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martes, 26 de mayo de 2009

Etapa 19: Hacia Juan Fernández (y la goleada)

Rumbo: N-N
Distancia a recorrer: 1.577 millas náuticas (2.922 km.)

Tras un par de días de descanso nos despedimos de los meteorólogos, les agradecemos el gasoil que nos han suministrado a cambio de unas botellas de ginebra, y partimos hacia nuestro próximo destino rumbo al Norte.
En ocasiones el viento nos acerca a la costa de Chile y desde el mar adivinamos los ventisqueros y las miles de islas heladas de su costa. Llegado un momento el viento nos aleja de la costa y, ya en alta mar, continuamos una tranquila navegación en la que cuanto más hacia el Norte avanzamos menos extrema es la fría temperatura.
Cuando más tranquilos estamos se oye un enorme chasquido, y cuando nos queremos dar cuenta el mástil nos cae encima abriendo más de una cabeza. Tras comprobar los daños nos percatamos de que el palo se rompió en el Cabo de Hornos, aunque afortunadamente aguantó hasta ahora. Por fortuna el trueque de la caja de ginebra (robada en Port Stanley) por un depósito de gasoil puede salvarnos la vida. Tras casi 2 meses de aburrida navegación, las últimas dos semanas a motor, y cuando ya pensábamos que nos quedábamos sin combustible, atisbamos la costa de nuestro destino: la Isla Robinson Crusoe.

Ficha de la isla: Islas Juan Fernández
Ficha Técnica: Con ustedes la Wiki.
Pertenecen a: Chile
Habitantes: 630 habitantes
Curiosidades: El archipiélago Juan Fernández fue descubierto por el susodicho allá por el siglo XVI. Está formado por el islote de Santa Clara y por dos islas que hasta 1966 se llamaron “Más a Tierra” y Más Afuera”. Al parecer en el siglo XVIII un marino escocés llamado Alexander Selkirk pasó dos años náufrago en la Isla Más a Tierra. Tras ser rescatado y regresar a la pérfida Albión, su historia llegó a oídos de un entonces desconocido Daniel Defoe. Este chico tomó la historia del sr. Selkirk como fuente de inspiración para escribir el celebérrimo e imprecindible “Robinson Crusoe”. Como los nombres de Más Afuera y Más a Tierra resultaban un tanto simples, en una extraordinaria labor de marketing en 1966 se rebautizaron ambas islas como Alejandro Selkirk y Robinson Crusoe. La primera (antes Más Afuera) se encuentra deshabitada, en la segunda se encuentra la única población: San Juan Bautista. En este pueblo viven los 630 habitantes.
Para el que quiera profundizar he aquí una web de las islas.
Por si a alguien le interesa he aquí un libro sobre estas islas. No tengo ni ide a de cómo será, porque lo he encontrado por internet al preparar esta etapa, pero no lo he leído. Pero dejo el link porque no tiene mala pinta.

Tras ser recibidos por unos chiquillos en el puerto nos ponemos en contacto con quien nos pueda reparar el mástil. Nos informan de que las piezas necesarias tardarán un tiempo, así que visitamos la isla Alejandro Selkirk. Esta isla está en teoría deshabitada, pero al llegar encontramos un pequeño poblado con unos pocos habitantes, que nos comentan que vienen de Robinson Crusoe y residen allí temporalmente. Hacemos una excursión, gozamos de las vistas, y pateamos las impresionantes quebradas. Nos llaman la atención las cabras que pasturan por allí. Los lugareños nos comentan que descienden de las cabras que los europeos abandonaban en las islas del Pacífico Sur para que los náufragos encontraran alimento; parece que el tal Selkirk no se las comió todas.
El pequeño poblado con sus 4 casas destartaladas en la Isla Alejandro Selkirk

Patearse estas quebradas de la Isla Alejandro Selkirk requiere su esfuerzo

Para alegría del dueño del bar pasamos dos semanas en Robinson Crusoe. Realizamos excursiones y vemos lugares con nombres tan curiosos como “Salsipuedes”, dejamos sin existencias el bar y departimos con los lugareños, que para algo esta gente de Chile habla un idioma civilizado.

El poblado de San Juan Bautista visto desde las montañas de la Isla Robinson Crusoe

Ciertamente no hay mucho que hacer aquí, ya que el pueblo dispone de pocos servicios y el ambiente parece un poquito cutre. Pero lo cierto es que por primera vez en nuestro viaje llegamos a un lugar en que no nos pasan cosas raras. La gente es amable, las mujeres son más feas que mi culo, así que no nos preocupan ni nos distraen, y los precios son razonables.

Aunque parezca la calle del Barro se llama calle de la Pólvora. No es la Quinta Avenida, pero suena bien.

El paisaje desde el paraje de "Salsipuedes". Nosotros pudimos salir.

Durante dos semanas nos limitamos a descansar, a reponer fuerzas y a disfrutar del lugar. Sin embargo el día 15 todo cambia, y la culpa la tiene el fútbol. Ese maldito día un grupo de muchachos se acerca a nosotros y nos dicen que son la todopoderosa selección de fútbol de Islas Juan Fernández y que nos retan a un partido. Aceptamos y quedamos al fdía siguiente en el patatal que tienen por cancha de juego. Cuando nos descuidamos ya les hemos metido 7 goles, lo cual celebramos con risas y cánticos. Pero el público comienza a mosquearse. Y entonces ocurre lo peor: al mono le da por jugar en plan vacilón. Comienza con un penalti de Panenka, luego hace rabonas, colas de vaca, bicicletas... y encima les mete 5 goles seguidos en plan vacilón. Los lugareños nos quieren matar pero el mono está entusiasmado y no hace caso a nuestras indicaciones de que se calme. El ambiente es hostil pero el marcador indica 16-0. Y justo cuando estamos a punto de batir el récord de la goleada que les metió la selección de Islas de Pascua, el público invade el campo con la intención de matarnos.

Todos seguimos al mono, que es el que más corre, y nos dirigimos a toda velocidad hacia el puerto perseguidos por una horda de salvajes armados de palos y piedras. Nos tiramos en plancha a la cubierta del barco, soltamos amarras, y salimos a toda prisa de la bahía. Afortundamente la horda ultra no tiene a mano ningún bote con el que perseguirnos, así que pronto nos encontramnos a salvo. Es cierto que hemos dejado sin pagar la reparación, pero siempre es mejor ser deudor que ser apalizado.

Y una vez más nos dirigmos a mar abierto practicando el verbo HUIR...


- El viaje completo en este link.

1 comentario:

Little dijo...

Ahora sólo falta saber que hacía por esos mares de Dios el tal Fernández