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lunes, 6 de abril de 2009

Etapa 7: hacia Isla Barlovento

Rumbo SO-SO
Distancia a recorrer: 800 millas náuticas (1.481 km.)

Ha llegado la hora de partir. Dejamos con tristeza nuestras habitaciones en el Parador Nacional, despedimos con lágrimas en los ojos unos a las chatis y otros a los cabreros del silbo (aunque sean gomeros, little), y nos disponemos a embarcar. No sin antes ultimar algunos preparativos, reponer el material y las vituallas gastadas y adquirir alguna cosa que nos faltaba.
Dejamos el puerto de Santa Cruz de la Palma y en pocas horas ya sólo divisamos hacia popa los picos más altos de las islas. Aunque el océano Atlántico es más travieso que nuestro querido Mediterráneo la navegación es más tranquila de lo esperado. La superficie del agua es menos plana, dando una sensación parecida a la que se tiene cuando conduces por una zona de colinas con continuos cambios de rasante. Pero subimos y bajamos las colinas de agua con cierta suavidad. Alguno chulea y pregunta si era éste el mar que tanto debíamos temer y algún otro le contesta que mejor no hablar por si acaso.
Sin ningún tipo de problema y tras pocos días de navegación llegamos a la isla de Barlovento (Santo Antao para los nativos y los portugueses), en el archipiélago y país de Cabo Verde. (Aquí un par de enlaces para que perdiendo el tiempo en los blogs al menos aprendamoas algo: uno y dos)
Rodeamos la isla y desembarcamos en su costa Sur, en el pequeño puerto de Porto Novo. La ciudad nos decepciona. Con apenas 5.000 habitantes no hay más que cuatro calles sin asfaltar y unas cuantas casas y barracones. Y por supuesto mucha más pobreza de la que sería deseable en cualquier lugar (rectifico la expresión: lo deseable es que no hubiera pobreza).

Así se ve Porto Novo cuando llegas por mar


Porto Novo es como Mónaco pero sin Ferraris ni Rolls-Royces aparcados por las calles


En cuanto al lugar nos proponemos visitar la isla para conocer la famosa selva seca de Cabo Verde (¿selva seca? quien no se consuela es porque no quiere). Esto de la selva seca consiste en los pocos restos que quedan de la vegetación de la isla anterior a su colonización: unos pocos matojos secos y chuchurríos, de los que encima apenas quedan.

Alguien debería regar la selva seca

Vistos los 4 matojos que había que ver y una vez pateados un par de valles descansamos un par de días más. El espíritu de aventura se impone a las ganas de visitar más islas de Cabo Verde, por lo que nos disponemos ya, por fin, a cruzar el charco.

- El viaje completo en este link.

1 comentario:

Little dijo...

jijiji menos mal que no te has puesto a escuchar la música de musa nacional porque igual hasta añoras los fados :P:P:P:P:P