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lunes, 9 de marzo de 2009

2,23.-€

En esa fuente del saber que son los sobrecitos de azúcar leí en cierta ocasión una cita trascendental. Decía algo así como que los principales temores de los españoles son la muerte y la suegra.

Al leer aquella frase pensé que en pocas cosas he estado más en desacuerdo. Y para explicarlo diré mi propia frase que espero ver algún día en los azucarillos y en las webs de citas. Allá va mi frase: "Hay dos cosas que los españoles temen más que la muerte: la grúa y Hacienda".

Pues bien. Durante mi convalecencia no podía conducir, así que he estado a salvo de la grúa. Pero ese monstruo sin corazón ni compasión que es Hacienda (con esas siglas malignas AEAT) aprovechó mi convalecencia para atacarme en forma de carta certificada. Dentro de su estratégico plan del terror Hacienda dejó pasar los días de mi convalecencia y me envió la carta justo el primer día que me incorporé a trabajar. Imagino la cara de psicópata del Inspector-torturador de turno al pensar lo blanco que se queda uno cuando recibe un aviso de Hacienda.

No se crean que tengo nada que ocultar. El problema es que Hacienda es como la Inquisición de Torquemada: si te investigan estás perdido, porque no se conformarán nunca con tu inocencia. Y cuanto más correctas tengas tus declaraciones más investigarán para cazarte, con lo cual tienes aún más que temer.

Vi el aviso de Correos ya por la tarde, así que tenía que esperar al día siguiente. Pasé la noche entre temblores y sudores fríos imaginando inspectores e inspectoras (que ni Hacienda se libra de la estupidez ésa) hurgando en todos mis documentos y facturas, y hasta investigando las veces que voy al baño. En definitiva, descubrí en mis carnes que efectivamente tememos más a Hacienda que a la muerte.

Al día siguiente pedí prestado para pagar las multas, me tatué un enorme "amor de madre" en el pecho por si ingresaba en prisión, y me dirigí a Correos a recoger mi notificación. Nervioso y aturdido intenté abrir el sobre con mis manos temblorosas...

Y entonces ocurrió. Hacienda me notificaba que, dado su retraso en la devolución de 200 cochinos euros, me iban a pagar 2,23 euros en concepto de intereses de demora.

¡¡¡¡¡¡2,23.-€!!!! Tócate los güevos.

5 comentarios:

JL dijo...

Eso para que veas que Hacienda tampoco es tan mala. Para que veas que la normativa equitativa que detrae el mismo tanto por ciento a los ricos que a los pobres (no es lo mismo detraer un 50% a un rico que a un pobre), maquillada con las escalas impositivas progresivas.

¿Ves? No es lo mismo que te paguen por intereses de demora un 1% a tí que a un rico. Un rico en tu situación se estaría pegando una mariscada a costa del contribuyente, y tú solamente te puedes pagar una cerveza con sabor a plátano.

Little dijo...

jijijijiji espero que no hayas ido a correos en taxi al estar cojo porque los 2,23 euros te habrán salido más caros :P:P:P

Rafa dijo...

No somos nadie.

BC

Mileidi dijo...

Hay algo más que también da mucho miedo ¿digo mucho? noooo, muchísimo... Vas conduciendo tranquilamente, oyendo el cd de siempre porque nunca te acuerdas de coger otro de casa y, de repente, se enciende una luz en el salpicadero ¡¡horror!! Ya la hemos liado. Paras un poco más adelante, buscas el manual que está atravesado y encajado en la guantera, entre el chaleco fosforito, varios paquetes de pañuelos y otros dos cd's que no sabías que estaban allí. Buscas el número correspondiente a la luz que ya no parpadea, que ahora está fija y roja, muy roja, y cuando la encuentras te dice "detenga inmediatamente el coche y póngase en contacto con el servicio de asistencia en carretera". Llamas (si no te has quedado sin batería en el móvil), te pones el chaleco (que ahora sí sale fácilmente de la guantera) y a esperar la grúa, pero no la que le da miendo a PKDOR, la otra, la que se lleva tu coche al taller a que un señor de bata blanca (ya no llevan mono azul) le ponga los "electrodos" y te llame para decirte que son 2.000 euros!!!!!

Pkdor dijo...

@ mileidi:

Calle, calle. Que para eso está el seguro. Cuando Hacienda se fija en ti no hay seguro que te salve.