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lunes, 16 de marzo de 2009

Diario de un convaleciente: Gustav

Un día más tengo que pasar por el vía crucis de la rehabilitación. De nuevo entro en la clínica por recepción, -todo pulcro y luminoso-, y de nuevo me pasan a la cámara de los horrores de la parte trasera (ni si quiera una ventana, oiga).

Me cambio los pantalones con los ojos cerrados para no tener pesadillas de láminas vaginales gigantes y me dirijo al horror. En ese momento sale la froiland y, con esa sensualidad reservada sólo a las antiguas atletas de la RDA, me dice: “Terrrminé turrrno, hoyyy tttoca Gustavvvvv”. Le noto en la cara que se va jodida porque hoy no me va a torturar, y pienso cuánto han cambiado los tiempos, que hasta los verdugos disponen de turnos según convenio.

Entro en las mazmorras y me uno al grupo de lisiados que por allí pululan sin rumbo fijo. Parecemos zombies dando vueltas sin sentido, sólo que no gruñimos y afortunadamente no se ven tripas al aire. De repente aparece un tipo que no cojea, pelo rapado, nuca gigante con dos arrugas tipo “mike-tyson”, fornidos brazos inabarcables… un remedo entre jugador de rugby, portero-matón de discoteca y hooligan inglés. El tipo no da miedo, da pánico.

Todos callamos y dejamos de circular cual zombies. Y todos pensamos que en esa camiseta blanca ajustada que lleva el fulano no debería poner “fisioterapeuta” sino “psicópataterapeuta”. De hecho resulta evidente que si frotases un poco las letras “fisio”, éstas caerían dejando ver el verdadero mensaje “psicópata”, pero cualquiera se acerca a su espalda…

Aunque parezca mentira el tipo suelta una frase: “hola, me llamo Carlos”. Supongo que lo de Gustav era una táctica de terror psicológico de la froiland. El tal Carlos nos da órdenes a todos los lisiados y nos coloca a cada cual en el potro de tortura correspondiente.

El torturador resulta ser un tipo de esos a los que les va la fina ironía al ejercer el sadismo: “primero unas cosquillitas” me dice mientras me coloca los electrodos de la maquinita aplicacorrientes “made in Chile pinochetista”. Se pira y allí me deja… cuando le digo que la corriente está muy alta sólo se oye “baaahhhh”, así que me callo mientras sufro terribles calambres. Siempre me quedará el consuelo de que no me los aplican en el escroto.

Tras torturar a otros pobres desgraciados se me acerca y me dice “ahora me dices si te duele”. Imagínense el momento en que cogen con ambas manos una toalla o una camiseta completamente mojada y la retuercen más y más para escurrirla. Ahora imaginen que en lugar de ser ustedes esto lo hace el torturador del que hablo y que en lugar de una camiseta mojada lo que se estruja es su pierna recientemente operada. Ante esto sólo cabe una respuesta “!!!!cagüentusmuertos, claro que me duele¡¡¡¡. No crean que el tipo afloja, noooooo. El tipo sigue estrujando y me dice “os quejáis de vicio”. Y sigue a su bola como si tal cosa.

Al salir de allí hasta me cuesta hasta cojear. Pero me consuelo pensando que me queda un día menos.

2 comentarios:

Little dijo...

jijijiji lo próximo será ver a un amarillo importado de los jemeres rojos

V Molins dijo...

Jojojo, ¿a quién odias más? ¿A mamá dentista o a papá fisio?

("Grandísimo" el post anterior).