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viernes, 20 de febrero de 2009

Diario de un convaleciente: lo cotidiano se convierte en aventura

Se queja Rafa de que no le hablo de las posturas. Pues bueno, ahora lo haré. Y como creo que las posturas a las que se refiere Rafa necesitan de una cosa muy tiesa le voy a dar el gusto. Porque cuando te masacran la rodilla la pierna se te queda completamente tiesa, lo cual tiene sus problemas y te obliga a extrañas posturas.

Te dan el alta y te vas "pa" casa. Y he aquí donde debe realizarse la primera aclaración. Cuando ves a alguien con muletas puede parecer muy sencillo el desplazamiento. Pero el problema no es ése, sino las actividades cotidianas. Por eso hoy les hablaré de cómo las mencionadas actividades cotidianas se convierten en una auténtica aventura.

Ejemplo 1º: Entra en el coche: Qué bonito es abrir la puerta y subir. Pero amigo, cuando llevas muletas abrir la puerta no es tan fácil. Coges las dos muletas con una mano, te tropiezan, se te cae una... pero lo más jodido es entrar. Dejas caer el culo en el asiento y entonces llega el gran problema... ¿cómo meter una pierna que no puedes doblar si te choca con la puerta?. La respuesta no la puedo dar aunque lo consiguiera, porque no sé cómo lo hice. Eso sí, duele de cojones...

Ejemplo 2º: Cagar (con perdón de la expresión): A lo mejor usted, querido lector ha realizado hace cinco minutos tan sencilla labor consistente en sentarse en una taza conocida como water o inodoro para dejar hacer a sus intestinos. Pero en mi estado la cosa no es tan sencilla. Primero se llega con las muletas de los cojones, se cogen las dos con una mano y se vuelven a caer (es ley imperativa que las muletas se caigan). Hasta ahí es más complicado de lo normal, pero factible. Pero... ¿ha probado usted alguna vez a bajarse los pantalones haciendo equilibrio sobre una sola pierna y con una rodillera gigantesca en la otra llena de extraños cierres en los que se quedan enganchados pantalones y calzoncillos? En los intentos unos se tambalea y roza peligrosamente el suelo con la pierna operada (el apoyo está prohibido, oiga).

Bueno... imaginemos que ya ha conseguido bajarse los pantalones. Ahora toca sentarse. Noooooo, la cosa no es tan sencilla. Se trata de dejar caer el culo con el apoyo de una sola pierna. Y entonces uno descubre que el water está realmente bajo, y eso es una putada. Pero más putada es que al sentarse la pierna tiesa tiende a salir hacia delante, pero se queda enganchada por el pantalón a la otra pierna (que como es el punto de apoyo está cerquita del water). A ver si me explico: si uno se baja los pantalones estos se quedan a la altura de los tobillos. En circunstancias normales ni te das cuenta de tan trascendental hecho, pero con una pierna tiesa ésta tiende a desplazar el pie lejos de la otra pierna y el pantalón hace de tope y... ves las estrellas porque tiende a doblarla.

Pero hay más... ¿a que usted nunca se había dado cuenta del armarito que su señora mandó colocar frente al water? Pues siempre ha estado ahí, pero con la postura normal en posición sentada y piernas dobladas ni se notaba. Pero si su pierna está tiesa y extendida en toda su longitud ese armarito se convierte en una fuente de problemas. Te quedas encajado con el culo metido dentro del water y la pierna presionando la puerta del armarito, cosa que duele que no veas. En estas condiciones el esfínter no sabe cómo comportarse.

Vale. Ya has acabado. Pero no. Esto no significa que la cosa se ha acabado. Primero desencaja la pierna, chillando de dolor por supuesto. Luego lavántate sobre tu única pierna de apoyo, cosa que desde una posición baja es harto costosa. Y luego usa el papel higiénico haciendo equilibrios e intentando no caerte. En fin... creo que ha quedado suficientemente claro.


De ducharse ni hablamos, y de picar de la nevera menos... Lo dicho, en estas condiciones lo cotidiano se convierte en una aventura.

5 comentarios:

Little dijo...

jijiji pues ya verás cuando te pique algo y quieras rascarte :P:P:P

JL dijo...

Ya echaba de menos tu comentario de la ducha. Sobre todo los primeros días que no puedes remojarte la parte operada. Pero se nota que no has salido mucho a la calle y probar las desavenencias gravitatorias de una masa informe sostenida con dos simples muletas que hábilmente resbalan sobre el suelo mojado por la humedad o los detritus viscosos de procedencia bucal.

Y hablando de posturas, ya nos dirás cómo se las arregla el convaleciente a la hora de cumplir con las obligaciones conyugales o extra-conyugales de intercambio de fluidos. Con la muleta puede ser comlicado...¿o no?...

Un rincón apartado dijo...

Enorme relato

Por cierto, eso de JR se aparta y se arricona suena a ducha de cárcel americana...

Abrazos

Francesc- Valencia y che dijo...

ja ja ja me recuerdas tanto a mí. No te preocupes, despues de mas de 20 operaciones llegué a la conclusión de que el cerebro es un cabrón. De una vez a la siguiente no te acuerdas de cuanto duele y vuelves a cometer los mismos errores. Si, el dolor se olvida, sabes que algo duele pero nunca sabes como era ese dolor hasta que no lo vuelves a sufrir.

Animo

Anónimo dijo...

Lo que me he reído con este trocito de diario!! Miraré si encuentro algún vídeo que también me ayude. Gracias!