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miércoles, 5 de diciembre de 2007

La inmutabilidad del ser parmenídeo

Allá por los siglos V y IV antes de Cristo existieron unos simpáticos filósofos griegos a los que se les ha dado en llamar presocráticos. Algún autor afirma que ellos no se llamaban a sí mismos presocráticos e incluso algún notable investigador ha llegado a la conclusión de que esto era así porque Sócrates no había nacido cuando nuestros queridos amigos filosofaban por el mundo.
El caso es que en aquellos lejanos tiempos no existían ni la televisión basura ni la Logse ni la manipulación política e informativa, así que a la gente le daba por pensar… y en eso que en Elea, una ciudad de la Magna Grecia (-actual Sicilia por si nos visita algún seguidor de Gran Hermano… el que tenga tiempo que le explique qué es Sicilia-), tuvo a bien el sr. Parménides ejercer el onanista e intelectual ejercicio de la paja mental.

Parménides es el creador de la escuela eleata y no debió inmutarse cuando dijo aquello de “el ser es y el no ser no es”. Tras esta sesuda frase se esconde toda una cosmovisión del universo que algunos, cuando quieren ligar, le sueltan a las chicas: la inmutabilidad del ser parmenídeo. No contento con hablarnos de estas cosas el amigo Parménides lo escribió en forma de poema, (-tócate los güevos-), una especie de proemio filosófico a medio camino entre la literatura mística y la esencia de la razón entre nebulosas misteriosas. Al menos esta parida la dicen los que lo han leído (aunque yo no conozco a nadie que haya hecho semejante cosa). En esencia el colega viene a decir que “ser y pensar son la misma cosa”, la sensibilidad no cuenta, sólo cuenta la razón, todo es uno y lo mismo. Cualquier cosa en la que podamos pensar siempre será la misma, nunca morirá ni nunca cambiará aunque cambie su apariencia. El ser es indivisible, pues en algún momento éste dejaría de ser para no ser, y esto no le gustaba al colega, porque evidentemente el ser no puede ser no ser (a ver quién es el majo que lo entiende con tanta cacofonía). El ser no puede ser y no ser al mismo tiempo, por lo que el ser es continuo. El ser es inmutable por la misma razón antes expuesta (no vayamos a repetir de nuevo eso de ser es pero ser puede ser no ser…). Por esta razón el ser es inmóvil. O sea, que el ser es perfecto y que si no hay cambio no hay movimiento. Los sentidos no son más que un elemento del propio ser, porque todo es ser y además el ser es inmutable: de ahí la célebre frase que todo hombre que se precie le suele decir a las chicas para ligar: la inmutabilidad del ser parmenídeo.

A toda persona que dice algo convencido y encima piensa le sale un tocapelotas. A Parménides le tocaba las pelotas Heráclito, un tipo de Éfeso (en la actual Turquía) que pensaba y que dedicó su vida a contradecir al pobre Parménides. El colega venía a decir que todo es movimiento, que todo fluye, que de inmutabilidad nada de nada. Crea una nueva cosmovisión (me gusta este palabro) que se resume en una frase: “no te puedes bañar dos veces en el mismo río”. No sé si se llegó a bañar, pero el colega se quedó a gusto. Pero hoy es el día de Parménides, así que sigamos con la inmutabilidad…

Si a quien piensa algo siempre le sale un tocapelotas, al tocapelotas siempre le sale otro tocapelotas amigo del primero. En esta historia el tocapelotas del tocapelotas era, cómo no, nacido en Elea, y como tal eleata, y como tal de la escuela eleata… hablamos de Zenón de Elea. Se dice que era hijo de Teletáurogas, lo que le debió causar un profundo trauma, porque el amigo negaba la pluralidad y el movimiento (el célebre ejemplo de la flecha y la tortuga, en el que la flecha nunca alcanza al animalito; mejor para él…). Hay quien dice que el precursor del cálculo infinitesimal no fue Texas Instruments sino Zenón de Elea. Vivir para ver.
En fin. Me da la impresión de que el que lea esto devendrá en un estado de inmutabilidad de difícil descripción... Mare meua, por qué hablaré la inmutabilidad del ser parmenídeo ¿será que quiero ligar?

3 comentarios:

keogh dijo...

Dice muy poco en favor de tu estrategia para ligar el que saques a colación la inmutabilidad (a cierta edad, y te lo digo por experiencia... en estos momentos nula), y que traigas al bueno de Parménides que, por lo visto, le daba a la carne y al pescao con igual fruición...

Anónimo dijo...

¡Muy divertido tu escrito! Y más cuando tratas de hacer un enorme trabajo sobre el poema de nuestro tan amado Parménides.
Muy bien explicado.

Y para el de arriba: para los griegos clásicos el amor homosexual entre maestro-alumno o entre dos hombres era de los más normal, de hecho se consideraba como el amor más puro y bello. Así que no es de extrañar que Parménides "le diera" a todo.

Anónimo dijo...

Tremendamente irritado por esta excelsa y sesuda disertación le comento a usted, joven ( dicho con ánimo de ofender), que se equivoca usted en varias cosas.
1. Heráclito era un tipo muy salvaje, le llamaban "el oscuro", porque se aisló de la gente y se largó a las montañas, donde comía hierbajos, como los conejos y se pasó toda la vida al sol, incrementando su melanina.( Y su mala ostia, añado yo. Una dieta no carnívora y baja en colesterol no puede ser nunca buena).
Y estaba "oscuro", mas bien negro, porque teníaa un exceso de bilis...negra. Aqui entramos en un interesante conceto", coo diría el e x Minsitro Pepiño Blanco ( absuelto, por cierto: otra razón para seguir pagando is impuestos como un jilipollas). Decía Hipoxcrates....bueno, ya me he perdido.
2. Ah, si. Se llama "Escuela Eleática", ala creada por Parménides, donde Zenónd e Elea ( lógicamente, eran del mismo pueblo) y Zenón de ziti ( del mismo sitio, claro), son sus más claros exponente.
Pero se dice 2 Escuela Eleática" , no lo que usted dice...
En Cabezo de Torres, provincia de Murcia, tienen la misma visión cosmogónica que Parménides: básicamente dicen: " lo que é, é; y lo que no é, no é" ( dicho sea con acento murciano y marcando la "é"-
"éta claro".
Pues a tomar pòr culo todos.
Firmado. Jenofonte Heckler Piolet