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miércoles, 11 de marzo de 2009

Amenazas

Eran los inicios de su carrera, y por eso el abogado hizo lo que hace cualquier abogado: apuntarse al Turno de Oficio.
Aquel día le tocaba guardia, por lo que debía estar disponible para ser llamado en cualquier momento si un detenido declaraba en comisaría o ante el juez. Recibió la llamada y acudió presto al Juzgado para atender a un detenido.
El asunto era sencillo: un gitano había amenazado de muerte a otro y debía prestar declaración para aclarar los hechos. Como era habitual el abogado visitó al detenido en el calabozo y le preguntó. El detenido negó categóricamente los hechos, por lo que el abogado le aconsejó que los negara, sería la palabra de uno contra la del otro.
Llamaron al gitano y allí se sentaron todos, el juez, el fiscal, el detenido y el abogado defensor. Se leyeron los derechos y se cumplieron las formalidades de rigor. Cuando el fiscal preguntó el detenido comenzó a hablar ante la relajación del abogado por un asunto tan sencillo. De repente todos los presentes se quedaron perplejos ante las palabras del detenido.
Cuando se firmó el acta de la declaración del imputado se podía leer: "a preguntas del fiscal el imputado niega categoricamente que haya amenazado al sr. X, ni que le haya dicho que le iba a cortar el cuello y los cojones. No obstante el imputado solicita a su Señoría que le proporcione el nombre completo y domicilio del denunciante para ir a visitarle a su casa y proceder así a cortarle el cuello y los cojones por ser un cabrón mal nacido. Su Señoría le hace las oportunas advertencias legales".

1 comentario:

Little dijo...

¿Pero se los cortó al final?