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jueves, 12 de marzo de 2009

Diario de un convaleciente: En los sótanos de la Gestapo

Esta misma mañana he comenzado mi proceso de rehabilitación. (Como cada día entran varios millones de nuevas visitas en este blog advierto al nuevo lector que me rehabilito de la rodilla y no de alcohol y/o sustancias estupefacientes).
He llegado al lugar con mis andares de Dr. House aunque con mejor humor. Allí me ha recibido en un pulcro mostrador una simpática señorita. Todo limpio, luminoso, aséptico. Hasta tienen revistas del cuore de ésas arrugadas en que lees que Isabel Pantoja y Paquirri se casan... lo normal en cualquier visita al médico.
Cuando me toca el turno me hacen pasar a la trastienda. Es cerrar la puerta y dejar atrás el mundo luminoso para adentrarse en los sótanos de la Gestapo. Decenas de aparatos con poleas, diversos modelos de potros de tortura... al avanzar por el pasillo hay diversos habitáculos en forma de celdas donde multitud de infelices gritan y sufren por el dolor que les aplican una serie de psicópatas con bata blanca. Si cierro los ojos me imagino que estoy en los lúgubres sótanos de la Gestapo en la Prinz Albrechtstrasse de Berlín.
Cuando llego a mi triste destino me espera una "froiland" con aspecto de lanzadora de peso de la RDA en las Olimpadas de 1976, -todos mis temores quedan confirmados-. La froiland me aprieta el muslo y me dice con una sonrisa aterradora "se perrrdió el mússculo". Le comento que me he traído un pantalón corto para los ejercicios y frunciendo el ceño me señala el baño y me espeta "no tarrrrdes".
Para empezar me ponen cara a la pared a realizar unos ejercicios sobre una especie de balancín. "Esto no es tan malo", pienso. Hasta que me doy cuenta de que me han colocado justo con la cara delante de una especie de cartel gigante sobre patologías de la columna vertebral: me aprendo diversos males, como la escoliosis y la osteoporosis. Hasta que me doy cuenta de que no es casualidad mi percepción de sótanos de la Gestapo, porque allí hay expuestas diversas enfermedades con nombre de campos de exterminio... enfermedad de Schulteman, de Betchwelwed, etc. (la verdad es que no recuerdo los nombres porque el terror me ha hecho olvidarlos, pero sonaban así). Sin duda se trata d euna fase de terror psicológico con el objeto de desatar en mí la hipocondria.
A continuación la froiland me lleva a un rincón apartado donde a una pobre septuagenaria le realizan no sé qué torturas en la planta del pie, corren una cortina y.... comienza el terror. Allí me tumban en una camilla y me enseñan un aparato de descargas eléctricas que haría las delicias de un sargento chusquero de la DINA chilena. "¿Duele?" me pregunta la froiland mientras aumenta la potencia al tiempo que una breve sonrisa sádica sale de la comisura de sus labios...
Finalmente acaba la tortura. Sé que no estaba con la DINA chilena en los vestuarios de un estadio de fútbol de Santiago porque las descargas eléctricas me las han aplicado en la pierna y no en los güevos. Sé que no estaba en los sótanos de la Gestapo porque me han dejado salir y en la calle lucía un bonito sol mediterráneo impropio de Berlín. Y atmbién sé que mañana me toca más.

4 comentarios:

Little dijo...

jijiji el siguiente paso será saber si la froiland lleva tatuado el logo de la Stasi :P:P:P:P

hoeman dijo...

jojojo, muy grande estas aventuras

Anónimo dijo...

Pero que te creías que todos los centros de rehabilitacion eran como el mio, donde se trata a la gente con ternura y responsabilidad profesional, yo trabajo con personas y asi las trato, para estos, somos carne con ojos a los que tienen que tratar aunque les pese en el alma.

Vicente Almagro

Mileidi dijo...

¿Y ya está? ¿Unas poleas y unos cablecitos? Venga ya!!! Eres un miedica!!!