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viernes, 27 de marzo de 2009

Etapa 4: hacia Alborán

Rumbo S-SO
Distancia a recorrer: 180 millas náuticas (335 km.)

Vale marineros. Ya hemos tenido bastante. Demasiado descanso, demasiada cerveza, demasiado relax, demasiado arrocito de pescado… si nos acostumbramos al aburrimiento y la buena vida luego no sabremos sufrir. Zarpemos…
Enfilamos rumbo S directos hacia Argelia, pero a mitad camino viramos rumbo O… hacia el estrecho de Gibraltar, ya con ganas de salir de esta mansa bañera que es el Mediterráneo. La navegación es tranquila, viento suficiente pero no demasiado fuerte. Podemos charlar sobre cubierta, disfrutar de las templadas noches de luna llena, beber cervecitas mientras nos divertimos pescando, disfrutar del mar… Pero antes de enfilar el estrecho tenemos una parada obligada: Alborán.
FICHA DE ALBORÁN:
Ficha técnica: aquí
Habitantes: Temporalmente 15 soldados y un suboficial chusquero. Dicen que alguna vez se vio la cabra de la legión. Hace tiempo había una foca monje, pero harta de la televisión se largó para no volver jamás.
Curiosidad: Es la única isla deshabitada del Mediterráneo que tiene campo de fútbol.
Estatus jurídico: ("pa" los listos): aquí
Llegamos a Alborán al amanecer y atracamos en el pequeño puerto que posee, donde sólo hay una zodiac de la Infantería de Marina del glorioso ejército español. Su actitud es muy distinta a la del día que hicieron este reportaje; entonces eran educados y bebían agua mineral, mucha agua mineral. Ahora no. Y ellos son tan gloriosos, que allá que salen a saludarnos los valientes soldados felices y contentos por tener alguna distracción en los 15 días del turno que les ha tocado pasar. Somos para ellos como la Nancy para una niña de papá… y quieren entretenerse a nuestra costa. Así que primero comemos todos juntos en su barracón, y luego nos retan a jugar un alcohólico partido de fútbol en el pedregoso campo de la isla. En el inicio del viaje no tememos los problemas, y además ellos tienen armas y nosotros no, así que aceptamos. A mitad partido sale de su estancia el suboficial chusquero en el estado normal de un suboficial chusquero: borracho como un perro. Se pone a gritar que somos unas mariconas por entretener a sus hombres, y nosotros no decimos nada porque vemos la pistola al cinto; y una pistola y un borracho juntos tienen más peligro que una piraña en un bidet.
Así que los soldados se retiran y nosotros aprovechamos para visitar las cuevas de la isla y su escarpada costa. Algún pirao observa las aves marinas (sólo los piraos observan las aves, de ahí ese sustantivo que parece designar a un loco: ornitólogo). Mientras paseamos recuerdo la anécdota que me contaba un amigo que hizo la mili en Melilla hace ya muchos años. Me decía mi amigo que los soldados que van a Alborán lo hacen sólo quincenalmente, porque el viento y la soledad son tan grandes que la peña se raya y ocurren percances serios. Me contaba también una leyenda muy famosa sobre la isla. No sé si será cierta o no, pero conociendo algunos ilustres de nuestro glorioso ejército (que para algo hice la mili) yo me la creo: decía mi amigo que los que iban destinados a Alborán bebían tanto y tan rápido que las existencias de alcohol se agotaban en unos pocos días. Entonces los soldados se hacían cubatas con colonia. Así que los cubatas de Barón Dandy eran famosos entre los reclutas que tenían la suerte de conocer la exótica África y oían hablar de Alborán (ayyyyyyy, ese sueño que todo hubiéramos querido cumplir… la mili en las plazas africanas).
Ya es noche cerrada y nos dirigimos al barco para cenar y dormir. Los borrachos soldados nos llaman a gritos, pero preferimos no ir al barracón. Preparamos la cena, y poco a poco se van oyendo más y más ruidos raros en el muelle. Botellas rotas, risas, gritos de ¡¡¡venid pajaritos!!! y ¡¡¡¡estoy en línea!!!!... nosotros callamos y nos miramos. Nadie habla, nadie ríe… el que ha hecho la mili sabe qué significa que un soldado diga que está en línea, y el que no se lo imagina...
De repente, alguien dice lo que todos piensan: “si estos tíos beben Baron Dandy cuando no tienen güisqui ¿qué serán capaces de hacer cuando no tienen mujeres?”. Una botella se rompe cerca del barco y algunos soldados se dirigen hacia nosotros… no nos lo pensamos. Nadie dice nada, pero todos actuamos con una sincronización que no habíamos visto antes. En apenas 30 segundos hemos soltado amarras y desplegado velas, y poco después ya estamos fuera del puerto. Los soldados corren hacia el muelle, alguno se tira al agua llamándonos, otro nos enseña la minga. Pero nosotros no estamos para mingas, sólo queremos enfilar el océano, salir al Atlántico, buscar tierras vírgenes y sentirnos libres lejos de la vieja y decrépita Europa…

- El viaje completo en este link.

1 comentario:

Little dijo...

Ese chusquero indignado porque sabía que su tropa le robaba el Varón Dandy....