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martes, 7 de abril de 2009

Etapa 8: Atrapados en la galerna


Rumbo: ni puta idea
Distancia recorrida: mucha

Iniciamos la navegación con un enorme nerviosismo, pues somos conscientes de que por primera vez vamos a estar a varios días de navegación de la tierra más cercana. Dejamos atrás los últimos vestigios de tierra africana y nuestras velas se inflan empujadas por el viento hacia la inmensidad del horizonte. Cuando a nuestras espaldas apenas vemos la costa africana y tenemos por delante toda la inmensidad del océano, entendemos bien el por qué dos culturas tan distintas como la española y la inglesa pusieron el mismo nombre al cabo más occidental de su territorio (Finisterre y Land´s End).
La radio, el gps y demás tecnología nos traen malas noticias: se avecina temporal. Debatimos si volver atrás o no, pero los mapas dicen que el temporal pasará más al norte de nuestro rumbo y !que carajo¡... somos unos valientes. Pronto el mar empieza zarandearnos como no lo había hecho antes. El barco se desliza como si fuera una montaña rusa, se ladea, sube entre borbotones de espuma que invaden la proa, da un golpetazo desagradable y se acelera hacia abajo. Y así una y otra vez. Los valientes piratas del mediterráneo se convierten en muñecos de trapo que no paran de vomitar. Es el Atlántico en toda su extensión...
Nosotros seguimos a lo nuestro forzando el rumbo SO-SO hacia nuestra próxima isla de destino. La mar se va tornando cada vez más irascible, como si le molestara nuestra presencia. Parece que las previsiones erraron y la galerna nos alcanza de lleno. De repente el listillo del grupo (en todo grupo lo hay) nos dice “Olas de altura media y mas alargadas. Del borde superior de las crestas comienzan a desprenderse rociones en forma de torbellinos. La espuma es arrastrada en nubes blancas orientadas en la dirección del viento: es lo que en la escala Beaufort se llama Mar Gruesa. Fuerza 9”. “Gracias listillo” dice sardónicamente el que no está vomitando.
Cuando vemos en las pelis tormentas marítimas nunca nos paramos a pesar cómo se las arreglan para comer. Todo se zarandea, no puedes tenerte en pie y resulta complicado abrir cualquier armario sin que todo su contenido se desparrame por el suelo. Bien es cierto que apenas tenemos hambre, pero cuando llevamos dos días así algo tendremos que comer. La única solución es comer algo frío de lata. Así que la dieta se limita a unas pocas galletas y algún trozo de carne fría enlatada.
Vamos por el cuarto día de tormenta y el cansancio se nos apodera. Es el otro aspecto importante de la galerna que no sale en las pelis. Cuando todo se desplaza de lado a lado con violencia, y estás empapado al límite de la hipotermia… cuando pones al límite tus fuerzas para mantener el barco a flote (y el barco en estas condiciones es tu mundo, tu vida, todo lo que tienes), cuando el agua entra en el interior de la cubierta y te sientes acojonado ¿cómo vas a poder dormir?. Sin embargo cuando pasas 4 días de tensión necesitas dormir. Así que apenas puedes mal descansar unas pocas horas con sus interrupciones para continuar alimentando el cansancio al poco rato. Un calvario.
Al tercer día de tormenta el listillo ya dijo “Fuerza 10: Mar Montañosa. Olas muy gruesas, con grandes crestas empenachadas. La espuma se aglomera en grandes bancos y se arrastra en la dirección del viento en forma espesa. En su conjunto la superficie del mar parece blanca. El gruñido de la mar se vuelve intenso y empiezan a oírse golpes sordos. La visibilidad se reduce”. Uno de los marineros, empapado hasta los huesos mientras intenta mantener el timón gruñe: “¿golpes sordos y visibilidad reducida? Si no me lo dices no me doy ni cuenta”.
Ya van cuatro días de tormenta y la visibilidad es aún más reducida: de día todo blanco y de noche todo negro pero con espuma. El listillo está tan acojonado que no nos dice nada de la Fuerza 11, y cuando lo vemos santiguarse, -aunque él no diga nada-, ya todos sabemos que estamos en “Fuerza 12: Mar confusa. El aire está lleno de espuma de rociones. La mar está completamente blanca debido a los bancos de espuma. La visibilidad es muy reducida.” La mar está confusa y nosotros más confusos aún. Nos vemos zarandeados de lado a lado con violentos golpes de mar, que brama, ruge, nos atemoriza… Nos quedamos sin electricidad en el barco, perdemos la radiobaliza, se funde el gps, se jode la radio, nos llenamos de golpes por los resbalones y la dificultad para movernos, estamos al límite.

Con estas olas no se puede ni cagar


Y entonces entramos en el momento escatológico en que entran todos los marineros… (curiosa palabreja que define los más bajos asuntos terrenales y los más altos celestiales):

Escatología Terrenal: Llevamos desde hace días sufriendo graves problemas para orinar y defecar. No podemos sentarnos en el inodoro del barco porque apenas lo conseguimos, y además los golpes de mar vacían el inodoro en dirección al techo con los consiguientes problemas sanitarios. Miccionar desde la borda es imposible porque el viento te echa tus propios orines en la cara, y además resulta imposible tenerse en pie. Finalmente optamos por la táctica del cubo en cubierta: te atas con una cuerda, te desahogas en un cubo y lanzas su contenido al mar como buenamente puedes… la mitad de lo lanzado cae en cubierta, pero en cuestión de segundos una ola hace un baldeo natural y se lo lleva. Lo de atarse con una cuerda no es para evitar que un golpe de mar te tire por la borda… es para evitar morir cagando, la más deshonrosa de las muertes.
Escatología celestial: Conozco a un marinero que me dijo que en situaciones verdaderamente graves todos, hasta el más ateo y anticlerical, rezan sin parar. Y a nosotros no ha llegado ese momento. Todos nos santiguamos y rezamos. Ni si quiera nos sorprende que el más ateo y anticlerical del grupo se ponga a rezar e implorar a Dios como si fuera la mismísima Santa Teresa de Jesús. Una vez nos hemos puesto místicos todos lloramos del acojono y la desesperación, aunque nadie lo nota porque vamos empapados.
Pasadas las dos fases escatológicas nos damos cuenta de que no somos nada ni nadie, sólo un puntito en la inmensidad del océano. Estamos aislados, perdidos, no sabemos dónde estamos y nuestra vida está al límite. Sólo nos queda rezar… eso sí, sin olvidar que debemos seguir atendiendo el barco, no sea que de tanto rezar nos hundamos. Pasa un día más y la tormenta no cesa. Nuestra situación es realmente desesperada…
(to be continued)

- El viaje completo en este link.

4 comentarios:

Hay que saber escribir dijo...

Tu te crees un novelista y no sabes escribir

Little dijo...

Y yo que pensaba que cuando hay tormenta los marineros usan dodotis...

Pkdor dijo...

Para 3 que leen esto y se me tiene que colar un troll...

V Molins dijo...

Jojo, mira, un crítico literario que también sufre graves problemas para orinar y defecar...