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miércoles, 25 de febrero de 2009

Veréis mundo: Chartres y Monument Valley

Decía mi abuela paterna que no existen ateos sino descreídos. Sinceramente no sé si catalogarme de ateo o descreído, pero en cualquier caso para alguien como yo resulta complicado explicar, y no sé si lo conseguiré, que ha visto a Dios.

Una de mis pasiones ha sido viajar (y digo ha sido porque con esto de la crisis me parece que de momento se ha acabado el tema). En el cultivo de mi pasión he visitado lugares increíbles y tremendamente hermosos. Pero sólo en dos lugares he visto a Dios; sólo en dos lugares he tenido la sensación, aunque sea por unos momentos, de que tiene que haber algo superior, un Ser que haga posible la hermosura de lo que yo estaba viendo. He viajado a lugares posiblemente más grandiosos pero sólo en dos de ellos he tenido la extraña y extraordinaria sensación que he comentado. Y como me apetecía contarlo y ahora tengo tiempo retomo la serie “Veréis mundo” que iniciara mi desaparecido hermano (no me den el pésame: desaparecido del blog, que por ahí anda dando la vara). Y qué mejor forma de reiniciar la serie que con estos dos maravillosos lugares.

Se trata de un lugar natural y un monumento construido por el hombre, ambos separados por más de 10.000 kilómetros. No tienen nada que ver, salvo que en ellos vi a Dios…

La Catedral de Chartres


No pretendo contar lo que se ve en cualquier guía, sino mi experiencia personal. Así que si tienen curiosidad miren AQUÍ.
Visité Chartres en 1994, en el transcurso de un viaje en coche alrededor de Francia. Y cuando vi la fachada me quedé boquiabierto… la catedral se alza imponente en un pequeño promontorio que domina toda la ciudad, y desde su entrada pueden observarse los tejados de la misma.
Resulta difícil expresa con palabras la inmensidad de sus vidrieras, el arte de sus fachadas, contrafuertes, arquivoltas, tejados… es sencillamente una obra de otro mundo. Cuando entras simplemente te sobrecoges y llegas a entender por qué se construyó, el por qué de la cristiandad. En definitiva, cuando llevas un rato mirando hacia arriba pierdes la noción del tiempo y del espacio, olvidas con quién ibas, no aciertas a articular palabra, te sientes insignificante y, por un momento, llegas a ver, a sentir, a entender a Dios. Ésta fue mi experiencia. Y lo más curioso es que la cuenta un descreído.

Monument Valley


Mucha gente no sabe qué es Monument Valley aunque lo haya visto cientos de veces en anuncios y películas. Lo visité en un increíble viaje por los EEUU en plan Thelma y Louise hace ya muchos años. En la wiki lo pueden ver AQUÍ.
Si no recuerdo mal, está justo en la frontera entre Arizona y Utah, en medio de la nada. Pertenece a los indios navajos, es de lo poco que les han dejado, Al llegar, un indio sentado en una silla cutre te cobraba unos dólares que metía en una caja aún más cutre (la imagen era estilo Marruecos profundo). Y entonces te ponías a hacer kilómetros en la inmensidad… porque se visita en coche, salvo que quieras morir de sed.
Te mueves por caminos de tierra mientras ves allí las formaciones rocosas, a uno y otro lado. Cuando lo visité había nubes bajas que formaban un paisaje fantasmal pero hermoso.
Llevábamos en el coche una cinta (sí, entonces no había cd para coche) con el disco “Glassworks” de Philip Glass, música minimalista para locos. Esa música combinó perfectamente con el lugar y en cierto modo nos hizo entrar en una especie de éxtasis. Cuando parabas en un lugar con una vista especial bajabas del coche, y entonces … la brisa, el silencio del lugar sólo roto por la música suave de Philip Glass… creo que sólo puedo encontrar una palabra para definirlo: inmensidad. Por un momento aquello era como el Aleph de Borges, todo el universo concentrado en un punto. Sólo que este punto era todo Monument Valley, un punto inmenso en sí mismo. Tal vez fuera por esa extraña sensación, tal vez me confundiera la inmensidad, pero fue la otra ocasión en que llegué a ver y a entender a Dios.

No he vuelto a ver a Dios. Tal vez vaya al infierno.

3 comentarios:

keogh dijo...

muy bien Pk; ya te envidio por haber estado en Monument Valley, sobre todo porque uno, sin haber visto a Dios (ni falta que me hace: no veo muchas cosas que están, realmente, por ahí) cree firmemente en John Ford como uno de sus enviados

Little dijo...

joer que buen sitio para montar una rave party :P

Mileidi dijo...

Yo una vez vi a Dios... en el mismísimo cielo...
Fue una sesión de sexo divina!!!