes y atolones paradisíacos de finas arenas blancas y cocoteros. Sólo uno de ellos está habitado: la isla Mangareva. Toda la población se concentra en el asentamiento de Rikitea. Se trata de una peña que probablemente se moriría de hambre si no fuera porque pertenecen a Francia.
Viven del turismo, principalmente francés y neozelandés, y del cultivo de perlas.
Parece que allí llegaron los misioneros franceses y se ha convertido en la cuna del catolicismo de la Polinesia, por lo que hay muchas iglesias (digo yo si se fueron tan lejos para no ver ese azote del catolicismo en que se ha convertido la Sexta).
Aquí no hay hoteles de lujo, sino pensiones. Y a este lugar vienen turistas que buscan lo auténtico y no quieren ser molestados (ideal para famosos). La laguna interior del atolón de Mangareva es de un azul turquesa excepcional. Vamos, que es la típica isla paradisíaca del Pacífico Sur.

Lo del agua azul turquesa no es cuento

Así se ve Rikitea cuando llegas por mar

Tras desembarcar salimos al trote en busca de mujeres, pues estamos más salidos que los adolescentes de las pelis americanas (Desmadre a la americana, Porky´s, y todas ésas). Como aquí las mujeres no andan con las tetas al viento ondeando la parte de arriba del bikini terminamos sentándonos en un bar cercano al mercado de frutas.
A falta de otra cosa nos conformamos con un par de melones piel de sapo parecido a los del Perelló, y nos cepillamos 15 mojitos cada uno. En plena borrachera aparece un grupo de muchachas capitaneado por una tahitiana de enormes pechos. Cual alumnos buperos y presos de la grosería empezamos a aullar como monos y entonces la espectacular tahitiana se acerca para afearnos la conducta. El gracioso de turno le dice “¿qué vas a hacer, tocar la bocina?”, cuando la tahitiana pregunta qué bocina el gracioso le aprieta la teta derecha y dice “ésta” al tiempo que grita “¡!!!!moooooc moooooooc!!!!!”.
La tahitiana nos mira indignados y se ofende más ante nuestras risas de niñatos adolescentes. Con lágrimas en los ojos nos grita “voy a llamar a mi novio”. Ante nuestras risas insiste con su acento francés “va a venir mi novio. Mi novio es un chabal y os va a pegar”. Seguimos riendo y bebiendo con nuestro imbécil comportamiento y la chati se va. Cuando nos quedamos solos seguimos bebiendo como si tal cosa... ¿quién va a temer a un chaval?, y el listo se va a comprar unas baratijas al mercadillo.
Media hora después aparece el listo con el rostro desencajado por el terror. Antes nuestros requerimientos nos informa con la voz entrecortada y grita “la tahitiana ofendida vienen con el novio… ¡¡¡¡viene con el chabal!!!!, ¡¡¡viene con el chabal!!!!!”.
El sobrado la responde con altivez “tranquiiiiiiloooooo… en primer lugar somos muchos más que él, y en segundo lugar chaval se escribe con uve”.
El listo nos mira con la cara de quien habla a los que saben distinguir entre un ensayo y una transformación y nos dice “no viene con un chaval. Viene con Chabal, Sebastien Chabal”.
El terror se apodera de todos nosotros. Puede que seamos muchos, pero nos enfrentamos a Sebastien Chabal, la bestia parda que se cargó a no sé cuántos bestias pardas neozelandesas en la Copa del Mundo de Rugby. El fulano de 1,92 y 116 kilos que se ufana de poseer los siguientes sobrenombres “Cartouche, Atila, Cavernícola, Hannibal Lecter, El anestesista, Caveman, Seabass, El animal, Hulk, El hombre de las cavernas”, el animal que hace cosas como las de este vídeo:







Observad cómo se carga a los infelices all blacks uno tras uno

Cuando se pone delante de nosotros ya no nos reímos tanto. A uno le cae el pis por las piernas y otro mancha el pantalón… cosillas del terror.
Justo cuando se dispone a placarnos, aparece el mono con su idea genial: cuando ve unos turistas neozelandeses que llevan la camiseta de los all blacks no lo duda ni un instante, da un enorme salto y pilla un melón del mercadillo, le pega un silbido al monstruo y le lanza el melón señalando hacia los turistas. El truco da resultado: el chaval Chabal se obceca, los ojos se le inyectan en sangre y sale como una bala contra los turistas, que salen lanzados como bolos en la bolera entre narices sangrantes, huesos rotos y gritos de espanto al tiempo que Chabal intenta un ensayo.
Cuando la bestia se levanta ya no tiene oportunidad de vengar a su novia ultrajada, porque ya estamos en alta mar huyendo despavoridos.

Hemos tenido la mala fortuna de coincidir con las vacaciones de Chabal en la isla, pero lo cierto es que con nuestra huida y por cretinos nos hemos perdido lugares como estos:





- El viaje completo en este link.

sábado, 13 de junio de 2009

Etapa 23: Hacia Pitcairn (y los pasaportes)



Rumbo: O-O
Distancia a recorrer: 1.289 millas náuticas (2.074 km.)

Tras nuestra apresurada salida de la Isla de Pascua todos felicitamos al mono, sin cuya ayuda habría sido imposible huir de la turba perseguidora. Y es que el mono ha desarrollado un sexto sentido que le permite comenzar a soltar cabos, arrancar el motor e izar velas incluso antes de que se nos vea correr desesperados hacia el barco.

Dejamos atrás la Isla de Pascua con otra huida y nos dirigimos al oeste hacia nuestro próximo destino, agradeciendo que en estas latitudes el clima sea templado y ya no pasemos el frío tremendo del profundo Atlántico Sur. Tras dos meses de navegación y capear dos temporales por fin atisbamos en el horizonte el perfil de nuestro destino.

Ficha de la Isla: Islas Pitcairn.
Ficha técnica: Ya imaginabais que iba a poner el link de la Wiki. De todas formas si queréis profundizar os dejo este interesante enlace en el que entre otras cosas se dice que en las islas Pitcairn no existen partidos políticos (dan ganas de irse allí); básicamente se tata de que las islas Pitcairn son un grupo de islas en el culo del mundo (entre Isla de Pascua y la Polinesia francesa) de la que sólo Pitcairn está habitada. Las demás son 4 islas desiertas y paradisiacas donde los de Adamstown van de vacaciones.
Pertenece a: la pérfida Gran Bretaña
Habitantes: 46
Curiosidades: Hablar de Pitcairn es hablar del motín del Bounty. Se trata de un barco inglés que viajaba a Tahití para llevarse plantas del árbol del pan al Caribe y así tener comida barata para los esclavos. En este enlace os lo explica, pero si leéis bien entre líneas el motivo del motín no fueron las duras condiciones de la navegación ni la férrea disciplina del capitán. Ni siquiera fue el miedo a doblar el Cabo de Hornos por 2ª vez. La causa del motín fue que, tras duras semanas de navegación para llegar a Tahití, se pasaron en estas islas varios meses. Y claro, tras vivir como Dios en un paraíso de playas de arena blanca rodeados de mujeres solícitas los marineros se amotinaron al volver a lo anterior. Faltaría más.
Bueno, el caso es que los amotinados capitaneados por un tal Fletcher abandonaron al capitán y sus pelotas seguidores (yo también me habría amotinado y me habría quedado a vivir en Tahití rodeado de mujeres solícitas) en una barquita y se largaron a Tahití a vivir como Dios. El capitán logró una gran gesta de la navegación y llegó a puerto, volvió a Inglaterra y las autoridades fletaron un barco para colgar a los insurrectos. A los que pillaron abanicándose en Tahití los mandaron a Londres y los ahorcaron, pero algunos más listos se subieron al Bounty y se largaron a la entonces desierta Pitcairn a vivir. Y no fueron listos por eso sino porque se llevaron un montón de mujeres tahitianas.
Allí en pocos años varios ingleses se habían matado entre ellos (se ve que con tanta mujer solícita se volvieron locos) y al final un tal Adams hizo de patriarca y organizó la pequeña sociedad. Tal vez por ello hoy la ¿capital? lleva su nombre.
Otra curiosidad es que el aislamiento completo ha provocado que el inglés de allí sea el del siglo XVIII, y que a base de mezclar inglés y tahitiano se hayan inventado una extraña lengua muy estudiada por filólogos (eso dice el internete).
Obviamente el aislamiento ha provocado una evidente endogamia, y todos los habitantes son descendientes de esos primeros pobladores, una mezcla de ingleses y tahitianas.
La última curiosidad es que los ingleses mandaron a la policía por abusos de menores, ya que ante la falta de gente y de cosas que hacer parece que en la isla las relaciones sexuales se inician demasiado pronto. A varios habitantes les han metido 6 años, incluido el gobernador de la isla, un tal Steve Fletcher que obviamente desciende del antes mencionado Christian Flecher.
Un célebre antropólogo dijo de esta isla: “Prácticamente no hay nada que hacer. Se dedican a la pesca, a comer, a cantar canciones y al sexo”.

Nada más llegar fondeamos el barco junto al pequeño embarcadero y subimos la cuesta de la Dificultad (es el acceso al pueblo). Una vez arriba visitamos la única población de la isla: Adamstown. Ciertamente se puede decir que el pueblo ocupa toda la isla, pues no deja de ser un grupo de casas desperdigadas que ocupan casi toda su superficie.


Adamstowon no es precisamente una megalópolis

Mientras el mono hace las delicias de los pocos niños del lugar realizando juegos malabares en la escuela, nosotros visitamos los grandes monumentos de Adamstown: el cañón del Bounty, el ancla del Bounty y la tumba de John Adams. El mono hace las delicias de los pocos niños del lugar y realiza exhibiciones de malabares en la escuela.




Ancla, cañón y tumba, es casi como ver el Louvre

Las conversaciones son extrañas, pues aunque todos (incluido el mono) somos expertos en literatura isabelina, esta gente habla un extraño inglés lleno de modismos del siglo XVIII; cosas del aislamiento.

Visitamos Henderson y disfrutamos unos días en sus desiertas playas. Luego nos llevan al atolón Ducie y nos bañamos en sus cristalinas aguas mientras el mono se entretienen con los cocoteros. Disfrutamos tanto del sol que de tan morenos ya parecemos bosquimanos.


En las playas de Henderson nos entregamos a nuestro pasatiempo favorito: no hacer nada


Mientras no hacemos nada el mono lo pasa bomba en los cocoteros


En el Atolón Ducie aún hacemos menos

Pero a nuestra vuelta nos espera una desagradable sorpresa: ha llegado el enviado de su Majestad, una especie de policía cabrón de esos que parece que beban vinagre cuando se levantan. El tío ya nos está esperando y nos pide los pasaportes. Cuando se los enseñamos nos mira con desdén y pregunta “¿no tienen el visado especial para visitar posesiones británicas del Pacífico Sur?”. Aunque nos contestamos se ve en nuestra cara que no la tenemos, así que ordena a los 3 esbirros que también envió su Majestad que nos encierren en una casa habilitada para cárcel.
Los lugareños están hasta los güevos de estos policías tocapelotas, así que se ofrecen a ayudarnos para que los dejemos abandonados en la desierta Isla Henderson.
Navegamos hacia Henderson en varios barcos y dejamos abandonados a los policías cretinos. Luego volvemos a Pitcairn y nos corremos una juerga flamenca con todos los lugareños para celebrarlo.
Al día siguiente abandonamos esta isla en la que tan bien nos han acogido con la tranquilidad de que por una vez no tenemos que huir de los isleños.


- El viaje completo en este link.

jueves, 4 de junio de 2009

Etapa 22: Hacia isla de Pascua (y los moais dominó)

Rumbo: O-SO
Distancia a recorrer: 224 millas náuticas (415 km.)


Como no sopla demasiado viento tardamos más de 10 días en llegar a nuestro destino, que como ya os imaginaréis es la Isla de Pascua.

Ficha de la Isla: Isla de Pascua.
Ficha técnica:
Ya imaginabais que iba a poner el link de la Wiki.
Pertenece a: Chile
Habitantes: 3.791
Curiosidades: Qué os voy a contar de esta famosa isla que no sepáis ya. Los moais, que pesan un güevo y nadie se explica aún cómo pudieron levantar los nativos, y demás cosas que podéis ver en el link de la Wiki que he puesto antes. Y si estáis hasta el gorro de la Wikipedia podéis mirar aquí, aquí y aquí. Una web turísitica oficial la tenéis en este link.
Para los vagos destacaré que al parecer sigue existiendo población nativa. Y que esta población nativa es muy soberbia con sus orígenes, -casi parecen catalanes-, puesto que llaman a su tierra “te pito” que significa “el ombligo del mundo”. El archiconocido nombre de “Rapa nui” viene de Tahití y significa “Isla Grande”.
La capital, -aunque no tenga mucho mérito ser la capital cuando se es el único pueblo de la isla-, se llama Hanga Roa, y allí viven casi todos los habitantes de la isla. Es el punto de partida para todas las excursiones, aunque las distancias no son muy grandes. ¿Y qué se ve en las excursiones? Espero que nadie se haga esa pregunta pero la responderé por si acaso: moais, evidentemente. Y hay 900 para ver. También se pueden admirar los ahus, de estos hay unos 270. Se trata de unos altares ceremoniales a los cuales está terminantemente prohibido subir. Básicamente se trata de que el ahu (el altar) sustenta al moai. Aunque 900 menos 270 nos dan 630 moais sin ahu. Pobrets…
Pero entremos en curiosidades que no vienen en los links oficiales. Parece que la comida es mala y muy muy cara. Con eso del aislamiento todo es bastante caro, incluido un bote de refresco. No es de extrañar, pues se aprovisionan sólo una vez cada 3 meses, que es cuando llega el barco desde el continente.
Quien vaya allí debe estar dispuesto a ver moais y ahus (sin subir ¿eh?), pero de la fiesta que se vaya olvidando. Sólo hay una pequeña discoteca que se llama pitidi (tócate los güevos con el nombrecito, no creo que vaya por allí Chimo Bayo).

Desembarcamos en el puerto de Hanga Roa y, tras los trámites administrativos y los encargos para dotar al barco, nos dirigimos corriendo al mejor hotel de la isla. Maldecimos nuestra suerte cuando lo encontramos cerrado, pero finalmente encontramos unas cabañas acogedoras por $299.000 5 noches, excursiones incluidas (espero que el símbolo $ se refiera a pesos chilenos y no a dólares, porque si no es la ruina).

Las calles de Hanga Roa son tranquilas

En la pitidi nos tomamos algunas copas, pero no ligamos nada (que es lo que hemos venido a hacer en esta discoteca): las lugareñas son feas y estrechas, y las turistas son mayores y van acompañadas de sus millonarios esposos, así que “rien de rien”.

Todo transcurre plácidamente hasta el quinto día, y la culpa la tiene el patoso (en todo grupo lo hay). Cuando estamos visitando el Ahu Tongariki (15 estatuas sobre un altar de piedra, de espaldas al mar) el patoso se sube al altar para hacerse una foto entre los moais con un enorme bocata en la mano. En lugar de ser discreto se pone a gritar “mira que foto más chulaaaa” mientras pone el bocata en la entrepierna del moai simulando lo que estáis imaginando. El guía y dos vigilantes, todos ellos indígenas, miran con horror al borde del ataque al corazón ante tan gran afrenta y se ponen a gritar que se baje de ahí. El patoso se pone nervioso, realiza un par de movimientos bruscos sin sentido y tropieza con la base del último moai con tan mala pata que lo desestabiliza. El moai se tambalea a derecha e izquierda y finalmente cae sobre su costado llevándose por delante al moai que está a su lado, y éste al siguiente, y así sucesivamente hasta que los 15 moais caen como fichas de dominó. El Ahu Tongariki a tomar por culo.


El Ahu Tongariki antes de ser destruido

Horrorizados, los 3 indígenas reciben ayuda médica mientras nos denuncian a las autoridades. Toca huir y de eso ya sabemos un rato. Nos lanzamos sobre el coche de alquiler y salimos a toda leche para Hanga Roa. Sin darnos cuenta nos metemos por un camino equivocado y acabamos en Ahu Akivi (7 moais sobre altar; los únicos que miran al mar). Al maniobrar para dar la vuelta hacia Hanga Roa le damos un golpe a otro moai, que tras el oportuno tambaleo, cae sobre su costado golpeando al siguiente moai, y así caen sucesivamente los 7 moais con el efecto dominó. El Ahu Akivi a tomar por culo también. Más indígenas horrorizados llamando a las autoridades.

El Ahu Akivi antes de que caigan los moais como fichas de dominó

Uno de los moais que tiró el patoso. Cuando un moai yace en el suelo no luce tanto.

Al llegar a Hanga Roa nos persiguen 17 taxis, 3 autobuses, 2 coches de policía y 500 indígenas con antorchas dispuestos a sacrificarnos sacándonos el corazón en los ahus que aún quedan en pie. Pero en este largo viaje ya nos hemos convertido en unos grandes expertos en huidas y, cuando se quieren dar cuenta, los lugareños se encuentran en el muelle con sus antorchas, el coche de alquiler flotando en el agua y los taxis, autobuses y coches patrulla amontonados en un amasijo de hierros. Mientras salimos del puerto no paran de insultarnos. Lo malo es que como son chilenos les entendemos perfectamente, y eso nos duele mucho. Aunque más les duele a ellos que al Ahu Tongariki y el Ahu Akivi se hayan ido a tomar por culo.


- El viaje completo en este link.


- El viaje completo en este link.

martes, 2 de junio de 2009

Etapa 21: Hacia Sala y Gómez (y los que estuvieron en el Barco del Amor)

Rumbo: O-O
Distancia a recorrer: 1.353 millas náuticas (2.507 km.)

Partimos de la Isla San Félix dejando a ecologistas y soldados resolviendo sus cuitas mientras preparamos un caldereta de langosta que debemos agradecer al mono y su pericia pesquera. Enfilamos rumbo O-O e iniciamos una travesía tranquila hacia nuestro destino con buen mar y viento favorable. Para entretenernos jugamos al póker y fantaseamos con encontrarnos a las sirenas del barco del amor de las que nos hablan en todos los puertos.

El decimoséptimo día de navegación observamos media docena de grandes velas que cortan la línea del horizonte. Conforme nos vamos acercando apreciamos mejor el inconfundible colorido de esas velas y sus mensajes de propaganda. Son el Telefónica Amarillo, el Ericsson 8, el Telefónica Morado, el Ericsson 14, el Telefónica Naranja y el Ericsson 69. Nos quedamos muy sorprendidos, por cuanto estos barcos participan en la regata alrededor del mundo “Bolbo Oisian Reis” y en estas fechas deberían navegar entre Brasil y Europa.

Nos alineamos con ellos y abordamos al Telefónica Morado para hablar con ellos. Lo que vemos nos deja un tanto alucinados. Todos los tripulantes nos miran con una sonrisa placentera y apenas hablan; el panorama en los demás barcos es exactamente el mismo. Cuando les preguntamos qué coño hacen en el Pacífico Sur a semanas de navegación del resto de participantes en la regata encontramos por toda respuesta “ha sido el Barco del Amor”. Nerviosos les insistimos para que nos cuenten, pero apenas hablan y sólo nos sonríen. En toda nuestra vida nunca habíamos visto tal sensación de placentera felicidad en ninguna persona, pero no conseguimos sacarles ninguna información. Cuando decidimos continuar nuestra singladura los barcos de la regata transoceánica se van alejando mientras pasan olímpicamente de la competición.

Tras una semana en la que no paramos de darle vueltas a nuestro encuentro con los regatistas felices y a la posibilidad de un encuentro con el “Barco del Amor”, atisbamos la isla hacia a la que nos dirigimos.

Ficha de la isla: Sala y Gómez
Ficha Técnica: Como siempre la Wiki.
Pertenecen a: Chile
Habitantes: Deshabitada
Curiosidades: Aunque de su nombre pueda desprenderse que se tata de dos islas lo cierto es que sólo es una isla con mérito compartido. Quiero decir que fue descubierta por un marino español apellidado Salas y luego explorada por otro compatriota nuestro llamado Gómez. En una ejercicio poco común en la denominación de islas, en lugar de sustituir el nombre del segundo al primero los sumaron, si bien le quitaron la “ese” al apellido del primero.
La isla está y ha estado siempre deshabitada. No hay agua y sólo existen hierbajos batidos constantemente por un viento insoportable. Un lugar absurdo e infame, vamos.
Dicen que los aborígenes de la Isla de Pascua venían aquí a hacer una estúpida prueba de llevarse un huevo de ave marina para llevarlo intacto de vuelta a su isla (que está a 415 km.). Este tema lo tratan en la película Rapa Nui, que supongo habréis visto. Pero sinceramente opino que eso es una trola como un piano, porque no me veo a los indígenas remando 415 km en mar abierto. Ni con el brazo de Rafa Nadal, oiga. (Yo creo que eso debía ocurrir en un islote d ela Isla de Pascua).

Decidimos fondear junto a la isla y visitarla, más que nada para poder decir que la hemos pisado.



Con la pequeña zodiac bajamos del barco para visitar la isla (y eso que veis es el mar en calma)
Tras un rato soportando el viento nos vamos y nos dirigimos a nuestro próximo destino comiéndonos dos preciosos atunes que hemos pescado al echar los curris, y dejando un tercero a secar colgado en cubierta.

- El viaje completo en este link.