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viernes, 24 de abril de 2009

Etapa 14: Hacia Trinidad (y soldados brasileros enloquecidos)

Rumbo: S-S
Distancia a recorrer: 1.011 millas náuticas (1.872 km.)

Qué rápido pasan 6 meses... estamos tristes. Acabamos de despedir a las bailarinas de striptease brasileñas y embarcamos lo más dignamente posible al barco viendo cómo nos despiden desde la playa. Ellas parten ese mismo día hacía sus respectivos hogares. Hasta el mono se ha comportado como un hombre en la despedida. Ya se sabe: promesas de amor eterno, intercambio de direcciones y dentro de dos semanas cada uno a lo suyo… casi parecemos italianos despidiéndonos de españolas en Benidorm.

Una de las bailarinas garotas se despide de nosotros desde la playa

El barco va hasta los topes de vituallas y material, ya que a partir de ahora comienza lo duro del viaje. Salimos del puerto algo melancólicos pero centrados en los nuestro. La navegación resulta tranquila. Avanzamos entre el murmullo de las olas, el tintineo de los cables del mástil y el silbido de un viento que nos lleva a buena velocidad. Por la noche el cielo es indescriptible… las estrellas se ven como en ninguna ciudad, la vía láctea parece un río blanco y la Cruz del Sur nos sirve de guía. Aún no lo había comentado, pero el cielo nocturno despejado en alta mar es sencillamente conmovedor. Máxime cuando se muestra tan distinto al que estamos acostumbrados, con constelaciones desconocidas para los habitantes del hemisferio Norte.
Tras 33 días de navegación tomamos vista de la silueta de la isla.
Ficha de la Isla: Trinidad
Ficha técnica:
La wiki ya es un fijo en la sección.
Para el “guguel-erz”: 20° 31′ 30″ S 29° 19′ 30″ O. Si no sois vagos es aconsejable ver la isla en el google earth. Te haces una idea de lo lejos que está de todo y puedes linkear fotitos. Como os conozco y sé de vuestra vaguería intentaré linkear las fotos yo mismo. Allá va un link al panoramio ése en el que vienen diversas fotos de interés de la isla.
Habitantes: Deshabitadas. Sólo 32 soldados de la Armada brasileña (posiblemente preguntándose qué cojones hacen allí)
Pertenece a: Brasil
Curiosidades: En su día estaba cubierta de un espeso bosque tropical, pero la llegada en el siglo XVIII de 300 colonos procedentes de las Azores esquilmó completamente el bosque y ahora no queda ni un puto árbol. Ya se sabe, trajeron sus ovejitas y sus cerditos, y se lanzaron a cortar árboles para plantar patatas. Ésta va a ser la tónica de la mayoría de las islas que visitaremos más adelante. Si eres políglota lo puedes ver AQUÍ.
Curiosidad marciana: En su día la isla estuvo llena de hombrecillos verdes. Al menos eso dicen algunas páginas güebs de ésas que se toman muy en serio el tema. Podéis consultar el tema (con el modo agente Mulder ON, por supuesto) AQUÍ (en el que además se profundiza en la historia de la isla) y AQUÍ.

Llegamos a la isla y fondeamos en el único punto posible: la ensenada de los portugueses. 32 soldados brasileños salen a recibirnos entre grandes gritos y alborozo. En un principio nos acojonamos (recordad Alborán) pero nos invitan a licor de palma y se comportan con hospitalidad y cortesía. Nos cuentan que suelen hacer reemplazos de un mes, pero que en uno de los reemplazos el barco no salió a recogerlos porque se jugaba un Brasil-Argentina en Maracaná y en el último pasaron de ellos porque eran carnavales, así que llevan casi 3 meses abandonados en la isla. Cenamos con ellos pescado y marisco y entonces ocurre lo imprevisible. El bocazas, -en todo grupo lo hay-, se dedica a contar nuestras inenarrables historias orgiásticas con las bailarinas de striptease en Fernando de Noronha. Pronto las risas cambian y 32 soldados brasileños nos miran con los ojos inyectados en sangre por la rabia. El oficial da una orden y nos reducen tras amenazarnos con un fusil. Nos encierran en un barracón bajo candado y en pocos minutos descubrimos sus intenciones: pretenden robarnos el barco e irse a Fernando de Noronha a desahogarse.
Sin duda han enloquecido. En nuestro barco no caben 32 personas y es casi seguro que se hundirán. Pero no podemos criticar la falta de raciocinio de 32 tipos abandonados 3 meses sin féminas ni nada con que entretenerse en una puta y lejana isla desierta.

Como es de noche esperan al amanecer para partir. Estamos desolados porque no tenemos modo de escapar. Les pedimos que al menos nos dejen salir cuando se vayan y uno de ellos nos promete que en el momento que zarpen nos liberarán para que podamos circular por la isla. Total ¿adónde íbamos a ir?. Pero al menos podremos pescar y alimentarnos.

Seguimos encerrados y nos apercibimos de que su locura es tal que acaban con todo el licor de palma que les quedaba y los 32 soldados se quedan borrachos y dormidos sobre el suelo. “Estamos perdidos”, -decimos-, “mañana partirán y nos dejarán aquí colgados y sin poder seguir con nuestro viaje. No hemos llegado ni al Pacífico y todo se acaba”.
Pero a veces un golpe de suerte cambia tu destino. Nuestro golpe de suerte estaba ahí y ni nos habíamos dado cuenta. Cuando ya nos encomendábamos a los marcianos para que nos sacasen de este encierro, el mono, que estaba en cubierta viendo las estrellas (el muy cabrón es aficionado a la astronomía), se da cuenta de que algo raro pasa. Se acerca al barracón, nos mira tras los barrotes de la pequeña ventana y sin que le digamos nada se va. Esperamos nerviosos y al cabo de media hora vuelve con las llaves. Nos libera.
No nos lo pensamos dos veces. Con el mayor silencio posible salimos corriendo hacia el barco y partimos en la noche entre la más absoluta oscuridad, jugándonos el tipo entre las rocas. Al cabo de un rato perdemos de vista Trinidad. Desechamos la idea de acercarnos a Martín Vaz, el pequeño archipiélago próximo a Trinidad. No sabemos si vale la pena visitar cuatro rocas llenas de pajarracos cagones, y además los 32 brasileros podrían acercarse en la zodiac. Mejor nos vamos hacia el profundo y frío sur, en busca de nuevas aventuras.

- El viaje completo en este link.

2 comentarios:

Little dijo...

¿El mimistro de defensa barasileiro también será sexy? El troll por supuesto.

JL dijo...

Vaya con los hombrecillos verdes. Parece como si el narrador se atiborrara a Chartreuse verde mientras confeccionaba el relato.

¿A quién se le ocurre hablar de garotas despampanantes (por cierto, la de la foto, para mojar pan y...leche) ante 32 famélicos sexuales? Pa matarlo, vamos. Ni que fuera español...

Suerte que teníais al mono McGiver, que se comporta como un hombre, en este caso, como un mago (echa unos polvos y desaparece).